Por José García
@Josangasa3

La confusión informativa genera la confusión política y descomposición social. La responsabilidad de los medios en momentos como el que atraviesa el país es cada vez mayor. Los mexicanos ahora enfrentan una amplia gama de versiones sobre una misma realidad. La estridencia de esas interpretaciones llega al extremo de que la gente escoge el medio que coincide con sus ideas, aunque sepa que miente.

Quienes dicen que no entienden la realidad debe reclamarse a sí mismos haberse informado mejor. Se afirma que la confusión sobre la realidad se debe a una sobrecarga de comodidad. Los medios electrónicos, hicieron de la realidad un espectáculo, cuyo guion no podía modificarse. El final de cada película era inalterable, así como en la realidad.

Se pasó de un público altamente activo intelectualmente que se informaba a través de la lectura, a ser simple espectadores de una realidad cuya veracidad no se cuestionaba. La comodidad se legitimaba como un nivel superior en la calidad de vida, mientras menos trabajo más bienestar. A mayor comodidad al ver las noticas mayor distancia con el actuar. Informarse desde la comodidad del hogar sigue siendo un factor de estatus social.

Se insistía en que nadie debía molestarse para informarse, ni siquiera para encender el televisor, los controles remotos logran que la realidad acaricie el descanso de quien se informa como un bálsamo, pero nunca como un llamado a la acción o a la transformación de esa realidad que aparece en esa pequeña ventana.

Así, relajados, la manipulación era más eficaz, con noticias que no permitían cuestionamientos. Era la realidad, tal y como la narraba la televisión, no había alternativa más que la impuesta por los lectores de noticias que de la noche a la mañana se volvían expertos en absolutamente todos los temas.

A esos expertos improvisados se les nombró líderes de opinión en lugar de denominarlos pastores de rebaño. La manipulación era tan evidente que nadie la advertía. El espectáculo creció, derivó en morbo, hasta que su impacto se volvió desconcertante, confuso, y entonces se crearon los montajes que convirtieron en noticias.

En esos escenarios está incluida la imaginación de reporteros que eran presionados por superar cada día la noticia del día anterior, en nombre del rating, sin importar ética ni verdad. La gente debería sentir que vivía en el corazón de la realidad y su latido eran las voces de los fantasiosos locutores con permiso para mentir.

Los cargos públicos dejaron de ser noticia para convertirse en espectáculo, la información sobre la administración pública se redujo a la vida personal de los funcionarios, su tarea fue algo secundario. Eran seres superiores a quienes todo se les permitía y esa impunidad lejos de causar indignación producía admiración. Todo por mantener el espectáculo vivo, el rating de la mentira.

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