El verde olivo: Cienfuegos, el ejército y la lucha contra la impunidad

@AlamBeav

El 2 de octubre de 1968, en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, se llevó a cabo uno de los momentos más sangrientos del México del siglo XX. Militares y paramilitares, asesinaron a diestra y siniestra a jóvenes que protestaban contra el autoritarismo del gobierno.

Pese a las evidencias que señalan el involucramiento del ejército en aquella matanza, jamás un solo mando piso la cárcel.

En ese mismo contexto, en el cono sur del continente americano, fueron los militares quienes orquestaban los golpes de Estado, desde Chile con Pinochet, pasando por Videla en Argentina y llegando al 28 de junio del 2009, cuando el general Antonio Herpburn ordenó el secuestro del presidente Zelaya en Honduras.

En México, el ejército es una de las instituciones a quien jamás se le ha podido tocar. Al mismo tiempo, de ser una de las más respetadas por el pueblo de México, con gran aceptación.

Sin embargo, cuando el presidente Felipe Calderón impulsó la llamada “guerra contra el narco”. La institución castrense fue acusada de violaciones a mujeres y a los derechos humanos, asesinatos y desapariciones forzadas.

Reportes periodísticos mostraron pruebas de las acusaciones, pero ni el presidente, ni las autoridades judiciales hicieron nada para detener aquellas injusticias.

La llegada de Peña Nieto no cambió la dinámica de la “lucha contra las drogas”. Sin regulación, los militares hacían trabajo de seguridad pública, cuando su entrenamiento era muy distinto.

Pero en septiembre de 2014 sucedió el mayor escandalo que involucraba a elementos del ejército. La desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, indicaba que los militares estaban coludidos en su desaparición.

Organismos internacionales pidieron entrar a los cuarteles para verificar sí se encontraban allí o no los normalistas. Pero el entonces titular de la Sedena, Salvador Cienfuegos, dijo de manera contundente, que a “sus soldados” no se les podría interrogar ni cuestionar.

A la llegada al poder de López Obrador y a sabiendas de la gran capacidad de los militares en la ingeniería. Se les dio la tarea de la construcción del Aeropuerto “Felipe Ángeles”, así como la construcción del tramo 6 y 7 del “Tren Maya”.

Además, para detener desde sus orígenes al narcotráfico y al contrabando, se encargó a la Sedena y a la Semar, el control de las aduanas y puertos.

Al tiempo que se anunció investigar “hasta las últimas consecuencias” a los involucrados en el tema de Ayotzinapa. Que sin decirlo, tendrá que pasar por las investigaciones a miembros de la institución castrense.

En medio de estos cambios, la noche del 15 de octubre se informó sobre la detención en Los Ángeles del ex titular de la Sedena, Salvador Cienfuegos. Acusado por las autoridades norteamericanas de estar relacionado con el crimen organizado.

Sí bien, esta detención fue hecha por la DEA, el gobierno mexicano tuvo que dar el espaldarazo a dicha ofensiva. Pues incluso el presidente López Obrador, señaló conocer con anterioridad la investigación a Cienfuegos.

Además, como en el caso de García Luna, el mandatario indicó que se separará de su cargo a los involucrados con el general en retiro. El mensaje del presidente es claro, en México se acabó la impunidad.

López Obrador sabe de los riesgos que implica la lucha contra la impunidad del ejército, pues él mismo lo señaló frente a los padres de los 43: “Hay desde luego resistencias, porqué todavía no termina de irse el viejo régimen corrupto y autoritario”.

Pues el mito de que el ejército es un ente “intocable” e “incuestionable”, debe de ser la premisa de que vivimos en los tiempos de una verdadera transformación, aunque las repercusiones están por verse.