Sindicato Mexicano De Electricistas

“El pueblo es sabio”, verdad de toneladas

Por Miguel Ángel Lizama @Migueliz8

Cuando Bill Clinton emprendió su campaña por la Presidencia de Estados Unidos, estaba en apogeo la ola de Reingeniería Financiera, con despidos de cientos y miles de trabajadores para reducir costos y aumentar dividendos de los accionistas corporativos.

El entonces gobernador de Arkansas empezó a insistir a los magnates que lo único que lograban con sus “ideas administrativas” era que los desempleados no puedan comprar, bajen las ventas y utilidades, se ralentice todo el aparato productivo y tengan que despedir más trabajadores y la espiral siga creciendo.

Fue de tal impacto el razonamiento de Clinton que su popularidad creció y se consolidó y no permitió que los republicanos obtuvieran la reelección de Bush papá, a pesar de su Guerra del Golfo y los escándalos sexuales que le armaron a su carismático oponente. Con su visión administrativa, Clinton logró reactivar la economía estadounidense, lo que le valió un segundo mandato sin que a los electores les importara su debilidad por el sexo femenino, que los republicanos insistían en explotar con escándalos. Fue demoledora una opinión ciudadana cuando el incidente con Mónica Lewinsky amenazó su continuidad en la Casa Blanca: “Ese asunto debe arreglarlo con su esposa. A nosotros nos funciona como Presidente”. El pueblo es sabio. Y Clinton volvió a ganar.

La sabiduría popular también es una firme convicción del Presidente Andrés Manuel López Obrador. Lo reitera y lo confirma con él mismo en su propio actuar. Y no se equivoca. Sus detractores intentan una y otra vez exponerlo con múltiples defectos y fallas que magnifican, pero a la gente no le importa. “No habla inglés, no sabe economía, tiene los zapatos sucios, come en fondas del camino…” Los ciudadanos contrastan los gritos y alegatos opositores con las acciones presidenciales, ven dichos y hechos, comprueban y deciden con certeza y sabiduría. No se equivocan. A veces, como sucedió durante el PRIANato, se cansan y por abulia dejan hacer y dejan pasar, pero cuando reaccionan y se activan, las cosas cambian. Y se ha visto.

En su momento, Clinton decidió impulsar la Tecnología Informática del norte californiano como bujía económica en Estados Unidos, y Silicon Valley respondió con un dinamismo que jaló a otros sectores económicos y mejoró la calidad de vida del pueblo norteamericano. En México, entre ataques fallidos Andrés Manuel emprende la reactivación de los sectores energéticos (petróleo y electricidad) que sus antecesores se empeñaron en desaparecer para beneficio de corporativos extranjeros, al tiempo que dinamiza con obras de gran envergadura, una amplia región olvidada y menospreciada durante años. La gente lo ve y le consta. AMLO trabaja para el país, no para sus bolsillos, como era antes de él.

A pesar de denuestos, ataques y resistencias malsanas, AMLO avanza y la gente comprueba que no se equivocó al elegirlo como Presidente de México, cosa que sus antecesores no pueden presumir.

A diferencia de Clinton, López Obrador es ascético, frugal, mesurado y muy enfocado en las tareas para cumplirle al Pueblo de México sus promesas hechas en 20 años de Administración Pública. Siempre fue claro y a cada paso se comprueba su autenticidad. Cumple lo que promete y trabaja para cumplir. Por eso la gente le cree, lo sigue y lo apoya. No es como todos los anteriores que prometían mucho y no cumplían nada (como Fox y Calderón, por ejemplos).

Sus enemigos, NO ADVERSARIOS, se esfuerzan en armarle constantes guerrillas políticas que se frustran por falta de repercusión popular. Recurren a políticos desgastados, Medios sin credibilidad y magistrados judiciales con sombras de corrupción que no pueden desprenderse y persisten en continuar, con amparos a diestra y siniestra. Todas esas guerrillas mercenarias actúan en una lógica que no entienden, por muy “intelectuales” que se ostenten. SIN PUEBLO, NADA PUEDE SER POPULAR NI MAYORITARIO.

Elemental. Sin Pueblo no se puede nada. A lo largo de la Historia han surgido personajes o grupos para combatir a la autoridad actuante o impuesta. Todas esas resistencias tuvieron un factor común. Contaban con apoyo popular, si no general, por lo menos considerable, a veces limitado por el miedo a represalias. Ese no es el caso de Coparmex, CCE y otros membretes empresariales asentados en México, que para su Combatividad invierten millones en medios de difusión, ya sin Presupuesto Público que antes recibían a manos llenas para ensalzar a los gobiernos del PRIAN, ocultar sus excesos, errores y saqueos.

Esos armadores de una contumaz resistencia sin apoyo popular, usan el perifoneo de sus cómplices para intentar propagar la falsa idea de que López Obrador es repudiado por la mayoría mexicana y se exige su inmediata salida del Palacio Nacional. NADIE LES CREE, fuera de sus respectivas familias y círculos sociales. Pero no trascienden. Batallan contra una realidad que se niegan a ver y admitir. Nadie pretende que se quiten las telarañas mentales que les tejieron parientes y confesores, si así son felices. Pero, por lo menos, que respeten la opinión y voluntad ajenas, manifiesta con memorable contundencia en julio de 2018.

En vez de aceptar los hechos, desempolvan un anacrónico discurso de la Guerra Fría para culpar de Comunista al Presidente, como lo hicieron con el Gral. Cárdenas del Río cuando nacionalizó el petróleo, combatió el analfabetismo tan rentable para la iglesia católica y promovió mejoras para los trabajadores. En su mediática campaña los anti-AMLO llegan a instancias internacionales, mejor enteradas que ellos, a quejarse de lo bien que le está yendo al país, inventando culpas del nuevo Presidente que en México sólo el INE atiende con diligencia. Acusan a AMLO de “volver al pasado”, cuando son sus detractores los que no salen de ahí.