La Batalla de Culiacán

Pongamos las cosas en perspectiva, porque ya me enfadaron las gónadas los opinócratas.
Ustedes posiblemente no lo sepan, pero de 1962 hacia atrás, las cifras de homicidios en México eran horrendas. Eran increíbles. Llegaron a ser del doble de las de hoy por cada cien mil habitantes. ¿Qué es eso de “por cada cien mil habitantes”? Sé que lo saben, pero lo aclaro: si un país tiene mil asesinatos y 5 millones de habitantes, es mucho más violento que uno que tenga diez mil asesinatos y cien millones de habitantes, pues el primero tendría 20 asesinados de cada 100,000 habitantes y el segundo 10 asesinados por cada cien mil habitantes ¿Quedó claro? A eso llamamos tasa de homicidios al medirla por año.
Sin embargo, sus abuelos y bisabuelos no recordarán, si les preguntan, que eso fuera tema de discusiones. Incluso se sorprenderán de esas cifras ¿Por qué ahora estamos obsesionados con ello? Bueno, hay al menos tres razones fundamentales. La primera es que de 1962 a 2008, la cifra fue muy estable. No tan baja como uno quisiera, pero baja: alrededor de 10 asesinatos x c/100,000h (por cada cien mil habitantes)
Entonces cayó la maldición del espuriato y en 2008 la cifra brinca de 9.85 a 12.83
2009 a 17.88
2010 a 22.93 (¡Ya duplicándose!)
2011 a 23.88
Y, durante el despeñadero de 2012 a 2018 llega a 28.7 (¡Triplicándose en diez años!) esta última cifra hay que tomarla con pincitas, porque Peña, muy a lo PRI dejó de dar cifras y aparentemente las maquilló. Puede que haya sido peor.
La segunda razón, porque los mismos que alababan esta barbarie, ahora vociferan como si acabara de ocurrir a partir del 1° de Diciembre. Diarios que publicaban poco y en páginas interiores, lo pasaron a su primera plana.
La tercera razón es que es parte del Golpe Blando que aspira a ser Golpe Duro. Hay negocios muy turbios relacionados a la venta de armas, lavado de dinero, producción y tráfico de drogas, contubernios entre políticos y ciertos empresarios. Dicho de otra forma; terminar el baño de sangre, con la sangre puesta por el pueblo, es atentar contra el negocio (negocio de élites, en las empresas, en la política, en la sociedad y en el ejército y otros cuerpos de seguridad)
Pero se acerca la medición anual, vemos a los opinócratas rasgándose las vestiduras con el cuento de que ha fallado la estrategia de seguridad nacional. Claro, lo que ven es que el negocito muestra signos de resquebrajamiento por todos lados.
En este momento la cifra de asesinatos por cada cien mil habitantes es de 18.8
Bastaría con decir esto, a un mes de que se complete el primer año, pero diremos más, la percepción de que tu ciudad es insegura, bajó de 76% a 71% nacional, con algunos casos notables como…SINALOA, donde bajó de 72.6% a 64.6%
O sea, a un año de gobierno, si bien la matazón susbsiste, la cifra de homicidios bajó y la sensación de seguridad en la gente mejoró. Esto es un desastre para el prianismo, fachos y anexas.
Las opiniones de moda son:
1- “¡Falló la estrategia de seguridad!” Falso, ni siquiera la entienden. Creen o, más bien, quieren hacer creer, que es una estrategia militar. Bueno, pues bienvenidos al cumplimiento de las propuestas de campaña: No, no es una solución militar ni de estrategias militares, aunque contenga algo de ello, sobre todo por lo heredado.
2- “¡El ejército está dividido y desilusionado!” Falso, igual que el resto de la sociedad, YA ESTABA DIVIDIDO, entre una élite rapaz, corrupta y que ve sus privilegios disminuir y ser amenazados y una mayoría de todos los niveles, harta de poner la sangre y ver la corrupción, la pobreza y la inseguridad.
3- “¡Culiacán dejó en ridículo al gobierno!” Falso, fue una batalla ganada sin violencia. Triunfó una manera de ver y hacer las cosas, triunfó rotundamente una estrategia de seguridad que mejora sin masacres, sin comprar armas, sin pedir préstamos, sin corromper, sin robar, sin traicionar.
La batalla de Culiacán fue la más clara muestra del poder de una cuarta transformación aun en ciernes, apenas iniciando, pero con una propuesta que ya comienza a resquebrajar a las estructuras neoliberales, en México y en el extranjero.
Paciencia y fuerza, nietecitos. Los quiero.

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