“Vivimos tiempos de traidores” ha dicho en varias ocasiones el presidente López Obrador.
Y esta sentencia podemos convalidarla en la vida diaria. Es algo que sucede a la vista de todos y que tiene invariablemente como figuras protagónicas, a quienes integran una clase conservadora desesperada.

Ser opositor es un derecho garantizado en cualquier democracia real. El pensamiento diferente, bien estructurado y defendido, resulta importante para una sociedad compuesta por actores que tienen intereses y metas diferentes. Las acciones y manifestaciones opositoras, deben disfrutar el derecho a la libre expresión. Que nadie limite o persiga a opositores que abiertamente muestran su rechazo hacia quienes administran y gobiernan al país.

Esa oposición sana y lúcida, le está haciendo falta a México. En nuestro país, la corrupción alcanzó niveles tan lamentables, que quienes hoy se dicen conservadores, cargan con los vicios adquiridos durante los 36 años de política neoliberal.

Los periodistas, son mentirosos profesionales. Los ambientalistas, son cabilderos de consorcios que buscan acceder a los recursos naturales del país. Los empresarios, forman parte del grupo de traficantes de influencias que ponían y quitaban gobernantes a su antojo, según convenía a sus intereses económicos. Los políticos reaccionarios reúnen en sí mismos, todos los vicios propios de una clase acostumbrada al lujo, al privilegio, a la corrupción y a la impunidad.

De esa oposición al cambio que vive el país, nace un discurso torcido, basado en la mentira, como el que paga Claudio X González y difunden Carlos Loret de Mola, Carmen Aristegui, Los Krauze, (padre e hijo), Aguilar Camín, Riva Palacio y muchos más.

No se trata de una argumentación de contraste, a la que maneja el gobierno de López Obrador. Algo que muestre que hay otras vías de acción, que pueden alcanzar metas con igual o mejor éxito. Ese tipo de propuestas serían agradecidas por la sociedad en su conjunto. Lo que está utilizando la clase conservadora, en su intento por recuperar el poder político, es el lodo vertido en medios de comunicación y en acciones concretas que son utilizadas a manera de banderas de combate.

A Carlos Loret de Mola, lo acaba de evidenciar Raúl Olmos, el periodista que realizó la investigación relacionada con la casa en Houston, rentada por el hijo mayor del presidente López Obrador. Nunca hubo conflicto de intereses, según declara en entrevista esta persona. La información (escasa), fue interpretada de ese modo, por Loret y Aristegui, a pesar de que sabían bien que no existían elementos para realizar una acusación tan seria, en contra de la familia del presidente.

Fue lodo. Montaje. Calumnia, que muestra los vicios del periodismo de corte conservador.
Se armó una campaña que tenía como único fin, desprestigiar al presidente López Obrador, para restarle respaldo social. Y para conseguirlo, atacaron sin prueba alguna a la familia del presidente. A sus hijos, que es donde más le duele a cualquier padre.

Ser conservador en México, es actualmente sinónimo de “ser canalla”. “Vivimos tiempos de canallas” ha señalado atinadamente López Obrador.

Pero ser canalla o conservador, no ha quedado solo en el terreno de las noticias falsas y los montajes, que intentan pasar como investigación o reportaje.
El episodio de la guerra que se está desarrollando en este momento en Ucrania, ha sido fuente inspiradora para los personajes políticos, empresariales y los serviles periodistas que propagan la mentira que debe intentar suplantar a la verdad.

Si se trata de golpear al gobierno del presidente López Obrador con este tema, no hay nada mejor que señalar que el principio juarista, republicano, democrático y constitucional de la “No Intervención”, es contrario a lo que realizan las naciones “civilizadas” en este momento.

El gobierno mexicano ha acompañado a la comunidad de países representados en la ONU, en la condena a la invasión a Ucrania. Ha pedido junto a las demás naciones, el cese inmediato de hostilidades y el repliegue de las fuerzas rusas. Ha llamado al diálogo para dirimir diferencias y alcanzar acuerdos de beneficio mutuo.

Pero los conservadores exigen más. Desean el rompimiento de relaciones de todo tipo con Rusia y la aplicación de sanciones que castiguen económica y políticamente a esa nación.
Y no solo eso. Ayer por la tarde, se difundió información periodística en la que se da cuenta de que tres senadores de oposición, asistieron a la embajada de Ucrania, para mostrar su solidaridad con ese país.

La embajadora de Ucrania,(es la segunda ocasión en que le envía una carta al Senado), les hizo entrega una misiva dirigida al gobierno del presidente López Obrador, en la que pide a México, como acto de solidaridad, la donación de armas guiadas antitanque, armas FIM-92 Stingers, armas pequeñas y lanzagranadas, aparatos de comunicación, chalecos antibalas y cascos. De ser posible, solicita también la donación de aviones de combate, así como asistencia militar y humanitaria.

No es el hecho de que Ucrania pida esos recursos al gobierno de México. Se entiende que están haciendo lo mismo en todos los países.

El problema está en que los senadores Gustavo Madero, Emilio Álvarez y Germán Martínez, tratan de “enganchar” al gobierno de López Obrador en un problema de corte internacional. Pretender predisponerlo con otras naciones que sí están enviando armamento a Ucrania.

Los tres senadores señalados, pidieron a la presidenta del Senado y a López Obrador, atender positivamente la petición.

Claudio X González ha calificado de “tibia” la posición del gobierno mexicano respecto al conflicto bélico. También estaría de acuerdo en el envío inmediato de armamento.
León Krauze, Jorge Ramos y Dolia Estévez, no paran de escribir notas y mensajes pidiendo al presidente López Obrador que asuma una conducta de corte bélico, en contra de Rusia. Aún si con esto se viola lo que marca nuestra constitución.

Hace unos días, la embajada de Ucrania en México, contestó el mensaje de un ciudadano que criticaba la actitud del gobierno ucraniano, con expresiones racistas y clasistas, que ofenden a todos los mexicanos.

“¿Te pagan con rublos, o con tamales?”

Solo un senador conservador, se presentaría después de esto y sin una disculpa de por medio por parte de la embajada, en las oficinas de Ucrania en nuestro país.
Los tres senadores opositores no fueron a solidarizarse con una nación invadida.

Fueron por parque con que atacar al gobierno de López Obrador. Sin importarles si el envío de esas armas significaba la muerte de muchos.
El costo en vidas es lo de menos. La ganancia política está por encima de todo.

No les importaron las recientes expresiones racistas de la embajadora. A ellos todo se les resbala.
Ser conservador es ser canalla. Es la renuncia a cualquier valor humano y a la más elemental ética.
Lo bueno fue que el presidente López Obrador dejo todo en claro, esta mañana.

“Nosotros no enviamos armas a país alguno. Asistencia humanitaria, sí. Toda la requerida. Apoyo a víctimas también. A rusos y ucranianos”.
“Somos una nación pacifista. Somos la Nación de la Fraternidad Universal”

Los tres senadores panistas y Claudio X González, se quedarán tragando tamales.

Malthus Gamba