¡Hoy por fin tenemos presidente!

Hoy el Presidente de México se encuentra en Washington. En cualquier otro tiempo esta frase sería completamente irrelevante y hasta aburrida. Sin embargo, en el contexto actual describe un acontecimiento que no tiene precedentes.

Desde ayer al medio día, una enorme cantidad de mexicanos estuvo pendiente del viaje del mandatario, que comenzó con su salida de Palacio Nacional en un auto compacto hacia el aeropuerto, para abordar un vuelo comercial hacia Atlanta, donde cambió de avión para dirigirse a la capital de los Estados Unidos.

La gente en México y en Estados Unidos siguió los detalles del viaje del Presidente, con el mismo interés que habrían tenido en el viaje de un familiar cercano, que sale de su casa por primera vez.

Desde las 7 de la mañana de hoy, proliferaron las transmisiones que difundieron la presentación de ofrendas en los monumentos de Lincoln y Juárez en esa ciudad, las entrevistas a los cientos de mexicanos migrantes que estaban cerca de la Casa Blanca, los lloriqueos de algunos enviados de la prensa tradicional, a quienes precedió su mala fama profesional, y fueron objeto de interpelaciones por parte de los migrantes presentes, y la polémica en redes sociales.

Después seguimos su arribo a la Casa Blanca, y la recepción en la entrada del edificio y en la oficina oval, donde sostuvieron una reunión con los colaboradores cercanos de ambos, hasta presenciar los discursos de los dos presidentes en el jardín de las rosas de la residencia oficial del Presidente Trump, y la firma de un acuerdo de cooperación entre ambos gobiernos

En su discurso, el Presidente López Obrador subrayó enfáticamente el papel de los migrantes mexicanos en la vida, cultura y economía de los Estados Unidos, como una población que ha hecho grandes aportaciones a ese país; pero no sólo él, también el Presidente Trump lo hizo, llamándoles gente honesta y exitosa con un gran valor para la sociedad norteamericana.

Sin dejar de lado la importancia de los demás temas que tocaron los discursos, como el económico, el de colaboración en la pandemia y en otras situaciones complicadas para las relaciones bilaterales, es fundamental señalar que este tema de los migrantes mexicanos reviste especial importancia, porque es la primera vez que escuchamos al Presidente Trump, reconocer la enorme aportación de ellos para la sociedad de los Estados Unidos.

Otro aspecto relevante de los discursos, se centró en el manejo de una relación basada en el respeto mutuo y en la dignidad de ambos países, en la colaboración voluntaria y libre, donde nos reconocemos como socios equivalentes en un nuevo entorno planetario, que se orienta hacia el desarrollo regional, trabajando hombro con hombro en beneficio de los tres países que conforman la región económica más poderosa del mundo.

En resumen, el encuentro podría calificarse como muy positivo para los dos países, para los dos gobiernos y para ambos presidentes, trascurriendo en un contexto de cordialidad, confianza y respeto que pocas veces se ve, cuando se trata de la intervención del Presidente Trump.

Es un encuentro atípico también, porque ha sido un evento de gran intensidad emocional para muchos mexicanos, que nos hace recordar la expectativa derivada de algún partido importante para la selección de futbol. No recordamos otro episodio de la historia moderna, en el que el viaje de un Presidente, acumule tanta atención con la gente pegada a su celular mostrando un muy alto nivel de interés.

No es para menos, sabemos que en este viaje del Presidente de México, se está construyendo una buena parte de nuestro futuro, y no sólo los negocios de un grupito de maleantes como se hizo siempre en los gobiernos pasados.

Por fin los mexicanos estamos representados por un presidente honesto, inteligente e íntegro; y como dijo el presidente estadounidense Dwight Eisenhower, la cualidad suprema del liderazgo es la integridad.