Por: daniel ceceña
@danielcecenaa

En estos últimos días tumultuosos se ha generado una opinión del conflicto armado que tiende a relacionar diacrónicamente la guerra de agresión rusa con la segunda guerra mundial. Sin embargo, creo que al momento de voltear al pasado y hacer comparaciones, es más pertinente hacerlo entre lo que está pasando y lo que ha sido llamado el Espíritu del 14.

El 2 de diciembre de 1914 Karl Liebknecht, diputado en el Reichstag alemán , se opuso de manera determinante a los créditos de guerra que pedía el país para arreciar su participación en lo que sería conocida como la Primera Guerra Mundial. Poco más de cuatro meses antes, la mayor parte del partido de Karl Liebknecht, el SPD (el mayor partido socialista europeo), se unió al clamor nacionalista bélico que recorría Europa, apoyando la serie de declaraciones de guerra que terminaron en el terror que ya conocemos.

Antes de terminar ese año, Liebknecht fue de las pocas voces de izquierda que denunciaron la guerra como lo que era, un conflicto imperialista que lo único que podría traer sería muerte y destrucción para la mayor parte de la población.

Esta oposición le costaría la expulsión del partido, la cárcel y posteriormente en 1919, la vida. El deseo por un conflicto armado que se dio en los primeros meses de la guerra, donde miles de jóvenes se enlistaron jubilosos para pelear por sus países, y que en su glorificación silenció todas aquellas voces que se oponían a la escalada bélica; a esto se le conoce como el Espíritu del 14.

El 27 de febrero en el Bundestag Alemán , el primer ministro Olaf Scholz (también socialdemócrata) propuso un aumento de casi el doble al presupuesto defensa. Esta propuesta fue aplaudida por el partido socialdemócrata, los verdes, los liberales y los conservadores, sin contemplarse una mínima oposición a esto por parte de los parlamentarios.

También en estas misma fechas hemos visto como la primer ministra danesa ha llamado al alistamiento de daneses para pelear contra las fuerzas rusas en Ucrania, la prensa española se declara abiertamente en guerra; mientras tanto, Lituania se encuentra en estado de emergencia, y casi todos los países de Europa se preparan para enviar miles de millones de dólares en armamento , cobijado en discursos magnánimos que glorifican la guerra pero hacen poco para nombrar la desgracia y terror que causarán al pueblo ucraniano como consecuencia de ésta.

En la actualidad, la actitud que ha tomado la Unión Europea con respecto a la censura de la prensa rusa y aquella disidente del discurso occidental, así como la deshumanización y caricaturización del enemigo al expulsar y aislar a todo aquel que se le asocie al régimen ruso (sea o no simpatizante), destruyen y sepultan lo que una vez significó el proyecto europeísta; este representó, por lo menos en el discurso, una idea humanista y ecuánime que buscaba pacificar y unificar una de las regiones más armamentística del mundo.

Ahora, ese ideal parece perderse, mientras se acercan más a la Rusia nacionalista de Putin que ellos afirman combatir. Este resurgimiento del Espíritu del 14 llevará, espero equivocarme, a una escalada bélica que no terminará con la guerra de agresión rusa, conduciendo a Europa, y al mundo, a un repunte armamentístico y a una polarización en las posturas hegemónicas que hará casi imposible el desenlace diplomático pacífico entre Rusia y Occidente, ambas potencias nucleares.

Lamentablemente, este sentimiento bélico no se queda solamente en Europa y en los Estados Unidos. Casi al inicio del conflicto, periodistas como Dolia Estevez, entre otros, se lanzaron contra el canciller Marcelo Ebrad y llegaron casi a exigir una postura militar de México frente a Rusia.

Al mismo tiempo, cuentas en Twitter y figuras mediáticas como Chumel Torrers glorificaron la defensa de una población ucraniana que está siendo usada por occidente en su conflicto contra Rusia, mientras replicaban la construcción del héroe de guerra estilo Hollywood que se fue creando del presidente ucraniano Volodímir Zelenski, como si este conflicto armado (visto desde lejos obviamente) fuera otra película que se proyecta en cines a la cual uno va a verla y luego regresa a tranquilo a para dormir en cama, mientras otros mueren en esta terrible desgracia.

El último en estos desplantes bélicos se dio este 3 de marzo. Ante la senadora Olga Sánchez Cordero, los senadores Emilio Álvarez Icaza, Gustavo Madero y Germán Martínez, presentaron una carta firmada por parlamentarios ucranianos en la cual se pedía el apoyo armamentístico, después exigieron el cumplimiento del art. 89 constitucional que establece la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales. La posición del ex ombudsman de la Comisión Nacional de Derechos Humanos es totalmente ilógica a la postura pacífica que siempre ha tenido la diplomacia mexicana, ya que llama a la escalada militar sin mediar antes por un cese al fuego o pensar en los civiles de la zona.

Que no se equivoque el senador, esto no es el 36, cuando el presidente Lázaro Cárdenas envió armas y municiones a la República Española que se jugaba la vida contra fuerzas fascistas.

En esta guerra no se combate al fascismo, sino que es un conflicto entre dos fuerzas imperialistas por el control estratégico de recurso. Ucrania solo es un peón donde los grandes ganadores son las grandes empresas y los perdedores es la población civil.

En este contexto, el gobierno de México condenó abiertamente ante la ONU la guerra de agresión rusa, pero se ha negado categóricamente en continuar y reproducir la retórica que prioriza la confrontación militar sobre la resolución diplomática del conflicto. Un ejemplo de esto es que se ha negado a ser parte de la censura a medios que sataniza el disenso, pero también se negó, por el momento, a imponer sanciones económicas contra la Federación Rusa, continuando por ejemplo, con el comercio de fertilizantes, entre otras decisiones diplomáticas. Esto no significa en lo absoluto estar apoyando la agresión, ya que el gobierno, como mencioné, se ha declarado en su contra.

La postura que ha tomado el presidente y el gobierno de México no es una que solamente se sostiene por el actuar histórico que han tenido las relaciones internacionales en el país, sino que, como gobierno de izquierda, México tiene que buscar la solución pacífica del conflicto y no entrar en la retórica que promueve la confrontación militar.

Esta es una postura moral con respecto a los pueblos que están sintiendo la devastación y la desgracia de conflicto imperialista que es insostenible desde las dos partes. Es imperativo no escuchar a los halcones de guerra que claman por el derramamiento de sangre desde la cómoda distancia.

Este punto es esencialmente sensible en la historia reciente mexicana, considerando que en la guerra contra las drogas, los Estados Unidos han puesto las armas, mientras nosotros ponemos los muertos. El pueblo mexicano aún sufre esta actitud y nosotros no podemos ni debemos reproducirla. Por último, creo que la posición del presidente de apoyar una desescalada y privilegiar el diálogo, es esencial ante esta situación de rearme en Europa, que de seguir así hace casi inevitable el conflicto nuclear que llevaría al mundo a la absoluta desgracia.

México acierta en buscar la paz por medio del diálogo. Como país y como miembro no permanente del consejo de seguridad de la ONU, tiene que apostar por ayudar a la víctimas del conflicto, establecer corredores humanitarios que agilicen la evacuación de los refugiados, ayudar en la eventual reconstrucción de Ucrania, pero no clamar por el derramamiento de sangre. No podemos, como lo hicieron los europeos en 1914, unirnos a la euforia militar simplona y apoyar una guerra para después voltear a ver un mundo en llamas y preguntarnos cómo llegamos a esto. No podemos o debemos ser parte de la hipocresía de occidente.

Daniel Ceceña
(Dr. en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Colonia en Alemania).

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