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Cuando un funcionario del calibre de Santiago Nieto, cae, siempre hay, por lo menos, dos tendencias: los opositores que se alegran porque piensan que es un auténtico traidor y creen que con denostarlo golpean a la #4T, y los que se duelen porque han perdido al ángel de la justicia. ¿Mi opinión? Sí creo que hubo un cierto tipo de traición al espíritu de la Cuarta Transformación, que cruza por la austeridad como bandera, pero tampoco me tiro al piso creyendo que el hombre, en tanto funcionario, es casi insustituible por el cúmulo de valores que lo arropaban, increíblemente, hasta el sábado anterior.

Y empiezo por desgranar la mazorca. Siempre me ha parecido que los mexicanos tenemos un pequeño defecto a partir del entusiasmo que nos causan los triunfos de nuestros compatriotas, y creo que podría llamarlo el “Efecto Chabelo”, que tiene varias ópticas. Ya les diré por qué.

Resulta que si alguien, en tiempos de Chabelo le tocaba ir a ganar una de esas salas de muebles Troncoso, ya era una especie de miembro de la realeza de televisa y, obviamente, en su cuadra. Así, los futbolistas se volvieron héroes; los cantantes se volvieron héroes, los actores y actrices se volvieron héroes; los escandalosos sin mérito también se volvieron héroes y, curiosamente, los héroes han sido asesinados, desaparecidos, desterrados por abocarse a las causas sociales, se invisibilizado y han sido eliminados de la historia… con esto quiero decir que muchas veces hemos perdido la brújula y ponemos más crema en los tacos, de lo que realmente es necesario. Es un buen momento de parar y revisar nuestra listita de héroes para ver cuáles son las cualidades por las que los tenemos en tan alta estima.

Por ejemplo, cuando saco mi propia lista y busco a mis héroes, encuentro en primer lugar, a mi presidente. No le cuelgo falsos milagritos, pero como bien decía el querido Toño Helguera (saludos hasta el averno), es el presidente que estábamos esperando y no es perfecto, más se acerca y tiene varias de las cualidades que un héroe real, debe tener:

  • Es valiente. Puso el pecho ante los ataques del entonces presidente Fox y su camarilla de esbirros que buscaron su aniquilamiento político y, sin saberlo, nos prendieron la mecha.
  • Es solidario. Hizo suyas las causas de los más pobres, de los desposeídos y los injustamente utilizados como botín político.
  • Es humanista. Antes que el beneficio propio, ha trabajado por cuarenta años para el beneficio de los más pobres, enseñándoles a ser dueños de sus propios destinos y devolviéndoles un poco de lo que ellos aportaron para construir este país, o bien, tendiendo la mano a los más jóvenes para que no se pierdan en el camino a su propio futuro.
  • Es historiador nato. Entiende que, para poder avanzar, siempre es necesario revisar el pasado, ya sea para no repetir los mismos errores, o bien, para retomar los principios que cualquier movimiento ha propuesto para crecer.
  • Es transparente. No anda intrigando a lo loco (como siempre quisieron hacernos creer), ni viendo moros con tranchete, pero tampoco oculta transas o convalida actos espurios.
  • Es congruente. Hace y dice lo que piensa.
  • Es sencillo y humilde. Nada más que decir ahí.

Ora que también tiene dos o tres defectos que, para mi gusto, no son tan terribles. Por ejemplo:

  • Es terco, o necio, o empecinado. Los optimistas diremos que eso es una virtud, la virtud de la paciencia, la persistencia, la insistencia y la resistencia.
  • Tiene mucha fe en algunos personajes que, a los ojos del resto del mundo, no son tan así como los súper pulcros. O sea, no es tan crítico como quisiéramos algunos.
  • Es intransigente. No permite que nadie pisotee los principios que, para él, son definitivos. Ni sus hermanos.

Y pues, ya con esos parámetros, puedo decir que no veo a mi Presidente como una deidad infalible, que no ha tenido errores o que supongo que los demás deben ser como él, sino que es un ser humano que se permite esas “fallas”, pero siempre teniendo un rumbo en la vida y, claro, una serie de códigos personales a los qué acogerse para no perderse.

Como buen amante de la historia, ha conducido su vida bajo el régimen de la justa medianía, enunciada por Morelos, sin caer en las opulencias y las tentaciones del poder, lo cual, en su fuero íntimo, podría no ser ni peligroso ni malo. Pero ciertamente, tratándose de un líder que ha adquirido una responsabilidad que trasciende a su propia existencia, esas inconsistencias son completamente prohibidas para él y para quienes están apuntalando este proyecto de nación que busca quedarse para los mexicanos por muchos años. Entonces, es aquí donde se debe bordar fino y darnos cuenta que hay dos opciones: vocación o sólo trabajo.

La vocación es ese llamado que se siente al hacer eso que nos apasiona y es causa de diferencia notable entre la obligación y el gusto. El trabajo es, incluso, una carga para quien no goza lo que hace.

AMLO no ha caminado tantas veces la República entera, ni se ha sentado a platicar con un campesino o ha actuado como si le gustaran las quesadillas, las tlayudas o los tamalitos de chipilín, solo por quedar bien. Es un hombre profundamente auténtico y jamás ha permitido que el rancho le salga del corazón, y eso es lo que le mantiene los pies en la tierra. No simula que está a favor del pueblo y la justicia. Es auténtico. ¡No ha adquirido mansiones, ni autos de lujo, ni tiene ropa de lujo; viaja en clase turista, no va a lugares suntuosos (una vez al año al Cardenal, pero no es incosteable), ¡pero ni hoy ni antes, ni nunca!

Y bueno, hablando de los héroes que a los mexicanos nos gusta ver en cada persona que hace algo diferente, ahora, que Santiago Nieto está fuera de la UIF, parece que le encontraron todos los defectos que tenía y hoy, son su peor ingrediente. Y tampoco es para tanto.

Por ahí me tocó escuchar opiniones de todo color: unas que dicen que la austeridad no tiene nada que ver con las fiestas que cada quien pueda pagar; otros que los amigos eran de la novia y él era inocente, o muchos más, que debió tener una segunda oportunidad (pero no es la catafixia)y aquí, mi opinión.

Cuando uno realiza una función de tan alta responsabilidad, el cuidado que debe poner en ella, es de la mayor envergadura. O sea, siendo el fiscal anticorrupción, titular de la unidad de inteligencia financiera, debe cubrirse un perfil con características muy específicas, más allá de solo la preparación, que esa es hasta secundaria si lo primordial se incumple y eso es: discreción, compromiso, efectividad y distancia. ¿distancia? Sí, de los que conforman el círculo del poder que, en México, está probado y comprobado, son los artífices de la corrupción que nos tiene sumidos en este pozo fangoso del que a veces parece que no podemos salir.

Si esa distancia se acorta, se pierde la eficacia de los demás requisitos, porque entonces se pone en riesgo el compromiso con el país para voltear el compromiso hacia los amigos; la efectividad no puede llegar hasta los niveles más altos, si en esos puestos residen plácidamente quienes mueven los hilos del tinglado de corrupción e impunidad. Entonces, esto es justamente lo que pasó en el caso de Santiago Nieto.

Y no es que el presidente tenga una especie de poder para darle permiso a sus subalternos y compañeros de gabinete de festejar una boda o de ir a alguna fiesta, como otros también dijeron por ahí, pero lo que sí es injusto, es ponerlo en la posición de pedir otra oportunidad para quien ha fallado, cuando el error es, precisamente, el acortamiento de distancia entre los círculos antinaturales del gobierno y el dinero. Porque hay que aclarar, que sin ser pitonisa ni leer el pensamiento del presidente, no es que se oponga a que la gente se case o celebre o sea feliz, o que se gasten sus sueldos y empeñen el alma en las pachangas, no van por ahí los tiros, el caminito es otro.

De las personas que mayor confianza presidencial gozaba es, precisamente, el hoy ex titular de la UIF, porque el trabajo de jalar las hebras de este entramado complejo, aunque evidente, y que une a los funcionarios de regímenes anteriores con los aun poderosos hombres del dinero, requiere, primordialmente, un desapego emocional, amistoso o ideológico de aquellos que como funcionarios, no tuvieron empacho en dar recibir dádivas o chayote; es desviar erarios públicos o presupuestos para niños y pobres; o lavar dinero por medio de algunos negocios confusamente lícitos, o etcétera.

Y si Santiago Nieto aceptó este puesto, con el nuevo gobierno, habiendo salido de su anterior encargo con la reputación intacta y la cara en alto, lo mínimo que se esperaba de él, era ser consecuente, CONGRUENTE con los principios que el presidente exige de todos sus colaboradores y funcionarios. El trabajo que estuvo realizando, ojo, siempre estuvo respaldado por Andrés Manuel, quien en todo momento ponderó su labor, que hasta el viernes, parecía tratarse de una vocación verdadera y que, lamentablemente, hoy desluce por esta boda que no parece empezar con el pie derecho.

Nieto renunció porque se dio cuenta de que su actuar no fue acorde a lo que se esperaba de él y refrendó el apoyo al presidente porque fue quien personalmente le puso en el camino de esta 4T. Negarlo era un acto miserable. Pero ahora, sin hacer leña del árbol caído, sí puedo hacerme estas preguntas:

1. Una boda en el extranjero sirve para:
a) Ser ostentoso
b) Ocultar el evento
2. Invitar a Ealy Ortiz, Josefina Vázquez Mota, exgobernadores, gobernadores, empresarios del teatro, ministros y otros, sirve a los novios para:
a) Presumir el calibre de las amistades
b) Ir tendiendo el camino a puestos de poder a futuro
3. Y en el caso de esos invitados, asisten a la fiesta del fiscal anticorrupción para:
a) Asegurar algún tipo de protección por posibles investigaciones de actividades “irregulares”
b) Ir haciendo inversiones en posibles figuras políticas fuertes
4. ¿Es responsable que el fiscal anticorrupción se embarque en cotitularidad con su esposa, con una hipoteca por 24 millones de pesos, a 20 años, con mensualidades, cada uno de 132mil pesos, si el sueldo de él era de máximo 108mil, por no rebasar el del presidente?
a) Si
b) No
c) Vale pepino la austeridad
5. Su esposa, en congruencia, ¿debería renunciar?
a) Sí
b) No, porque quién paga las cuentas
c) No, porque a ella no la eligió el pueblo y gana como maga en el INE

Aquí, la conclusión sí es clara. En la administración actual NO SE PERMITEN EXCESOS.

Aun tratándose de un hombre a quien el presidente calificó de íntegro, sin necesitar más pruebas, fue sustituido por un hombre a quien tampoco vamos a colgar más medallitas que las que se ha ganado para evitar a toda costa este terrible pecado de santificar a quien no ha sido aún juzgado por la historia.

Pablo Gómez, un luchador de izquierda desde 1968, que fue encarcelado por sus ideales; que ha sido diputado y senador, con capacidad de liderazgo y ecónomo de profesión, pero que siempre ha luchado contra la corrupción y los malos gobiernos. De él, sin más aderezo, el Presidente dijo hoy en su mañanera:

Pablo Gómez es un hombre íntegro, honesto, incorruptible… ¿tengo qué decir más?

Eso es suficiente y esto es la congruencia.

Congruencia debe ser la palabra del sexenio.