Con el PRIAN México había sido el paraíso de parásitos corporativos

Desde hace 38 años, México había sido un paraíso operativo para las grandes corporaciones mexicanas y extranjeras. Solamente aquí habían podido operar prácticamente sin tener que cumplir con sus obligaciones de responsabilidad social corporativa.

Para cualquier empresa privada del mundo, el único propósito que se encuentra establecido en sus estatutos corporativos, es el de generar utilidades para sus accionistas y a esto dedican sus esfuerzos. A ellas no se les puede culpar por intentar hacer lo que les corresponde.

Sin embargo, los gobiernos establecen reglas para que las corporaciones que operan en un país u otro, contribuyan con parte de lo que ganan para que el país pueda desarrollar y mantener los servicios sociales y públicos que garanticen el funcionamiento de la economía y el bienestar de la población.

De esta forma, lo mínimo que cualquier gobierno exige a todas las empresas y a los trabajadores, es que contribuyan pagando un impuesto equivalente a una proporción de lo que ganan.

Por otro lado, también los gobiernos proporcionan servicios y productos que las empresas consumen para llevar a cabo sus operaciones, como energía eléctrica y agua por ejemplo. Estos servicios tienen un costo que debe ser cubierto por las personas que los reciben, sean empresas o personas físicas.

Adicionalmente, las autoridades también establecen reglas para que las empresas que operan en su territorio puedan generar empleos, que otorguen a los trabajadores salarios iguales o superiores a un salario mínimo, con ciertas prestaciones que les proporcionen seguridad social, acceso a vivienda, a servicios médicos, etc.

En los últimos 2 años nos hemos venido enterando que casi todos pagamos impuestos, salvo las grandes corporaciones, a quienes se los condonaban o se los devolvían a cambio de algún favorcito.

También nos enteramos que estas corporaciones contratan empresas conocidas como outsourcing, que se dedican a subcontratar trabajadores para ellas, sin cumplir con el pago de las prestaciones de ley, ayudándoles además a evadir impuestos.

Ahora sabemos además, que las grandes empresas tienen subsidios y sólo pagan una pequeña proporción del costo de la energía eléctrica que reciben de parte de la Comisión Federal de Electricidad, porque la diferencia la estamos cubriendo los ciudadanos,  con un sobre precio que nos cargan directamente en nuestros recibos.

A la fecha los consumidores que no somos grandes corporaciones, hemos estado pagando entre un 20 y un 30% más de lo que debería costarnos la energía y con este dinero se han  subsidiado a las generadoras privadas y a sus clientes asociados, con 411 mil millones de dólares de nuestros bolsillos.

Con éstos antecedentes, se puede explicar la aparición mágica de un buen número de mexicanos que se han vuelto multimillonarios en dólares durante las últimas 4 décadas, mientras la mayoría de la población se mantiene en la pobreza.

México había sido zona de becas y privilegios para un puñado de grandes compañías corruptas, para sus dueños o socios mexicanos deshonestos, que no han tenido que pagar los costos de sus propios negocios, privilegiados por gobiernos insaciables,  a costa de todos nosotros, que los hemos engordado como a parásitos insaciables, sin siquiera saberlo. Por fortuna y aunque se resistan llegó la hora de la purga.

Como dijo el psicólogo y lingüista estadounidense John Grinder: “Cualquier cosa a lo que uno se resista, persiste.”