Las cartas sobre la mesa

@cevalloslaura

Desde siempre, los piratas han sido personajes a quienes poco o nada les ha importado el bienestar de otros, pues su máxima finalidad es obtener todas las riquezas que puedan atesorar sin importar de qué manera las consiguen.

Ya sea por historias, o por películas, los piratas siempre demostraron ser desalmados que bien podían saquear un barco o un pueblo y despojar a quienes se encontraran, de todo; incluso, de la propia vida, para salir felices y gustosos a presumir el producto de su saqueo, haciendo gala, además, del lujo de violencia con que lo conseguían.

En estos tiempos, tenemos esa clase de sujetos: pillos “intelectuales” que, con tal de obtener la victoria en una lucha dispareja, se han atrevido a mentir sistemáticamente y a torcer la realidad a manera de que ellos no sólo no sean los malos de la historia, porque pagan a los medios de difusión para que su bonhomía se mida por la cantidad de anuncios y entrevistas que les publiquen y que, por lógica, luzcan como buenas personas.

Los piratas también evolucionaban: se convertían en corsarios que, con una patente de curso, podían saquear cuanto fuera su antojo, pero entonces lo hacían con el auspicio de un rey o un encomendero al que le repartían una buena parte de sus ganancias. En nuestro caso, los intelectuales piratas ni siquiera pueden hacerse pasar por corsarios: son viles hampones que derrochan sus bajezas sin que les produzca algo de pudor, mentir tan descaradamente, aunque sí que se reparten las ganancias…

En esta marcha de “defensa del INE”, en la que muy probablemente asistieron alrededor de 50,000 personas en diferentes ciudades de todo el país, supuestamente fue nutrida por personas fifís, o sea, gente con una posición económica más privilegiada y por ende, uno creería que con mayores posibilidades intelectuales o informativas que la gente no-fifí, pero de ninguna manera, vimos algo espectacular. No nos tocó ver a personas de grandes alcances de erudición, sino a los políticos dizque apartidistas, a intelectuales dizque pensantes; a personas dizque millonarias que estrenaron sus pies por primera vez y todos, saboreando el placer de ir a quejarse de una “dictadura”, sin conocer los alcances que un régimen totalitario, como el que denuncian, tiene en realidad.

Fueron a arengar que se les quería quitar el INE y ése, es el quid de la situación.

Estos intelectuales piratas, engañaron a miles de mexicanos, pues dejaron crecer la falsa idea de que el gobierno les quería quitar su INE, y para la gente humilde y sin acceso a otros medios informativos, más que la tele y el radio, sin mayores referentes, el INE no es la oficina donde se tramita la credencial para votar, no es el “consejo de notables” que conforman este instituto; es más, ni siquiera saben cuáles son las tareas que realizan el instituto y su consejo general, ni los OPLEs de los estados. Para la gran mayoría de quienes fueron a marchar, el INE es única y exclusivamente la credencial para votar, y al llamado de esos mendaces, eliminar el INE es despojarlos de la credencial para votar, que es el medio de identificación por excelencia y con el cual la gente debe realizar todos los trámites relativos a la acreditación de su personalidad, incluyendo el cobro de pensiones de adulto mayor, (solo quiero apuntar que muchos de los que marcharon, cobran, porque les falta ideología pero le sobra cinismo) y por ello perder esa credencial representa un agravio imperdonable para este dictador, que ahora les quiere quitar hasta la pensión, una pensión que obtuvieron, en primer lugar, gracias a que hoy tenemos un Presidente que se preocupa por todos. Y es que esta pensión universal le llega cualquier adulto mayor de 65 años sin que importe si tienen pensiones de jubilación de su trabajo o viudez, o si viven en la alcaldía Cuauhtémoc o en Salamanca o en Tlajomulco de Zúñiga o en cualquier punto de la República, porque en México, las pensiones hoy son universales, al ser un derecho consagrado en el artículo cuarto constitucional.

Pero a los intelectuales piratas no les interesó aclararle a sus acompañantes que esto no era así. Para ellos, en el río revuelto, la ganancia es de los pescadores y ellos fueron a pescar: fueron a arrebatarle a la gente la capacidad de escuchar y entender de qué va en realidad esta reforma electoral que se propone.

Gritaban consignas para expresar un enojo que, puede ser legítimo siempre y cuando la gente que lo hacía hubiera tenido un acercamiento a lo que dice la reforma constitucional en materia electoral; pero en la más profunda deshonestidad, inclusive los consejeros del ine se han atrevido a mentir y a no explicar esos cambios, como Ciro Murayama, que afirmaba de manera dolosa, que la reforma electoral entre otros males propone que no sea ya el INE el que se dedique a la confección de los padrones electorales, causando en los que poco entienden porque leen nada, un temor y un descontento que puede ser legítimo, pero no es real.

Para que las tareas del INE se entiendan, ciertamente hay que leer los artículos 35 y 41 de la constitución que señalan sus facultades generales, así como las leyes y reglamentos en materia electoral, que determinan con mayor detalle todas y cada una de las labores de los funcionarios y de las comisiones que se integran dentro del INE y de los OPLEs; pero esta tarea implica compromiso: el compromiso de no seguir como una borregada a quienes te dicen cómo debes pensar, sino a pensar por ti mismo y a entender que has equivocado tu juicio al seguir la corriente de quienes han tachado al Presidente de dictador y a sus reformas de regresivas, porque regresar es sinónimo de conservar.

Y hasta son ridículos, porque regresar, como ellos acusan les provee de aún mayores privilegios que los que supuestamente irían a perder. Curiosamente, dicen que la reforma le va a dar al poder ejecutivo del poder político de este país mayores facultades para nombrar y remover a los funcionarios del instituto electoral, y ello es totalmente falso. En esta reforma lo que se propone es que los 3 poderes de la unión nombren ternas de candidatos que serán puestas a consideración de los ciudadanos, para que seamos nosotros quienes en última instancia votemos a quiénes serán los funcionarios encargados de dar validez a las votaciones que es el fin para el que está creado un instituto electoral como el mexicano.

Así, con esta certidumbre, los fraudes serían virtualmente imposibles, porque hasta ahora han operado a favor de quienes los han puesto siempre en los puestos de poder que ocupan. Sabemos que Lorenzo Córdova debe sus bonanzas económicas al PRI y al PAN, y por ello, su resistencia a revisar con justicia las actuaciones anómalas que tienen sus candidatos durante las campañas electorales; en cambio, si la ciudadanía es quien decide poner a “Juan Pueblo” en un puesto de esta envergadura, “Juan Pueblo” tendrá la obligación de responderle a esa ciudadanía con la legalidad y la prestancia necesarias para evitar que haya ventaja de un grupo político sobre otro. Así de sencillo se explica la reforma electoral.

Pero hay más detalles, como la mejor distribución y revisión de cada peso que recibe el instituto electoral porque hoy, hay uno nacional y 32 institutos locales, mas 332 oficinas distritales, mas Tribunales Electorales locales, mas cinco Salas Regionales y una Sala Superior y el Tribunal Electoral Federal (que trabajan todos, sólo ocho meses de cada tres años), lo que también significará orden y transparencia, además que la autonomía de gestión de la que hoy gozan, tendrá una acotación necesarísima por tratarse de dinero público, que se recauda por medio del cobro de impuestos.

Así es que sí, la x marca el lugar: la x de Claudio Tache, que es el corsario mayor, ya sin máscaras, que comanda a esta banda de intelectuales piratas, que lejos de abonar a la conciencia política de la gente, la amedrenta con miedos sobre temas que están lejos de la realidad y que, desde luego, se disiparían con una lectura honesta de la propuesta de ley y sus opiniones honestas acerca de por qué ellos no están a favor de la transparencia y la legalidad; de la autenticidad y legitimidad en la elección de sus funcionarios mayores; en la distribución y uso justo de los dineros que reciben; de la operatividad efectiva de órganos que se instalen para la tarea electoral solo en el periodo que deben hacerlo.

No los vamos a ver confesando que ellos han inoculado en la gente común la idea de que sus sueldos y privilegios son la retribución justa de un trabajo que hacen, pero yendo en contra de la justicia. Tampoco escucharemos como confiesan las enormes riquezas amasadas por sus posiciones de poder, ni los grandes beneficios derramados a sus familiares, como los seguros de gastos médicos que contrataron a cinco meses de irse, por un monto de alrededor 300 millones de pesos, sino que los veremos manotear y desquiciarse en una defensa de cosas que no atentan, como dicen, contra el derecho humano de votar y ser votado, que es para lo que se sirve un instituto electoral.

Lo que opera a nuestro favor, es que hoy, la conciencia política es colectiva y no se nos permite olvidar quiénes han sido ellos y hacia dónde nos han querido llevar para tener en cuenta cuáles son sus intenciones presentes y a futuro.