Fracasaron las profecías del PRIAN: La 4T sigue viento en popa

A estas alturas del partido, el gobierno de México debería estar enfrentando una tremenda situación de crisis, de acuerdo a los pronósticos y profecías de la comentocracia conservadora.

Nuestra moneda debiera estar por los suelos, con un tipo de cambio arriba de los treinta pesos por dólar. La inflación afectando a los sectores comercial y económico, además del bolsillo de unos ciudadanos alarmados y resentidos. La credibilidad internacional, hacia el nuevo gobierno, perdida irremediablemente.

Ese escenario nos ha vendido por varios meses la clase conservadora, a través de sus medios de información. El caos no tarda en presentarse. Hay señales claras de que ya viene. Y, sin embargo, el diluvio anunciado no llega y lo que es más decepcionante para ellos: las pocas nubes que se veían hace poco, desaparecen rápidamente.

Si algo se puede apreciar en México en este momento, es una estabilidad económica y financiera innegable.

El trabajo del equipo del presidente ha sido ejemplar. No hay grietas que denuncien fallas en la estrategia de gobierno. El país funciona normalmente y se encamina paso a paso, en forma segura, a una transformación histórica que rompe por entero con la visión neoliberal de los conservadores.

Hoy en la conferencia mañanera, el presidente López Obrador hizo anuncios importantes.

HSBC, JP Morgan y Mizuho Securitie, bancos internacionales que manejan buena parte de la deuda de Petróleos Mexicanos, aceptan refinanciar la deuda de la paraestatal, en base a un convenio firmado por el titular del ejecutivo y las tres firmas bancarias señaladas.

Los representantes de esas tres instituciones, al hacer uso de la palabra, manifestaron que hay confianza en esos bancos, sobre las políticas que está implementado el gobierno de la Cuarta Transformación, para combatir la corrupción en Pemex y hacer productiva a la paraestatal. Dos líneas de crédito preferente, están a disposición del gobierno, en la modalidad de fondos revolventes.

López Obrador anuncia también que Pemex no se endeudará en adelante y muestra información de los últimos meses, donde es apreciable que Petróleos Mexicanos comienza a dar señales de una recuperación evidente.

Pero no es únicamente la mejoría en la situación de Pemex, lo que da certeza de rumbo al gobierno del cambio. El presidente anuncia que la recaudación fiscal ha sido bastante aceptable en este primer trimestre del año. Hay recursos suficientes para solventar el gasto público.

Nuestra moneda, a pesar de lo incierto del panorama financiero mundial, se encuentra estable y no se ha visto afectada por los problemas económicos que genera la pugna comercial entre Estados Unidos y China.

Los recursos adicionales por el programa nacional de austeridad, así como los que resultan del combate frontal a la corrupción, son suficientes para cumplir con los programas sociales de beneficio a los que menos tienen.

Hay en México un gobierno fuerte, con rumbo, que ha mantenido la estabilidad nacional, en todos los niveles.

Uno se pregunta entonces ¿quién paga a la prensa y a los políticos que intentan desprestigiar a este gobierno que, con hechos y no con palabras, está demostrando que se puede gobernar con rectitud y honestidad?

La prensa fifí publica a diario opiniones, análisis y notas que anuncian la inminencia del fracaso de la Cuarta Transformación. Piden un cambio de rumbo, al más puro estilo neoliberal, que saque al país de una catástrofe que solo vive en la imaginación desatada de la clase conservadora.

Los dueños de los grandes capitales nacionales, están empeñados en predecir ese fracaso que ellos mismos pretenden construir, en base a rumores y falsa información.

Su intención es sembrar la duda en el ciudadano, para que el apoyo al presidente y al proyecto de transformación, se malogre o se detenga.

Gastan enormes cantidades de dinero en promover esta falsa visión de una derrota inexistente. Y ni así consiguen alterar mínimamente el respaldo que el pueblo mexicano otorga al presidente. L administración de López Obrador, disfruta en este momento de un ochenta por ciento de respaldo nacional.

El futuro para los conservadores no pinta nada bien. Es seguro que las calificadoras no bajarán la nota crediticia del país, o de Pemex, después de la renegociación de deuda señalada. Esa era una de las apuestas de la derecha mexicana. Aprovechar una baja calificación, para atacar por ese flanco al gobierno de López Obrador.

Por otro lado, Marcelo Ebrard anuncia que la CEPAL, presentará la semana entrante, el Plan de Desarrollo para Centroamérica, donde se contemplan 30 recomendaciones del gobierno mexicano, para acelerar el crecimiento económico en esa zona.

La seguridad nacional, en lo que respecta a flujo de migrantes y combate a la delincuencia, a través del mejoramiento en las condiciones de vida de los ciudadanos de otros países, está en marcha, no solo en México, sino también en las naciones más pobres de Centroamérica.

Para terminar de nublar el panorama conservador, hace unos días, el presidente de México anunció la intención de su gobierno, de impulsar la conectividad a internet en todo el territorio nacional, a través de una instancia del gobierno federal.

Si con solo el veinte por ciento de los mexicanos conectados a la red, la prensa fifí tiene un problema enorme, para dar credibilidad a su información maquillada y generalmente tendenciosa, con el cien por ciento de la población nacional informándose por redes sociales, el naufragio de la comentocracia conservadora es inevitable.

La gente no tiene confianza en los medios convencionales de información y prefiere tomar las noticias diarias de medios que no tienen compromisos con los empresarios más poderosos del país.

Al parecer, sí está por llegar un diluvio que sumergirá bajo sus aguas a un proyecto nacional. Pero ese proyecto vetusto y decadente, es el conservador. La Cuarta Transformación, según todos los indicadores, goza de cabal salud y tiene camino abierto y promisorio en el corto y mediano plazo.

Los profetas, pitonisas y agoreros de la derecha, no están equivocados en el diagnóstico. Pero sí en quién es en realidad el enfermo terminal.

 

Malthus Gamba
@MalthusGamba