Justicia, una dolorosa asignatura pendiente

Por Miguel Angel Lizama
@Migueliz8

JUSTICIA ha sido el clamor desatendido del pueblo mexicano desde la época de la Conquista, apenas con breves asomos de equidad, frustrados por los intereses predominantes, lo mismo económicos que políticos. JUSTICIA que sólo encuentra oídos sordos en jueces que se dicen imparciales e independientes.

Siguen clamando inútilmente los llantos y gritos de madres de las muchachas MUERTAS DE JUÁREZ y de los JÓVENES DESAPARECIDOS por todas partes de México.

JUSTICIA claman los Mayos de Sonora, las tribus mayas de Chiapas que desde hace años padecen los ataques de paramilitares organizados por caciques del PRI, para adueñarse de tierras para sus hatos ganaderos. Matan, roban, violan, saquean, alentados y encubiertos por quienes supuestamente deben protegerlos.

JUSTICIA siguen esperando los padres de los bebés de la GUARDERÍA ABC DE HERMOSILLO, que entregaron sus tesoros mientras acudían a trabajar, confiados en que estaban seguros y bien atendidos, sin saber que los ponían en un galerón barato sin medidas de seguridad, levantado junto a una gasolinera, y que ellos sólo servían para justificar el buen dinero que entregaba el Seguro Social a una pariente cercana de Margarita Zavala, esposa de Felipe Calderón.

Esta exigencia ignorada de JUSTICIA es la verdadera causante del fervor con que se le pide a la Virgencita de Guadalupe lo que los humanos son incapaces de dar, por muchos ropajes de imparcialidad y justicia que se vistan, y por muchos presupuestos que se desvían a los bolsillos de grandes personajes políticos y a sus intereses particulares.

Antes que JUSTICIA, puede más la indolencia y el menosprecio al dolor ajeno que muestran los gobiernos de los estados, más ocupados en “buscar inversiones” como pretexto para el turismo político, dejando el deterioro de la seguridad pública y la justicia como responsabilidad exclusiva del Gobierno Federal, al que hoy resulta más fácil culpar de crímenes, secuestros y todos los delitos del orden común que sus “Fiscales Generales” autónomos “federalizan” e ignoran olímpicamente.

Al llegar a México, los españoles se adueñaron (en nombre de sus majestades de España) de todo lo que pisaban y ESTABLECIERON SERVIDUMBRES EN HOMBRES, BESTIAS Y DOMINIOS de sus nuevas posesiones.

Sobre esto se ha basado la vida en el México de antes y de hoy, pero esperanzadamente ya no en el de mañana.

El clamor de JUSTICIA siempre se ha dirigido hacia quienes tienen y ejercen el poder que, en un principio, se personificaba en un solo individuo (rey, emperador, virrey, etc.), pero que con el correr del tiempo, y para diluir responsabilidades, dio origen a entes y organismos encargados de atender esas exigencias.

Así nacieron los aparatos judiciales: EL HUEVO DE LA SERPIENTE.

En las brumas del pasado se pierde la progenitura de los cuerpos judiciales con sus juzgados y cortes de justicia. Existen los aparatos judiciales, PERO NO LA JUSTICIA. Como con el huevo de la serpiente, pocos perciben su letalidad hasta que el huevo eclosiona y el producto empieza a depredar y ser nocivo (LO QUE HOY VIVIMOS EN MÉXICO).

Si en los juicios del Rey Salomón había justedad y equidad de inspiración divina, en la Roma antigua nació el “IUS”, el DERECHO, considerado como “EL ARTE DE LO BUENO Y EQUITATIVO” (ars boni et aequi). Pero en México todo eso se ha trastocado por la influencia de los poderosos por dinero o por política.

Baste recordar el ignominioso Valle Nacional (en Oaxaca) adonde llegaban delincuentes comunes junto con presos políticos “sentenciados” por el Poder Judicial del porfiriato, que no era bueno ni justo, pues más bien castigaba a quien fuera opositor a Don Porfirio, para dar mano de obra barata a sus socios encomenderos. Los condenados vivían y morían como esclavos, vejados y maltratados, trabajando gratis para los hacendados tabacaleros. Era la “paz porfiriana”.

Con la Revolución se pretendió acabar con todo eso, al menos en teoría. Porque en la realidad, se dejó intocado “el huevo de la serpiente” con el diseño del triunvirismo constitucional que perdura hasta nuestros días: Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

Quienes hacen leyes sólo han procurado agradar al Ejecutivo y su corte de influyentes de la política o la empresa, sin atender a quienes teóricamente los eligen. Pero Ejecutivo y Legislativo tienen vida efímera, temporal. No así el aparato judicial, el peor huevo de serpiente, que se supone “garante de la Constitución”, la cual, a su vez, protege los derechos ciudadanos y pugna por la Justicia para todos.

Tan falaz es este enunciado en México que, si hubiera JUSTICIA y apego a la CONSTITUCIÓN, no habría tanto descontento ni manifestaciones ante las oficinas gubernamentales, ni desesperación y llanto de madres buscando a sus hijas e hijos, con la volátil esperanza de que se los regresen a su lado para volver a sus hogares.

El Poder Judicial en México se revela como lo peor del triunvirato. No sólo porque escamotea la JUSTICIA que debe impartir, sino porque se encierra en un castillo de inapelable infalibilidad, lejos de protestas y reclamos que no escucha ni ve. Al cabo que a ellos no les hacen plantones ni manifestaciones.

El Poder Judicial es la más temible manifestación de UNA CASTA que distorsiona la noble esencia del Derecho, del “arte de lo bueno y equitativo” (ars boni et aequi), con nuevas generaciones de abogados que sólo esperan sus títulos profesionales como si fueran patentes de corso para lucrar litigando, o ascensos en el aparato judicial, muchas veces medrando con el dolor de la gente que espera un poco de justicia. Sólo hay que ver en salas o pasillos de procuradurías (hoy fiscalías autónomas) o juzgados penales a mujeres (madres, esposas o hijas) dispuestas a todo con tal de obtener un auxilio legal eficaz que no pueden costear para sus detenidos (las Defensorías de Oficio son entes ineficientes que sólo actúan si hay dinero de por medio; están sólo para cubrir un expediente legaloide).

CARICATURA-JUSTICIA Fuente: Google

Pocos son los licenciados, maestros o doctores en Derecho (por fortuna los hay) que ponen su tiempo, conocimientos y esfuerzos para atender los reclamos de JUSTICIA y procurar la recta impartición de la misma a mexicanos vejados y desconcertados, que no tienen para pagar los costosos amparos o abogados, como tienen los verdaderos delincuentes con excelentes relaciones, por sus grandes caudales logrados mediante corruptelas de diversa índole.

Pero estos pocos generosos se topan, por lo general, con paredes adustas y bien bruñidas que no entienden ni les interesa escuchar clamor alguno… menos si se trata de JUSTICIA. Para eso está la Virgen de Guadalupe o San Judas Tadeo.