Con el FOBAPROA el pueblo rescató a los empresarios; hoy les toca a ellos salvar al pueblo

Salimos a la calle por necesidad. Atestiguamos ciudades semivacías, con poco tránsito de persona y de vehículos. Es notorio que la gente está atendiendo las recomendaciones de salud que emite el gobierno.
Todos en casa.

O al menos una parte importante de los mexicanos que cotidianamente nos movemos por la ciudad, realizando actividades de cualquier tipo.
Estamos dentro de una Emergencia Sanitaria que durará un mes, de acuerdo a las estimaciones preliminares que hace el sector salud.
No hay pánico en los ciudadanos. Todo indica que, en lo que corresponde al peligro que representa la enfermedad en sí misma, la gente está consciente de los riesgos y toma las medidas adecuadas para evitar el contagio.

No hay pánico, pero sí preocupación y esta sensación tiene poco que ver con la enfermedad. El riesgo económico que corre el país en el corto plazo, es lo que verdaderamente perturba la tranquilidad habitual de los ciudadanos.
Parece que la gente en forma general, apoya el programa de “Sana Distancia”, en un intento por salvar su fuente de empleo y con ello el alimento para su familia, más que por una preocupación real hacia la enfermedad.

Pocos hablan del COVID-19, como una amenaza de muerte inminente. Se tiene la intención de no resultar infectado y para ello se cumplen las conocidas disposiciones de salud recomendadas.

El verdadero peligro que acecha a miles de familias en este momento, es el despido inmediato por parte de quienes los tienen contratados.
Pocas veces en la historia de un país, la clase social acomodada, con fortaleza económica inocultable, se ve obligada a mostrarse solidaria con las necesidades del resto de los ciudadanos.
Históricamente, ha sido el pueblo del país, quien acude al rescate de los grandes empresarios, cuando determinado sector productivo entra en crisis.
Así le pasó a los mexicanos con el FOBAPROA, en tiempos de Ernesto Zedillo. Los bancos quebraron y los ciudadanos absorbimos la deuda monumental que las empresas bancarias no podían pagar.

Y a final de cuentas, ni las gracias nos han dado estos empresarios, por ocuparnos de liquidar durante décadas, una deuda millonaria que ninguno de nosotros generamos.

En este momento de incertidumbre social, se hace necesario que la gente del poder económico, pague un poco del adeudo moral y ético que tiene con la clase trabajadora.

El pueblo de México no pide que le regalen algo. Únicamente solicita solidaridad de parte que quienes fueron rescatados en el pasado, para solventar un momento difícil, ocasionado por la emergencia de salud que vivimos.
Si los mexicanos hemos pagado con nuestros impuestos, los rescates bancarios, carreteros y energéticos que ocasionó el neoliberalismo durante las pasadas décadas, justo es que en tiempos de la Cuarta Transformación, cuando se vive una crisis de salud, sean esos mismos empresarios quienes apoyen a los trabajadores del país, pagando los sueldos a sus empleados, durante el mes que dura la emergencia de salud señalada.

Como dijimos antes, la preocupación de la gente está enfocada en este instante, en el alimento necesario para sobrellevar el mes de resguardo que la autoridad nos pide. Se requiere del salario habitual para poder adquirir esos alimentos.
Pretender descansar al personal durante este periodo, con permisos sin goce de sueldo, es una actitud falta de ética y totalmente inmoral, cuando las condiciones económicas de los dueños de las empresas, permiten cubrir íntegramente los salarios.

Todas las grandes y medianas empresas tienen la posibilidad de hacerlo así. El no registrar ganancias durante un mes, no va a llevarlas a la quiebra. Únicamente reducirá su margen de ganancia en el año. A cambio, habrán salvado a sus trabajadores de una situación sumamente difícil. Estarán procurando alimento a las familias de la gente que trabaja para ellos.

Ese es en realidad el gran problema que enfrenta el país en este momento.
La petición del presidente López Obrador al empresariado, gira en ese sentido: “no despidan personal durante este mes de reclusión obligada”.

Si en algún momento las grande empresas que trabajan en el país, nacionales o extranjeras, esperaron la oportunidad para demostrar que no todo lo que se habla sobre los propietarios de las mismas, es cierto, hoy tienen en sus manos la manera de demostrar con hechos, que efectivamente son un sector responsable, solidario y congruente, ante una situación de emergencia, que requiere de su apoyo desinteresado.
Esta es la hora de los empresarios. Hoy van a demostrarle al pueblo mexicano de qué están hechos.

Por ahí han salido personajes corruptos y siniestros, como Javier Lozano Alarcón y Felipe Calderón, invitando a los empresarios a no liquidar a sus trabajadores salarios completos, durante el mes que durará la emergencia sanitaria.
Argumentan en favor de esta invitación, artículos de la Ley Federal del Trabajo, que en realidad operan durante una contingencia sanitaria.
Pretenden engañar a la gente, de acuerdo a su costumbre, porque en este caso, se trata de una “emergencia” sanitaria. Un caso distinto a la “contingencia” que ellos señalan.

Pero en realidad, tal y como lo dijo el presidente López Obrador el día de hoy, no se trata de un asunto legal, ni se pretende que esta situación especial se defina en los tribunales.

Es una cuestión de ética, Un asunto de responsabilidad y solidaridad.
La seguridad de miles de familias, depende del compromiso y actitud que en este momento, asuman los propietarios de las grandes y medianas empresas en el país.

En la vida no todo es ganancia. Ese es uno de los mitos creados por el neoliberalismo corrupto.
Existen valores personales que deben importar, tanto o más que la especulación económica.
En el periodo de un mes, seremos testigos de la respuesta social que den los empresarios a este problema.
Personajes oscuros y corruptos como Felipe Calderón, Javier Lozano Alarcón y la clase política panista, están invitando al empresariado a crear un clima de inestabilidad política. Si no se cubren los salarios a los trabajadores durante las próximas dos quincenas, habrá descontento, generado por el hambre. Esa es su apuesta.

Del otro lado, está la credibilidad de los nombres y marcas que identifican a estas empresas. Se verán muy dañados si no hay solidaridad de su parte, ante una situación que se vive hoy, a causa del Covid-19.

Y está lo más importante: la ética y la moral de los propietarios de estas fuentes de empleo.
Que cada quien asuma su decisión con la responsabilidad que le dicte su conciencia.
Después del paso de la epidemia, habrá ganadores y perdedores, de acuerdo a lo que cada uno haya decidido.

Malthus Gamba