Textos y Contextos

Por: Miguel Alejandro Rivera

Se hacen llamar Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), son la organización de derecha más influyente del mundo y tuvieron una reunión en México. Mientras en América Latina la izquierda toma fuerza al gobernar casi la totalidad de la región, con líderes clave como Luiz Inácio Lula da Silva, Luis Arce Catacora, Alberto Fernández y el propio Andrés Manuel López Obrador, entre muchos otros, los ultraconservadores se reagrupan, basando sus aspiraciones en los gobiernos italiano, húngaro, o en organizaciones como la española Vox.

Nacida en 1974 en Estados Unidos, explica su página oficial, “la CPAC es uno de los eventos políticos más difundidos cada año por la prensa norteamericana. Se ha consolidado como espacio de aprendizaje, difusión y desarrollo de ideas, con CPACs realizados ya en Israel, Hungría, Japón, Austria, Brasil y, ahora, en México”.

El principal promovente de esta iniciativa en México, es el actor Eduardo Verastegui, personaje a quien se le vio compartir viajes en el avión presidencial con el expresidente Enrique Peña Nieto y que se define en su cuenta de Twitter, donde su foto de perfil es una imagen de San Miguel, como católico y guadalupano.

Y esto no tendría importancia, al contrario, es parte de ser mexicano la libertad de credo y pensamiento; sin embargo, el hecho de que el hijo de Jair Bolsonaro, todavía presidente de Brasil, Eduardo Bolsonaro destapara como candidato presidencial a Verastegui, ya implica a
personajes que, en un lejano escenario hipotético, podrían comprometer la laicidad, toral para nuestro Estado.

Esta reunión de conservadores en México podría pasar inadvertida, como de esos grupos raros de neonazis en América Latina, contradictorios desde su propia concepción, si no fuera porque en su conferencia participaron personajes como Santiago Abascal, de Vox, que ciertamente ha tenido un crecimiento importante en España, así como Steve Bannon, una de las mentes criminales más peligrosas del planeta, exasesor de Donald Trump y promotor de cruentas guerras de los Estados Unidos en varias partes del mundo.

Por ejemplo, en agosto de 2020, Bannon fue acusado de defraudar cientos de miles de dólares a personas que donaron fondos para la construcción del muro en la frontera con México, aunque libró la detención pagando una fianza de 5 millones de dólares.

El polémico exasesor de Trump, que dejó la administración del expresidente en 2017 y ha colaborado con formaciones de extrema derecha en varios países, ha sido acusado de conspiración para cometer fraude electrónico y de conspiración para el blanqueo de dinero, dos delitos que pueden acarrear penas máximas de 20 años de cárcel cada uno; asimismo, es señalado por estar vinculado a la famosa toma del Capitolio estadunidense en enero de 2021.

Pero volviendo con esa extraña ultraderecha conservadora mexicana, Eduardo Verastegui dijo en este foro celebrado en Santa Fe el 18 y 19 de noviembre una verdad que debiera inquietarnos: “No nos quedaremos de brazos cruzados”, asegurando que la derecha partidista, entiéndase el PAN, si a caso incluso el PRI, son “lobos disfrazados de cordero”, una “derechita cobarde”. A su parecer, la verdadera derecha está “huérfana”.

Y sí, aunque en la mayoría de sus posturas, como en la defensa a ultranza de la familia tradicional o el rechazo radical del aborto, el progresismo puede estar en desacuerdo, este punto es real: la ultraderecha podría capitalizar el desencanto de un sector social, conservador, empresarial, clasista, racista y de más, que jamás va a compartir el proyecto del actual gobierno, pero que tampoco ve rumbo en políticos sin ética, congruencia o proyecto, como Alejandro Moreno, Ricardo Anaya, Marko Cortés y compañía, lo cual resulta alarmante si se dejan seducir por radicales del corte de Jair Bolsonaro en Brasil, o Javier Milei en Argentina.

El ejemplo directo es Vox, en España, un partido asesorado por Bannon que guarda en su esencia tintes fascistas, franquistas, racistas, clasistas y tantos vicios contra los que se lucha en la sociedad actual.

Porque los pensamientos de conservadores, ocultos en pensamientos religiosos, nos llevan a reflexiones como las que hizo algún día, por ejemplo, el presidente de Polonia Andrzej Duda diciendo que el movimiento LGBT promueve ideas más dañinas que el comunismo y dijo estar de acuerdo con otro político conservador que afirmó que “LGBT no es gente, es una ideología”.

Los vacíos en los liderazgos para ese sector social aferrado al conservadurismo es peligroso en México y en América Latina. No se debe permitir el radicalismo.

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Por Columnas

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