Textos y Contextos

Por: Miguel Alejandro Rivera
@MiguelAleRivera

Mucho se ha hablado ya del caso de Debanhi, la chica que desapareció más de diez días en Nuevo León, para reaparecer misteriosamente en una cisterna. En un país en el que desde 1964 a la fecha hay al menos 95 mil desaparecidos, y contando, más 52 mil personas no identificadas, según cifras de la Organización de las Naciones Unidas, ya es difícil creer en las versiones oficiales de ministerios públicos, fiscalías y gobiernos locales que, incluso, han estado coludidos con el crimen organizado.

Pero, dentro de todo lo que implica el caso Debanhi, algo que rompe el corazón es el ver a sus padres destrozados, porque cuando alguien muere, se quedan los vivos, y en situaciones como esta, lo hacen cargando mucho sufrimiento.

Asimismo, otro de los aspectos que nos deben pesar a nivel social es que Debanhi logró hacerse de un importante sitio en la opinión pública y en la cobertura mediática, con lo que sus familiares, también víctimas, han tenido un foro que miles de madres, padres, amigos y seres queridos de desaparecidos, no han logrado tener. Incluso, muchas mujeres se convierten en rastreadoras porque nunca paran de buscar.

A partir del caso Ayotzinapa, las nuevas generaciones conocieron lo que es la desaparición forzada, un delito vigente desde los tiempos de la lucha que inició Rosario Ibarra de Piedra, en la década de los setentas; sin embargo, este fenómeno permanecía velado hasta que las cifras superaron cualquier parámetro de lo aceptable, incluso yendo más allá de los números registrados durante las dictaduras militares de Chile, Argentina y Uruguay.

En el libro, La desaparición de personas en México, Chile, Argentina y el Kurdistán; voces de víctimas y especialistas, escrito por el autor del presente texto, se trata de dar voz a otras madres que, como los padres de Debanhi, emprendieron una lucha por la búsqueda de sus hijos. A continuación, algunos extractos de sus testimonios.

Cecilia Flores se dedicaba hace unos años, dice, a ser mamá. “No me faltaba nada, yo tenía todo. Justo una semana antes de que pasara lo de Alejandro en los Mochis, yo pensaba que no había mujer más feliz que yo. Pues no lo acababa de decir cuando estaba sufriendo la pérdida de Alejandro y lo perdí todo, se fue toda mi felicidad; mi vida se acabó, mi matrimonio se destruyó, porque yo me dediqué a la búsqueda y se me olvidó que yo era esposa, que era hija, porque me dediqué a ser mamá y a buscar esa parte de mi corazón que me habían arrancado; sin esa parte de mi corazón yo no podía vivir”.

Nora Lira, es y siempre será la madre de Fernanda Sañudo Lira, una adolescente de apenas 17 años de edad que desapareció el 2 de octubre de 2018. La chica salió de casa para visitar a una amiga, pero nunca regresó. Exactamente dos años después, alguien contactó a Nora, le dio las indicaciones de cómo llegar a un sitio donde, efectivamente, estaban los restos de su hija. “El Gobierno no me ayudó, yo la hice de investigadora, de policía, y sigo en el Colectivo (Rastreadoras Ciudad Obregón) porque aquí nuestra ciudad es un panteón clandestino, hemos tenido muchos hallazgos últimamente”.

David Alejandro le dijo a su mamá, Guadalupe Rodríguez, que regresaba en un rato; sin embargo, cuenta doña Lupita, “ya no volvimos a tener palabras mi hijo”. “Él todo me platicaba, no entiendo qué le pasó en esos días”. El último día que fue visto: 25 de octubre de 2014. “Yo ya era puro buscar a mi hijo, yo ya no tenía paz, mi corazón ya no tenía paz; llegaba a dormir, me levantaba y me iba a buscar a mi hijo ahí donde me decían que lo habían visto, porque yo decía, ‘a lo mejor está por aquí, yo pienso que va a estar acá detenido’, o ‘ha de andar por estos lugares’, pero pues no, ya no lo encontraba, ahorita hasta la fecha”.

En ese lugar donde David fue visto por última vez, había un Walmart; Guadalupe se dio cuenta de que en el centro comercial tenían cámaras de seguridad. Pretextando no tener una orden judicial, el gerente no quiso facilitarle un video que fuese pista para encontrar a su hijo. La Fiscalía utilizó el recurso de las grabaciones del Walmart y de otros negocios cercanos cinco meses después, ya que todas las evidencias habían sido borradas. Ocho años han pasado y ella aún quisiera ver la cinta porque quien busca a un desaparecido quiere certezas, y ella necesita saber si en efecto de ahí se llevaron a su hijo.

Pero Guadalupe no es la única que, en Jalisco, busca a un desaparecido. A primera vista, Rosario Cervantes parece no cargar con misterio alguno. Osvaldo tenía 25 años. Como cualquier día lo podemos imaginar siguiendo la rutina de las jornadas laborales, esa que tú también sigues antes de hacer lo que sea a lo que te dediques: despertó, se bañó, se puso su uniforme, se colgó el gafete y se dirigió al empleo en el que era analista de inventarios y al cual ese martes, 22 de julio de 2014, nunca llegó. Osvaldo Javier Hernández Cervantes, hijo de Rosario, tenía que pasar por su hija a la guardería, pero no lo hizo pasó: ese martes Osvaldo ya no estaba.

“Es una desesperación, una angustia, una impotencia… te transforma la vida completamente… ya no sientes ni que eres tú, ya no sabes si la que estás viendo al espejo es esa que tú conocías, porque no te reconoces ni en el espejo, porque no atinas ni a llorar, a esperar, a desesperar; dices: ‘¿y qué más puedo hacer?’, porque yo he escuchado en otros casos que al menos hubo testigos o alguien vio que se lo llevaron, en mi caso no; yo decía, ‘¿a dónde me muevo si ni siquiera pudo haber tomado el camión porque no llegó a su trabajo?’, y más me desespero porque ¿dónde voy a empezar a buscarlo, porque yo sólo sé que salió de mi casa, pero es todo lo que sé…”.

Así lo vivió Rosario, y así lo viven la mayoría de las mamás, quienes después de la desaparición de sus hijos coinciden en frases como: “Una se muere con ellos”, “Jamás vas a dejar de esperar, de buscar”, “Cuando escuchas un coche, sales corriendo a ver si ya llegó”, “Yo sólo quiero que la gente sepa que existió”.

Y entonces empieza la búsqueda: “cuando te sucede entras en un estado de shock o no sé qué cosa, porque pidieron que pasaran 72 horas para aceptarnos la denuncia, porque dicen: ‘ah, ha de andar por ahí con alguna güerota, ¿no?’, entonces ponen la denuncia y yo pensé que íbamos a ver acciones pronto, que íbamos a saber dónde él estaba o lo íbamos a encontrar, pero ya van seis años y todavía eso no sucede”, dijo Rosario entrevistada en 2020.

Así, en cada relato que se presenta extendido en el libro, y el cual se puede descargar de forma gratuita en la página de La Brigada para Leer en Libertad, vemos la desesperación de quienes buscan a un desaparecido en México, y sólo encuentran la indolencia de las autoridades, la revictimización, el desinterés o hasta el peligro de ponerse en el ojo de los perpetradores del crimen.

Puedes descargar el libro en el siguiente enlace:

Por Columnas

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