Era inevitable el choque

Por. Diego Iván López Miguel
Twitter: @DiegoI_Lopez

Estamos ante un momento decisivo respecto al rumbo político que tomará el país en los próximos años. Nos encontramos en la antesala de un proceso electoral en donde se enfrentarán dos visiones y proyectos distintos: uno que prevaleció por décadas; y otro en proceso de construcción. Ante este panorama es inevitable la confrontación entre los dos grupos y ha repercutido en diferentes ámbitos y escalado en diversas regiones e incluso instituciones del país.

Ante el avance del proyecto de nación del presidente Andrés Manuel López Obrador en uno de sus ejes más importantes, como es el rescate del sector energético, concretamente con la Ley de la Industria Eléctrica que le da preferencia a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) sobre las empresas privadas en la producción eléctrica; el juez Juan Pablo Gómez Fierro concedió a particulares la suspensión definitiva de la reforma eléctrica. Esto llevo a la confrontación entre el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial después de que el presidente de la República pidiera investigar al juez Gómez Fierro. La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) será la encargada de definir la situación jurídica de la Ley.

Por lo pronto López Obrador, dijo que buscaría otra vía en caso de un revés definitivo en la Corte; el mandatario haría un cambio constitucional. El choque no sólo se dio con otro de los Poderes de la Unión, también con algunas empresas a las que AMLO exhibió en su conferencia matutina: Oxxo, Bimbo y Walmart que también se ampararon por la polémica Ley Eléctrica. Hay que tener presente la reacción de las empresas extranjeras que se han beneficiado por la apertura del sector energético mexicano.

En el cambio de régimen que pretende la 4T también se dio un conflicto con el Instituto Nacional Electoral (INE), primero al anunciarse el cambio por la distribución de los diputados de representación proporcional (plurinominales) y después por el retiro de las candidaturas a las gubernaturas de Guerrero y Michoacán, con Félix Salgado Macedonio y Raúl Morón Orozco respectivamente. Sectores del obradorismo han visto de una manera negativa las medidas implementadas por el INE y esto no es nuevo, esto se viene acumulando desde el 2006 con el otrora Instituto Federal Electoral (IFE). Habrá que esperar la resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

Los encontronazos también se han dado en el plano regional, como lo que ocurrió en Nuevo León. La semana pasada la candidata de Morena, Clara Luz Flores, fue exhibida en un video que difundió el semanario Proceso; la alcaldesa de Escobedo estaba conversando con el líder de la secta sexual NXVIM, Keith Raniere. El responsable directo de la difusión del video fue Adrián de la Garza, abanderado del PRI a la gubernatura de Nuevo León, un personaje cercano al exgobernador de la entidad, Rodrigo Medina -quién ha sido señalado por diversos casos de corrupción durante su gestión- y también apoyado por la élite del Grupo Monterrey, que ha estado en contra de las políticas económicas de la 4T. Nuevo León será la joya de la corona en las próximas elecciones, asimismo el escenario de una de las batallas principales entre el obradorismo y el salinismo.

Ante la carencia de cuadros en la oposición y con un probable triunfo de Morena y sus aliados en los comicios de junio, el resurgimiento de figuras que relevantes y serviles al anterior régimen, tratan de darle una opción de viabilidad y hasta de credibilidad a este grupo político. Personajes como Diego Fernández de Cevallos, Santiago Creel y el expresidente Ernesto Zedillo irrumpen en la escena pública para darle un respiro al bloque opositor ante la tendencia electoral favorable a la 4T.

Llegamos al punto de no retorno, al momento en donde los intereses mediáticos, políticos y económicos creados en el anterior régimen que sucumbió ante el obradorismo en 2018 se jugarán parte de su propia existencia. Era inevitable el choque del proyecto obradorista y el régimen oligárquico neoliberal.

El aparato político-empresarial replicará su alianza como lo hicieron en 2006 cuando impidieron a toda costa la llegada de AMLO a la silla del águila. Esta vez las condiciones son distintas, López Obrador ostenta la presidencia de la República y concentra un gran capital político que ha permeado en las clases populares a lo largo y ancho del país.

Las resistencias a un proyecto de corte nacionalista son muchas, sobre todo cuando ven amenazados sus intereses económicos. López Obrador continúa avanzando en su agenda política y hasta el momento se pronostica un triunfo de su movimiento. Habrá que ver hasta donde podría llegar la 4T con la victoria en las urnas, en un escenario post Covid-19 y con una inminente recuperación económica. ¿Será la consolidación de un nuevo régimen?.

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