La Pintura

Todo empezó cuando Lisa decidió regalarle el cuadro que había pintado usando a su hermana Ángela como modelo. Quedó tan bien, que pensó que a Jorge Luis le iba a encantar tenerlo.

Cuando decidió hacerlo, no tenía la intensión de realizar un retrato, sólo necesitaba a una mujer para formarse una idea general de la posición del cuerpo. Sin embargo, conforme los trazos fueron tomando forma el parecido se hizo evidente.

Una vez que la pintura estuvo terminada, Lisa aprovechó una fiesta que organizó en su casa para presentar su obra. Sabía que Jorge Luis y Ángela estarían presentes.

El lienzo de poco mas de un metro cuadrado ocupaba el lugar de honor en la sala, colocado sobre la chimenea daba la bienvenida a los invitados.  Su creadora, había logrado delinear suavemente en tonos marfil un perfil que recostado sobre una piedra, se presentaba desnudo hasta el pecho.  Desde atrás una mano que parecía ajena a la mujer le cubría los senos, como si alguien estuviera trepando por ese cuerpo. Una abundante cascada de rizos rubio cenizo escurría desordenada. Sin duda, la pintora había logrado captar su esencia a la perfección.

Cuando Jorge Luis cruzó esa noche el umbral de la casa, la anfitriona se encargó de que notara de inmediato la pintura. El no pudo contener la sorpresa al descubrir quien había sido la modelo. El pálido rostro, miraba serenamente un cielo casi blanco. Emocionado escuchó cómo la autora, consiguió plasmar la mas pura imagen de su amada. Lisa había decidido obsequiárselo esa misma noche.

Al día siguiente cuando Jorge Luis regresó a su casa con su cuadro, pensando en hacerle un espacio en su estudio, que hacía además las veces de departamento, su esposa lo interceptó en la entrada tomándolo por sorpresa; sin mayores preámbulos le pidió verlo, preguntando en dónde lo había conseguido. Superando el momento de desconcierto, le contestó que se lo habían regalado tratando de restarle importancia, buscando abreviar la conversación. Pero María no se movió, miraba con mucha atención la pintura mostrando mucho interés por ella.

De manera inesperada le preguntó si no tendría inconveniente de colgarlo en la sala, sin imaginar siquiera quien era la modelo.

¿Cómo que colgarlo? -Pensó Jorge Luis ¿En la sala? Pero si María nunca había puesto nada en las paredes de la casa, porque en años no había encontrado algo que le pareciera suficiente bueno para hacerlo.

El trataba de entender qué podría haberle llamado la atención del cuadro. ¿Sería un juego perverso que María le estaba fabricado? No podía creer que su propia esposa le pidiera colocar la pintura de su Ángela en la sala de su casa.

Esa era María, la que vivía permanentemente obsesionada en mantener la creencia ante los demás de que tenía el matrimonio perfecto, haciendo cualquier cosa para maquillar su realidad. Desesperada porque las cosas no resultaban como quería, se sumergía en un torbellino de enfermedades inventadas, perdiéndose entre una docena de medicamentos, que cada cierto tiempo, la llevaban a tener que internarse en un hospital.

En su inconciencia, sus acciones sólo la alejaban cada vez mas de su objetivo. Aunque a veces trataba de mejorar, la traicionaba la necesidad de controlarlo todo, convirtiéndola en víctima de sus propias acciones.

Jorge Luis por su parte, ya había tocado fondo y se había levantado, superando sus propios fantasmas. Ella no pudo.

Esa misma María, era la que sugería ahora para la pintura, el lugar de honor en la casa,  donde antes no había colocado nada, porque nada lo merecía. Ahora, en ésta ridícula puesta en escena, quería colgar esa imagen a la vista de todos aquellos que son el objeto de sus afanes de perfección en defensa de las apariencias, como una revancha de la realidad disimulada pero inevitable, dando testimonio ante su público de la farsa y al mismo tiempo de la verdad; como justicia poética auto aplicada.

Para Jorge Luis era un agravio a su inteligencia, porque otros que conocen la verdad iban a ver la pintura y reconocerían a la protagonista, y saben o sabrán lo que significaba para él.

Lentamente veía cómo se alargaba el espacio entre la pregunta y su respuesta.  Mientras su mente giraba alrededor de la habitación buscando que contestar, las palabras se atoraban en su garganta, no lograba comprender cómo había llegado hasta ese punto.

Quería responder pero sus labios no se despegaban, sentía que sus pupilas podían leerse ahora que se habían dilatado, no quería ni ver el cuadro por temor a que algún brillo en su mirada lo delatara.

Si se alargaba el silencio, podría parecer sospechoso. Se alcanzó a escuchar diciendo un sí con una voz diferente a la suya y cuando cayó en cuenta de lo que había respondido, se encontró con un martillo y un clavo actuando dentro del propio guión que ella le había marcado, colgando la evidencia a mitad de la habitación, bajo la mirada satisfecha de María.

Jorge Luis pensó que tal vez ella había percibido alguna señal y así creía que podría mantener todo bajo control, colocando la pintura en un lugar seguro, como se encierra a un pájaro dentro de una jaula, lo mas alejado de las miradas furtivas de su marido.

Con un nudo en el estómago él salió de la sala dejando a Ángela sola, sabiendo que ahora se encontraba atrapada mirando al techo blanco de la habitación. María quedó satisfecha, hasta que descubrió que ahora  Jorge Luis, por alguna  extraña razón, pasaba más tiempo en aquel lugar que permanecía antes cerrado.