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Columnistas, políticos y analistas; epidemiólogos ‘patito’ de la derecha

Hace pocos meses, las redes sociales pusieron al descubierto que el político panista-priista, Javier Lozano Alarcón, había mentido sobre la realidad de sus estudios superiores.
Alarcón señalaba en su currículum que contaba con una maestría en derecho. Las redes sociales descubrieron que la supuesta maestría, la cursó en una academia “patito”. Uno de esos centros de estudios que no expiden documentos con acreditación oficial.
La burla en contra de Lozano Alarcón fue grande y el político poblano no pudo responder algo creíble a su favor.
Este caso es solo una muestra de la forma en que se comporta en la actualidad, buena parte de la clase política del país, pero sobre todo, la prensa autocalificada como “profesional”.
Vamos a ver ejemplos claros.
León Krauze, uno de los golpeadores a sueldo que trabaja para los grupos conservadores dentro y fuera del país, estudió la carrera de Ciencias de la Comunicación en el Tecnológico de Monterrey. Inicia su carrera periodística como comentarista de eventos deportivos, porque no tenía experiencia alguna como para aspirar a una posición de mayor envergadura dentro del mundo de la radio y la televisión. Ni el auxilio de su padre, que siempre ha sido sombra protectora a sus espaldas, pudo brindarle mejor oportunidad para entrar al mundo de los medios masivos de comunicación.
En una transición hipersónica, León Krauze se vuelve periodista enfocado en temas políticos y económicos. Un experto en política internacional y un crítico feroz, aunque de pocos argumentos, en contra del gobierno del presidente López Obrador. La mano de su padre le da el impulso suficiente, para colocarlo en una posición estratégica desde la cual puede hacer el trabajo sucio que requieren los grupos de poder conservadores.
Actualmente, León Krauze es también un científico que habla a diario sobre la epidemia de coronavirus, desdeñando el trabajo que los verdaderos profesionales de la salud, realizan a diario para atender la enfermedad.
El padre de León, Enrique Krauze, es ingeniero de profesión e historiador por autoproclamación. Nunca estudió de manera formal, alguna carrera relacionada con la Historia. Pero a fuerza de rodearse de verdaderos conocedores del tema y de haber recibido apoyo de Televisa para producir algunos videos con tema histórico, hoy se hace llamar historiador. Los pocos libros que ha escrito sobre la historia del país, no pueden ser considerados trabajos de investigación.
Hoy Enrique Krauze se autonombra por segunda vez, como experto en ciencias médicas, con especialidad en epidemias. Rebate a las autoridades sanitarias del país y reclama la adopción de medidas inmediatas para resolver el problema del coronavirus.
Lo mismo sucede con Jorge Berry, que por años fue un cronista deportivo de mediano pelo y que hoy se nos presenta como analista político de primer nivel y reputado especialista en enfermedades de contagio. No tiene respeto por quienes sí estudiaron carrera y especialidad, en la rama de la medicina vinculada a los contagios epidémicos.
Denise Dresser, de quien no se sabe a ciencia cierta que estudió, ya que al parecer no hay registro de cédula profesional a su favor (ojalá nos desmienta), también nos da cátedra diaria sobre la mejor forma en que debe tratarse la nueva enfermedad, sin olvidar atacar al mismo tiempo, a las autoridades sanitarias del país, que dicho sea de paso, sí cuentan con registro profesional.
Carlos Alazraki es un personaje dedicado a la publicidad y a la mercadotecnia. Pero en épocas de epidemia, aparece publicando recetas certeras para resolver el problema del coronavirus, sin olvidar el ataque sistemático a la estrategia oficial de salud y a los profesionales que trabajan en ella.
Felipe Calderón no necesita presentación alguna. Uno de los peores presidentes que haya sufrido el país en las últimas décadas. Responsable de la muerte de cientos de miles de mexicanos, a consecuencia de una estúpida guerra contra las bandas del crimen organizado, de quienes en realidad era aliado ( su secretario de seguridad Pública trabajaba conjuntamente con el cártel de Sinaloa), hoy nos dice que tiene la capacidad de salvar vidas, en base a sus conocimientos epidemiológicos. No le parece acertada la estrategia de salud de este gobierno, al cual odia y señala caminos distintos para combatir una enfermedad de la que en realidad nada sabe.
Marko Cortés es un contador público de profesión. Pésimo político de la derecha y un mentiroso consumado. Sin embargo, define estrategias médicas para controlar dentro de nuestras fronteras, la difícil situación que provoca la presencia del coronavirus. Es un experto más, que se opone a la aplicación de medidas sanitarias, nacidas de los especialistas que trabajan en las instituciones públicas federales. No puede aceptarlas porque las asocia políticamente, con el partido político Morena y con el gobierno de la Cuarta Transformación.
Podríamos continuar con la lista, pero estos ejemplos son suficientes para dejar en claro que la clase política conservadora y los periodistas que trabajan a su servicio, han adoptado una conducta donde lo principal para ellos es aprovechar un problema nacional de salud pública, en beneficio de sus intereses políticos.
Apoyar al sector salud en la implementación y operación de una estrategia que permita salvar vidas y protejer a los enfermos potenciales, no está dentro de la esfera de sus planes.

La idea central de esa estrategia, está en el golpeteo político permanente. No se escapan de esta perversa campaña, los especialistas médicos que dedican su tiempo y trabajo a la construcción de medidas adecuadas, que sirvan a los mexicanos en los siguientes meses.
La descalificación que estos “expertos patito” hacen a diario, abarca a todo personaje público que forme parte del actual gobierno.
Estos “científicos de la miseria” que desconocen totalmente el tema que critican, pretenden crear confusión y temor social. Esa es la finalidad de su campaña sucia.
No ven la epidemia como un riesgo real. El temor para ellos está en perder las elecciones intermedias del año próximo.
Que haya muertos en el país a consecuencia de la enfermedad, les interesa poco. Recomiendan medidas inapropiadas, con la esperanza de que el gobierno las tome en cuenta y cometa un error fatal, del cual aprovecharse.
Los únicos especialistas a quienes debemos atender, están trabajando diariamente en el sector salud.
Son los que aparecen siempre en la conferencia mañanera del presidente y en la conferencia nocturna, de las siete de la noche.
Ellos sí estudiaron una carrera médica y tienen especialidad en enfermedades de contagio.
Los otros “científicos de a dos pesos”, son habladores y corruptos pagados. O políticos que se aferran a su visión neoliberal, que lo único que nos heredó fue miseria y corrupción.
No le hagamos el juego a quienes “mienten como respiran”.
Informémonos con los verdaderos profesionales.
Es lo sano.

Malthus Gamba