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Textos y Contextos

Por: Miguel Alejandro Rivera
@MiguelAleRivera

Esta semana, trascendió que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), aprobó una sentencia con la que se exigiría a los concesionarios de radio y televisión el diferenciar sus contenidos informativos de los de opinión, como establecía la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión (Lftyr), antes de su reforma de 2017, periodo en el cuál, dichos cambios a la Ley, fueron promovidos por el entonces presidente, Enrique Peña Nieto.

La sentencia, elaborada por el ministro Juan Luis González Alcántara Carrancá, señala: “Esta Primera Sala encuentra que con la abrogación que se estudia se violó en perjuicio de la parte quejosa-recurrente el principio de progresividad (no regresividad) de los derechos humanos, pues se eliminó su facultad de hacer exigible sobre la esfera jurídica de los concesionarios el derecho de las audiencias consistente en que se distinga entre ‘opiniones’ e ‘información noticiosa’”.

Asimismo, se explicó que los medios electrónicos de comunicación tienen la obligación de que sus contenidos informativos sean veraces e imparciales, distinguiendo las noticias de las opiniones o juicios de valor.

Esta resolución no tardó en causar reacciones, siendo muy interesante el tipo de personajes u organizaciones que se opusieron a que se modifiquen las dinámicas de los medios de comunicación; la senadora de Acción Nacional Lilly Téllez, fue un ejemplo de la oposición a la Corte, asegurando en su cuenta de Twitter que se trata de “un atentado contra la libertad de expresión”.
También, la Cámara de la Industria de Radio y Televisión (CIRT) rechazó la sentencia aprobada por la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) que ordenó a los medios de comunicación distinguir claramente entre lo que es información y opinión. “Dicha sentencia es una ataque directo e inusitado a la libertad de expresión en México, al ordenar que en cualquier contenido de las estaciones de radio y televisión del país se deba diferenciar entre información noticiosa y la opinión de quien la comunica”,
señaló la CIRT a través de un comunicado, Cámara a la que pertenecen TV Azteca, Grupo Imagen, Televisa, entre muchos otros medios.

A través de un comunicado, la CIRT añadió: “Tal medida afectará la dinámica de trabajo de todos los medios, tanto públicos como privados, como es el caso de la transmisión de los encuentros en las mañaneras del C. presidente de la República”.

Y claro, ¿cómo aceptarían tan fácil que “la dinámica de trabajo” de los medios de comunicación incluidos en la CIRT se transforme, si precisamente basan parte de su lógica en confundir a la sociedad con opiniones que presentan como información?

En las Ciencias de la Comunicación es bien sabido que existen muchas teorías estudiadas desde la Escuela de Chicago, o la Mass Communication Research, que precisamente se enfocan en las diferentes formas en las que se puede manipular a la sociedad a través de los medios masivos y empresariales. Personajes como Harold Lasswell o Paul Lazarsfeld, comenzaron realizando investigaciones para determinar cómo influir en los votantes norteamericanos, y terminaron por fundar las bases teóricas de un modelo en el que se sustenta la publicidad, la propaganda y el marketing de nuestros días que incluso decanta en la conocida infodemia.

Una de las estrategias con mejores resultados es precisamente la de crear líderes de opinión basados en una retórica de emociones, discursos y autoridad, que seduce a las sociedades para legitimar a esas figuras que de pronto marcan, no sólo la agenda informativa, si no cómo debemos pensar sobre ella. El bombardeo noticioso es tan grande en nuestros días, que no es sencillo discriminar los tipos de géneros periodísticos para saber si lo que se lee se es una nota, un reportaje, o un artículo de opinión; esto, más en tiempos de redes sociales y de tantos opinadores que se graban hablando como si tuvieran la verdad absoluta, aunque no la sustenten en ninguna lógica firme, es muy preocupante.

Chumel Torres, Cayo de Hacha, Tumbaburros, son ejemplos de la evolución de personajes como Joaquín López-Dóriga, que se encumbró en la televisión manipulando la información, precisamente al mezclar las noticias del día a día, con sus juicios de valor u opiniones. ¿Quién no ha escuchado a Ciro Gómez Leyva editorializar la agenda informativa, incluso con el tono de su voz?
Por eso, la sentencia de la SCJN, que además simplemente busca recuperar algo que ya existía antes de 2017, no es una violación a la libertad de expresión, si no una garantía para las audiencias de saber qué es lo que están escuchando: una opinión o una nota con cifras, datos y contexto.

Por Columnas

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