De contrastes y derrames cerebrales

Como balde de agua fría le cayó encima a los odiadores, la reaparición del Presidente de México en un mensaje videograbado desde Palacio Nacional, 5 días después del anuncio de su contagio por el COVID-19.

Durante esos 5 días, se dieron vuelo publicando por todos los medios posibles sus acostumbradas noticias falsas, plagadas de estupideces que especulaban sobre el traslado del mandatario a un hospital, su intubación y hasta un supuesto diagnóstico de derrame cerebral.

Muchos de ellos seguramente estuvieron cerca de sufrir algo parecido cuando se publicó el mensaje, que volvió a encender las redes sociales con el júbilo de cientos de miles de personas detrás del hashtag #FuerzaPresidente, acompañado de buenos deseos y de manifestaciones de cariño, que hicieron más evidente la nula calidad moral de los odiadores que permanecieron mudos y desorientados durante el día siguiente de esa transmisión.

El tema fundamental del mensaje, además de manifestar su agradecimiento a los mexicanos por sus buenos deseos, fue la gestión del gobierno para recibir la mayor cantidad de vacunas posibles en el corto plazo y así ir cumpliendo con el programa nacional de vacunación que está en marcha.

En él se nos informó que llegarán al país alrededor de 12 millones de vacunas de distintas farmacéuticas que incluyen la producida por Pfizer, así como Sputnik V fabricada en Rusia, y la de Astra Zeneca que se está ya envasando en México para su distribución.

De tal suerte que para finales de marzo, habrán sido vacunados todos los adultos mayores de 60 años que viven en México y se podrá continuar con los enfermos crónicos menores de este límite de edad, a partir de abril.

El objetivo principal de la estrategia de vacunación, se concentra en inmunizar a la población cuyo riesgo de perder la vida por complicaciones derivadas de contraer el virus es más alta; así, para el mes de junio, la letalidad proyectada de esta enfermedad podría haber disminuido hasta en un 80%, una vez que se haya vacunado al 20% de los habitantes más vulnerables.

En estos pocos días que transcurrieron desde el anuncio del contagio del Presidente hasta su mensaje, fuimos testigos de la mezquindad, el egoísmo y la estupidez más profunda de un buen número de personajes públicos que no pueden evitar hacer gala de estos atributos.

Así una senadora sin estudios, criticaba airadamente las capacidades técnicas de una vacuna desarrollada por los rusos, que han sido punta de lanza mundial en innumerables inventos tecnológicos y científicos en la Historia de la humanidad.

Un presentador de notas irrelevantes, se fue a Florida para que lo vacunaran con una dosis que debería haber sido destinada a los adultos mayores de ese Estado norteamericano, provocando gran molestia en las autoridades estadounidenses con el anuncio donde hizo gala de su abuso; a ver ahora quién le pone la segunda dosis.

Los diputados de Morena solicitaron al gobierno que se les diera prioridad en la vacunación, porque ellos se consideran “esenciales”, como si el mismo Presidente de la República que se contagió mientras esperaba su turno, no lo fuera.

Y como para un texto escrito por Kafka, el dueño de la fundación Slim que financia la producción de millones de vacunas que se están envasando en México, se contagió casi simultáneamente al Presidente. Dos de las personas que más han trabajado para que las vacunas estén disponibles para los demás, contagiados al mismo tiempo por no saltarse la fila de la inmunización.

Por cierto, los dos son atendidos por el sistema público de Salud, con médicos que trabajan para el gobierno. Uno en Palacio Nacional y el otro en el Instituto de Nacional de Nutrición, hospital administrado por el INSABI, ese sistema que varios gobernadores prianistas rechazaron admitir en sus Estados.

Como dijo el escritor nicaragüense Sergio Ramírez: “Me apasionan esos contrastes que causa la historia en los seres humanos, grandes acontecimientos que relampaguean y luego quedan en nada. La historia los coloca donde quiere, cambia su vida, los altera.”