El PAN: Fascismo a la mexicana

Por: Rafael Redondo
@redondo_rafa

La ultraderecha formal e informal ha existido desde hace muchos años en México:

A) Formal: Sociedades secretas ligadas a la Iglesia Católica como El Yunke, Los Tecos o el DHIAC (Desarrollo Humano Integral) o a la luz pública como el Frente Nacionalista de México que se dice heredero del fascismo y el nazismo.

B) Informal: Sentimientos e ideología tan antigua como la Conquista (El Santo Oficio castigaba todo lo que consideraba pagano, no católico y fue profundamente xenófobo -conversión o muerte a los judíos-) y están diseminados en ciertos sectores de la sociedad mexicana. Escudados detrás de un catolicismo en extremo supersticioso y fanático esconden un racismo de supremacía fundamentalmente europea y un Liberalismo distorsionado que se parece más a la Monarquía en la que se privilegia casi al nivel de la veneración y la pleitesía a quien tiene mayor poder económico (clasismo).

Esta ideología tiene siempre el mismo discurso no importa el paso del tiempo: complot judeo-masónico comunista. Pese a su marginalidad y/ o vivir camuflada detrás de ONG’s, asociaciones civiles, agrupaciones empresariales o escuelas privadas sobre todo en los Estados del Bajío e incluso presente en personajes dentro del Gobierno Federal como Manuel Espino integrante del Yunke, no ha existido una institución que le proporcione voz a cielo abierto ante la población.

La llegada de AMLO a la presidencia representa para la ultraderecha una afrenta por motivos que van desde lo frívolo hasta lo fantástico:

A) Lo frívolo: Cuestiones de clase y raza.
B) Lo fantástico: La amenaza comunista. No existe un sólo indicio ni en el discurso ni en las políticas implementadas por el Gobierno Federal que correspondan a dicha filosofía.

Lo que la ultraderecha nunca logró por sí misma, vino a hacerlo paradójicamente su “enemigo imaginario”: AMLO. El discurso obradorista contra el pensamiento conservador pero sobre todo, su simple presencia está desenmascarando a este sector de la población que en ocasiones se ha fingido incluso progresista, liberal y hasta caritativo; espiritual y demócrata aunque en la práctica es profundamente xenófobo, detesta todo lo que huela a masón, judío, oriental, negro o nativo de América. Odia todo lo que no se parezca al catolicismo; un grupo repleto de prejuicios de clase y poca apertura e incluso rechazo hacia lo desconocido (de ahí su cultura tan limitada) que hace todo lo posible por pertenecer a la élite económica: desde negar sus genes indígenas con tintes de pelo hasta gastarse toda la quincena en cafés de Starbucks (como si Starbucks fuera signo de opulencia) con tal de mantener vivo el autoengaño.

El primer intento reciente por institucionalizar la ultraderecha fue la aparición del Frente Nacional Ciudadano (FRENA) con un discurso inconexo, absurdo, imágenes religiosas y rezanderas en una anacrónica remembranza apestosa a cadáver de “la guerra cristera” (hoy no existe persecución religiosa) y un repudio a un Comunismo también, inexistente (el Comunismo es una filosofía con tendencia a la utopía: control absoluto del Estado de los medios de producción y desaparición de las clases sociales. Difícil que sobreviva en la realidad; los casos de la ex URSS y China de mediados del siglo pasado eran más una fusión de Socialismo y Dictadura que Comunismo -actualmente tanto Rusia como China están más orientados hacia la libre empresa- pero la palabra le sirvió al senador Joseph McCarthy en Estados Unidos para construir una retórica que diera sustento ideológico a la Guerra Fría en los años 50 del siglo pasado, otorgándole al Comunismo la categoría reduccionista y maniquea de “demonio”, píldora que los estadounidenses y muchos mexicanos hoy se siguen tragando sin cuestionamiento alguno.

Actualmente en México no existe señal alguna de Socialismo; por el contrario, hay un esfuerzo por integrar a los sectores menos favorecidos en la maquinaria del consumo y la libre empresa eso sí, con una visión Humanista que pocos destacan en el pensamiento de López Obrador, a la par una lucha contra la corrupción con estimulación económica proporcionada por el Estado muy semejante al keynesianismo (John Maynard Keynes economista británico). ¿Dónde está la presencia comunista?

En mi artículo anterior hice un señalamiento sobre los logros de la 4T y un pronóstico sobre los partidos políticos:

A) El señalamiento: la 4T está desenmascarando a los personajes de derecha y ultraderecha, hecho que resulta benéfico para conocer quiénes somos como sociedad.
B) El pronóstico: PRI, PAN y PRD van a desaparecer muy pronto y de sus remanentes surgirá un sector de ultraderecha.

El 2 de septiembre de 2021 parece que hizo su aparición formal en el espectro político del país la ultraderecha fascista al reunirse los senadores del PAN dentro de las instalaciones de la Cámara Alta con Santiago Abascal nada más y nada menos, el presidente del partido de ultraderecha español Vox. Manifestaron adherirse a la Carta de Madrid para movilizar las fuerzas democráticas (¿en serio?) iberoamericanas contra el narcocomunismo (¿qué es eso?). Vox fue creado en 2013 y sus planteamientos son muy similares a los de Marine Le Pen en Francia y al discurso más extremista de Trump en Estados Unidos tan apreciado por los miembros del KKK. Abiertamente fascista, cree en un nacionalismo heroico, antiinmigrante y machista (plantea atraer votos de los varones ofendidos por “el feminismo extremo”); sus posiciones en materia de familia y derechos reproductivos son como la mayoría de los grupos de extrema derecha católica, la preservación de una “identidad cristiana de Europa” (¿esto cómo se come?) y por ende desea abolir el matrimonio igualitario en España. Cree en la rígida disciplina y un apego total a las cadenas de mando y juega con el lenguaje ante la figura de Franco para mantener un equilibrio de forma que le permita usarlo sin que se perciba un posicionamiento evidente favorable a la dictadura fascista. Por supuesto, piensa que el encuentro con América fue un acto heroico por parte de Hernán Cortés para liberar a los nativos no sólo del yugo mexica sino de lo que su falta absoluta de sofisticación cultural (característica de los grupos de ultraderecha, lo recalco) le lleva a considerar como pagana y por tanto condenable, la visión del cosmos de los nativos originales de América al más puro estilo del Tribunal del Santo Oficio. Tal parece que el PAN al fin se desnudó y se asumió como lo que todos sabíamos y el partido se negaba a aceptar: es un partido de ultraderecha fascista. Defensor de lo que cree, única versión de familia cristiana y “verdadera”: papá, mamá, hijos, perro y una Suburban. Enemigo de las mujeres y de las minorías. Defensor de una sola religión, la Católica. Fiel creyente en la imposición y el yugo como única manera de gobernar. El uso de la fuerza es requisito para mantener la disciplina. Enemigo acérrimo de la diversidad cultural (esto, incluye el tono de piel definido para ellos con un vocablo ya muy cuestionado por la Biología: la raza y por tanto, xenófobo) y del cambio; del valor en el aprendizaje al atreverse a descubrir y valorar “lo diferente”. De mentalidad estrecha y bajo nivel cultural. Creyente en un Liberalismo retorcido como mencioné antes, más cercano a la Monarquía, a la explotación casi esclavista de “los humanos menos hábiles o débiles” y de los recursos naturales; es decir, con una ausencia absoluta de Humanismo y por tanto pese a su alarde de católico, ajeno a la genuina filosofía de Cristo. Y lo peor, su complejo de inferioridad los lleva a creer que somos un país conquistado y que debe recibir aprobación o subvenciones desde la Metrópoli.

Se abren las apuestas: el tiempo dirá si el fascismo institucionalizado logra atraer adeptos de entre los sectores conservadores, menos cultivados, religiosos católicos, xenófobos, racistas y clasistas o sólo anti-AMLO del país y el PAN se fortalece, o en esta fecha el PAN firmó su sentencia de muerte.

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