La historia que va encadenando generaciones atrapadas por una enorme deuda pública, que todos tenemos que pagar a través de nuestros impuestos, comenzó con el arribo de Salinas de Gortari a la presidencia de México, después de un fraude electoral de grandes dimensiones y peores consecuencias.

Antes de que tomara posesión el depredador insignia del neoporfirismo mexicano, la deuda pública del país era equivalente a sólo 3% del producto interno bruto. Llegó Salinas y escudado en la gran farsa de la teoría económica neoliberal, responsable del sobreendeudamiento del planeta, contrajo una cantidad de deuda adicional a la que teníamos, equivalente al 123%; es decir, más del doble.

Pero no hizo nada más eso, también tuvo a bien privatizar todos los bancos que habían sido estatizados por López Portillo, que la verdad estaban en una situación financiera bastante aceptable. Luego los vendió por debajo de su valor en libros y la mayoría de ellos fueron a parar a manos de gente que no tenía experiencia en el negocio de banca, muchos de ellos tampoco tenían escrúpulos ni vergüenza. Por la venta el gobierno recibió un total equivalente a 10 mil millones de dólares, una cantidad pírrica por entregar el sistema de pagos de todo el país.

Como consecuencia de haber entregado los bancos a manos de gánsters inexpertos, éstos comenzaron a prestar a diestra y siniestra sin tener cuidado en la administración del riesgo. Cuando alguien no es especialista en crédito y recibe uno que no puede pagar, la culpa de que no lo pague la tiene el que le dio el préstamo sin medir el riesgo de incumplimiento, lo cual se supone que es la especialidad de un banco. Por otro lado, los banqueros se entregaron grandes cantidades de créditos sin garantías de respaldo entre ellos y a sus amigos.

Así los bancos se llenaron de carteras vencidas poniéndose en riesgo de no poderle devolver su dinero a los ahorradores en caso de que lo solicitaran; es decir, estaban quebrados. Para resolver el problema, el brillante cerebro de economista de Ernesto Zedillo y su corte financiera de gusanitos pulqueros, tuvieron la gran idea de comprarle a los bancos sus carteras vencidas, en 100 mil millones de dólares, una cantidad 10 veces mayor a la que recibió el gobierno por venderles todos los bancos, no solo las carteras.

Además de una buena cantidad de irregularidades, despropósitos financieros y de sentido común que incluían los contratos de compra de las carteras que firmó el gobierno, les pagó a los banqueros con bonos de deuda pública emitidos a largo plazo, que incluían el pago de intereses. Estos banqueros, ya con sus negocitos saneados por nosotros, se voltearon y le vendieron los bancos a extranjeros, quedando sólo unos cuantos en manos de mexicanos.

Actualmente los bancos en su mayoría, siguen en manos de los extranjeros que los compraron, recibiendo cada año una cantidad equivalente a 40 mil millones de pesos de intereses que les pagamos los mexicanos por sus bonos de Fobaproa y que terminaremos de pagar en el año 2070. De hecho a la fecha, ya les hemos pagado más dinero en intereses de lo que valen sus bonos en capital.

Así es que cuando veamos las caritas nuestros nietos, recordemos que esos niños y los que vengan, ya no traerán su torta bajo el brazo, sino un pagaré de deuda que deberán cubrir a los banqueros extranjeros, además de todo lo acumulado por los gobiernos de los panistas retrasados mentales y de Peña Nieto, el payaso de las bofetadas. Hoy cada mexicano debe 87 mil pesos, que tendrá que cubrir, con los impuestos que pague por el trabajo de toda su vida.

Como dijo el poeta romano Publio Siro: “Para el hombre honrado las deudas son una amarga esclavitud”.

Por Erika