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Con la idea que nació en 1859 en el firmado pero nunca ratificado Tratado McLane – Ocampo, el gobierno de México está desarrollando por fin uno de los proyectos de infraestructura más relevantes en la historia del país en materia económica, el cual por cierto parece haberle pasado de noche a la derecha pervertida que no ha dicho nada sobre este asunto.

El corredor interoceánico del Istmo de Tehuantepec es sin duda alguna la obra más importante del primer sexenio de la 4ª Transformación, por sus características conceptuales y su potencial como uno de los centros neurálgicos del comercio mundial.

Su plataforma básica la integra la infraestructura, que está representada por la modernización de los puertos de Coatzacoalcos, Veracruz en el Golfo de México y de Salina Cruz, Oaxaca en el océano Pacífico, en el que además se encuentra un astillero de la Secretaría de Marina que construye dragas y embarcaciones de todo tipo, así como una planta de licuefacción para gas.

Estos dos puertos ubicados a 307 kilómetros uno del otro en el istmo de Tehuantepec serán conectados por una moderna vía de ferrocarril para transportar contenedores y pasajeros entre los dos océanos, conectando el comercio de Asia con la costa Este de los Estados Unidos, Europa y África.

Además de la vía ferroviaria, los dos puertos se conectarán por medio de un cableado de fibra óptica que permitirá acceso a Internet de banda ancha a lo largo de toda la ruta, en la cual se desarrollarán 10 parques industriales en terrenos desde 300 hasta 1,000 hectáreas de superficie cada uno; 6 de ellos estarán ubicados en el Estado de Oaxaca y 4 en Veracruz. Asimismo, se construye un gasoducto que conectará a los dos puertos y que entre otras cosas servirá para trasportar el gas desde Salina Cruz a Coatzacoalcos.

Aunque esto sería suficiente para disparar el desarrollo regional y nacional, el proyecto no termina ahí, se van a comenzar a desarrollar 3 partes complementarias: una vía de ferrocarril que conectará a Dos Bocas en Tabasco con la que va de Coatzacoalcos a Salina Cruz, otra que lo hará con Palenque para conectar este proyecto con el Tren Maya y una más que saldrá de Ixtepec, Oaxaca desde la línea interoceánica hasta Ciudad Hidalgo, en la frontera de Chiapas con Guatemala.

Las vías de ferrocarril de este proyecto tienen una longitud de más de 1,200 kilómetros, unos 300 menos de la longitud total del Tren Maya. Conectará la refinería Olmeca con el gasoducto y con el ferrocarril, por medio del cual se puede transportar producto hacia el mercado asiático, estadounidense y europeo, además de abastecer a las empresas que se instalarán en los 10 parques industriales.

La vía que llega a Palenque conectará todo esto, desde el istmo de Tehuantepec con el sureste mexicano a través del Tren Maya y la muy larga vía que llega hasta la frontera con Guatemala facilitará el traslado no solo de mercancías, sino de trabajadores que decidan venir a prestar sus servicios en la zona industrial del corredor interoceánico.

Aunque la parte central del proyecto se compara con el Canal de Panamá, su función económica es mucho más que solamente transportar mercancías de un lado al otro; es impulsar el desarrollo de productos, del empleo y de servicios de toda tipo en la región, para enviarlos desde ahí a cualquier mercado del mundo. Es una cortina de desarrollo majestuosa que detonará la generación de riqueza en proporciones inéditas.

Lo más extraño de este proyecto es que a los miembros de la derecha perniciosa, nunca captaron la relevancia de esta obra que se concluirá en diciembre de 2023 y mejor han concentrado todo su rencor en estorbar otros proyectos como el del nuevo aeropuerto o el Tren Maya, cosa que les agradecemos aunque haya sido producto de su desorientación mental.

Como dijo el presidente sudafricano Nelson Mandela: “El rencor es como tomar veneno y esperar que mate a tus enemigos”.

Por Erika