¡Sin sorpresas! La derecha trabajando en favor de una nueva invasión

A los grupos conservadores se les olvida fácilmente el concepto de soberanía. La defensa de sus intereses particulares es superior a su sentido patriótico.

Las escusas utilizadas en el pasado, para solicitar ayuda extranjera para la solución de problemas domésticos, son muchas.
Después de la consumación de la independencia, la pretensión conservadora, era la de que el rey de España, enviara para gobernar al naciente México, a un representante de la casa de los Borbones. Las ideas democráticas que llegaban de Francia y eran adoptadas por buena parte de las naciones independientes, no les entusiasmaban demasiado.

La Nueva España había sido gobernada durante tres siglos por la casa de los Borbones, a través de virreyes. No era cosa de ponerse a experimentar con presidentes y gobiernos republicanos.

España se niega a reconocer nuestra independencia y entonces se nombra a Agustín de Iturbide como emperador. Un reinado efímero que no dejó beneficio alguno al país. Se inicia ahí el largo conflicto entre los nacientes liberales y el grupo conservador.

La historia del segundo imperio es ampliamente conocida. Derrotados los conservadores en la Guerra de Reforma, sin fuerza ni posibilidades para recuperar el poder por ellos mismos, ofrecen la corona del país a un representante de la casa de los Habsburgo. Con el apoyo del ejército francés, llega el archiduque Maximiliano, a gobernar a un México que se niega a dejar de ser republicano. La experiencia dura poco y al final, el infausto emperador termina fusilado en el Cerro de las Campanas. Una guerra sangrienta puso fin al segundo imperio.
Durante el periodo revolucionario, al llegar Francisco I. Madero a la presidencia, los porfiristas, con mucho poder aún, piden el auxilio del gobierno norteamericano, para deshacerse de un presidente que podía atentar contra los privilegios de la clase conservadora y los interese económicos norteamericanos. El embajador en el país, Henry Lane Wilson, participa activamente en la caída del gobierno y posterior asesinato de Madero. Los conservadores golpistas, sientan en la silla presidencial, al dictador Victoriano Huerta. Habrá mucha sangre derramada a raíz de este acontecimiento.

El pedir ayuda extranjera ha sido una constante histórica para los conservadores. Cuando la desventaja es grande ante sus oponentes, sienten una inclinación natural por un recurso que atenta contra la soberanía nacional. La intervención de países extranjeros.
Su idea en estos casos, es la de que el orden que ellos conocen y defienden, el orden con visión conservadora, será restablecido nuevamente. Las políticas contrarias al gusto de la derecha, serán combatidas por las fuerzas de intervención y la derecha mexicana recuperará en forma rápida, los privilegios de que fueron privados durante etapas democráticas que salieron de su control.
En este momento, cuando el proyecto de Cuarta Transformación avanza en todos los escenarios, pero donde aún es evidente la existencia de un cuadro de violencia que afecta a varias ciudades en el país, el grupo de los conservadores se manifiesta a favor de aceptar un apoyo militar del gobierno de los Estados Unidos, para combatir con el uso de la fuerza, a los grupos de la delincuencia organizada que operan en México.

Piensan que esa vía es la adecuada para terminar con el problema más grave que afronta el país. La violencia terminará, si las fuerzas militares norteamericanas ingresan a nuestro territorio y realizan un operativo bélico, que dé muerte a quienes integran las bandas delictivas dentro de nuestro territorio.

La soberanía es un aspecto irrelevante para ellos. Lo realmente importante, es mostrar la debilidad del aparato de seguridad mexicano y por consecuencia la debilidad del gobierno de López Obrador.
Por añadidura, al evidenciar a un gobierno débil, sus posibilidades de triunfo en las siguientes elecciones, aumentan exponencialmente.
Lo que menos les interesa es el baño de sangre que una incursión de militares norteamericanos, ocasionaría al país.
Daños colaterales, les llaman.

Un paso antes de la intervención de soldados norteamericanos, están quienes piden mano dura contra los criminales, al gobierno de López Obrador.
El baño de sangre sería el mismo, solo que solicitan que lo realicen las tropas y policías nacionales.
Los conservadores están siempre dispuestos a pagar el alto precio de la vida humana, cuando sus intereses se encuentran en peligro. Claro que las vidas humanas que se pierden en estas guerras internas e intervenciones extranjeras, generalmente son las de otros. Las del pueblo.
Afortunadamente, el gobierno de la Cuarta Transformación, por voz del presidente López Obrador, ha manifestado con toda claridad, que la estrategia de seguridad que contempla el Plan Nacional de Desarrolló, seguirá operando en la forma en que fue diseñada originalmente.
No habrá el giro hacia la violencia de Estado que solicita la derecha mexicana.
Tampoco será aceptada la ayuda militar que ofrece el gobierno de los Estados Unidos.
Por razones de soberanía, un gobierno realmente democrático, no puede aceptar apoyo militar de otra nación.
La crisis de inseguridad en nuestro país, existe. El gobierno de México reconoce la situación y no oculta que es el compromiso más complejo que enfrenta la Cuarta Transformación.
Pero no será derramando más sangre, como se logrará recuperar la paz en nuestro país.
A diario, el presidente habla de atacar las causas de los problemas. En el caso de la seguridad, se ha creado una Guardia Nacional, que suple el trabajo que debieron realizar originalmente, las policías municipales, estatales y federales.
Hay presencia de la Guardia en todos los Estados del país.
Los programas sociales que alejan a los ciudadanos de las acciones delictivas, ya están en marcha, e irán dando frutos en el mediano y largo plazo.

La corrupción se combate en todos los frentes, con la intención de fijar nuevamente la línea entre autoridad y delincuencia.
Se está trabajando en el Modelo Único de Policía, para homologar la estructura de seguridad en todo el país.
Ahí están todas las acciones emprendidas. Los resultados llegarán, pero no de un día a otro.
Los conservadores piden soluciones mágicas. Soluciones que fueron incapaces de conseguir, mientras fueron gobierno. Soluciones que involucren un derramamiento de sangre, que evidentemente no será la suya.

La letalidad no les sirvió en el pasado para controlar la violencia en el país y pretenden recetarla o heredarla al gobierno de la Cuarta Transformación, como único tratamiento posible para conseguir la paz.
La historia no parece haber dejado enseñanza alguna a la clase conservadora. Siguen creyendo en la eficacia de los métodos violentos, para la solución de cualquier problema político o social.

Han iniciado guerras y conflictos internacionales por esa propensión a la violencia.
Han dejado un país ensangrentado, después de haber mal gobernado.
Por eso, resulta indispensable que la sociedad entienda la estrategia de paz y seguridad que implementa el gobierno de la Cuarta Transformación.
Con educación, trabajo, apoyo social y atención a las causas que originan el grave problema de las adicciones, avanzamos en la línea correcta. Tengamos paciencia.
Los resultados no van a llegar mañana. No hay soluciones mágicas.
Pero paulatinamente, veremos cómo decrece la inseguridad y se recupera la paz en todo el territorio nacional.
Ese es el compromiso del actual gobierno.

Malthus Gamba