Dark electoral

Por: Waldo López Blanco
Tarde calurosa de verano. El viento sopla sin dar consuelo; al contrario, acrecienta las ganas de huir hacia la playa o alberca más cercana. En el tercer piso de un pequeño edificio de la Condesa, en el balcón del departamento 33, se encuentra Pedro Damián Carpentier, treintañero, alto, de mirada lánguida, trabaja en alguna sala del Tribunal Electoral.

Carpentier bebe un jugo de uva mientras sigue tecleando en su laptop. Al lado de esta hay dos compendios electorales, una libreta para apuntes y una Constitución Mexicana versión austera. Desde hace tres meses, se ha confinado en su domicilio, saliendo del mismo en muy contadas ocasiones. La razón principal de su enclaustramiento no es de tipo sanitario, sino académico, pues está preparándose arduamente para un examen que le ayude a conseguir un ascenso.

Así, Peter Di, como lo llaman sus amigos, ha pasado varios días estudiando diferentes publicaciones relacionadas con el derecho comicial. Igualmente, ha tomado distintas clases a distancia ofrecidas por la Escuela Judicial Electoral. Para relajarse, también ha visto en tres ocasiones las tres temporadas de una exitosa serie alemana, Dark, transmitida por el famoso Netflix. Por supuesto, el 27 de junio, hizo todo lo necesario para ser en el mundo uno de los primeros espectadores de los últimos capítulos de ese audiovisual acerca del tiempo.
Las múltiples horas de leer, ver y escuchar doctrina jurídica empiezan a pasarle factura, pues cada día se cansa con más facilidad y rapidez. Esa tarde, la fatiga es aún mayor, siente gran somnolencia, sus ojos pesados, su cuerpo no responde…

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Las pisadas aumentan de fuerza, la respiración se agita, una punzada entre hígado y pulmones se hace sentir, ardor muscular, boca amarga, adrenalina al millón, pero Comicius C. no deja de correr, correr y más correr. Sabe que no debe detenerse, que su vida y la del sistema electoral mexicano dependen de ello.

No tiene más de media hora que se reunió con la Libertad Demokrauzen anciana. Ella le reveló los viajes en el tiempo, lo que ha padecido México por bucles de elecciones cuestionadas-reformas a medias-nuevas realidades problemáticas-elecciones cuestionadas, los intentos para acabar con eso, los bandos en pugna, etcétera.

Comicius, cuyo yo más joven es Pedro Damián, no tuvo tiempo de procesar correctamente toda esa información, pues comenzó a ser perseguido por miembros de la secta Sic fraudis creatus est (Así se creó el fraude), quienes desean eliminarlo, para perpetuar a lo largo y ancho del país las diferentes violaciones a la voluntad popular.

Salió huyendo con la mochila que le entregó Demokrauzen, teniendo como destino una escuela primaria. Mientras va corriendo no puede olvidar las últimas palabras de aquella:

-¡Vete ya!, y recuerda, que los principios sean el fin y que el fin sean los principios-
Llega tambaleándose, brinca el zaguán trasero del inmueble, entra en un salón, en el cual se atrinchera. Inmediatamente, abre la mochila, saca una especie de urna presidencial, equipada con la tecnología necesaria para viajar en el tiempo, ajusta sus pliegues y cejas, oprime botón de encendido, teclea una fecha (dos dígitos para día, dos para mes, cuatro para año), extrae de su bolsillo una boleta electoral dorada, pasa esta por la ranura de la urna, se empieza a ver la entrada del portal.

-¡Ahí está, tiren la maldita puerta!- grita el líder del comando persecutor…
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Pero, ¿a dónde viajó?, ¿a dónde tú irías?, ¿qué cambiar y qué dejar igual? Si la desconfianza es una de las bases sobre las que se construyó el sistema electoral mexicano, así como su principal fuente de problemas, ¿cómo prevenirla?, ¿cuál es el evento origen a evitar?, ¿cómo terminar con esa maldición cíclica?
¿Acaso las respuestas se resumen en 1911? Para influir en la Ley Electoral de ese año, e impedir el inicio de la predominancia del modelo gubernamental de gobernanza electoral, en el cual las autoridades comiciales -tanto organizadoras como resolutorias de conflictos- pertenecen principalmente al Poder Ejecutivo.

¿O 1946?, evitando de esa forma la consolidación del partido hegemónico, así como sus respectivas reformas legislativas de esa época (1946, 1951 y 1973), generadoras de una profunda inequidad. O bien, tal vez la clave se encuentra en 1986, adelantando cuatro años la fundación del Instituto Federal Electoral (IFE), conjurando así la deshonrosa “caída del sistema” de 1988.

Quizás la solución se halle en este siglo XXI: ¿2006? Para evitar la obscena intromisión de poderes fácticos y la propaganda negra. Pero, sin un SUP-RAP-17/2006, iniciado con motivo de la famosa campaña de “Un peligro para México”, ¿se habría creado a tiempo un procedimiento especial sancionador (PES) que ahora hasta defiende derechos humanos fundamentales?

Probablemente sea 2012, probablemente no. Posiblemente la fecha sea la de cualquier sentencia en la que se acreditó una conducta indebida, pero que no fue catalogada como determinante o causante de nulidad. Tal vez, tal vez.
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Carpentier por fin logra despertarse. Lo hace un poco exaltado. Revisa su celular, 20 llamadas perdidas y 20 mensajes de un mismo número, el cual no reconoce. Abre el más reciente texto para leerlo: “Urge que se comunique conmigo, tengo importante información para usted. Libertad D.” …afuera, sigue la tarde calurosa.

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