Claudio X. o la ambición desmedida…

Al interior del mundo neoliberal, hay una regla de oro que es imposible ignorar. En ella se sintetiza toda la teoría político-económica de un régimen basado en la concepción del libre mercado. Esa norma básica puede simplificarse en un aforismo más o menos de este tipo: jugar al neoliberalismo tiene un principio conocido por todos. Pero nadie conoce el final para del juego. La ambición, el deseo de poseer más cada día, es irrefrenable.

La competencia permanente entre unos y otros, obliga a estar alerta en todo momento. La libertad en el mercado origina que nunca exista seguridad en el ámbito económico de cada empresa. Los competidores son enemigos potenciales, con disposición permanente para hacerse de nuevas áreas de influencia, ganadas a cualquier precio.

La guerra comercial es feroz y despiadada. Ahí se da literalmente el ejemplo vivo de la Ley del Más Fuerte. La ley de la Selva. Incluso los grandes monopolios compiten a diario entre si. Muchos titanes económicos, a los que se creía invencibles, han caído por tierra a consecuencia de esta guerra sin fin entre predadores despiadados.

La base del neoliberalismo es entonces el deseo, siempre insatisfecho, de mayor posesión. Nunca es suficiente lo que se tiene. La zanahoria está diario a la vista pero será inalcanzable para cualquiera de ellos. La meta se encontrará siempre en la riqueza que llegará el día siguiente, que nunca será hoy ni mañana. Siempre se ubicará en un indefinido día siguiente.

Los neoliberales son ambiciosos por formación. Aprendieron desde la escuela a moverse de ese modo. Se les educa para ser ambiciosos. Pero no a serlo en lo relativo al desarrollo personal y crecimiento a plenitud como seres humano. Es una ambición acumulativa de cosas materiales, o de fama permanente, o de poder sobre los demás. Hay gradaciones en este sentido.

El empresario neoliberal vive para acumular fortuna, influencia política y reconocimiento social.

El político neoliberal trabaja para acumular poder político primeramente, fortuna que le permita participar en el mundo social al que aspiró desde la infancia y algo de fama para rematar.

El intelectual y el artista neoliberal, anhela antes que nada la fama y después el beneficio económico que la acompaña. Un poco menos el poder el político que acaso puede llegar a un personaje conocido por muchos.

Todos estos neoliberales tienen en común esa ambición desmedida. Pero hay algunos que superan a los demás por su voracidad.

En México tenemos actualmente a la vista el caso de Claudio X González Guajardo.

Hijo de otro empresario ligado al neoliberalismo en los tiempos de Carlos Salinas de Gortari, Claudio nació y creció entre sábanas de seda y con la seguridad de que su familia se encontraba por encima del resto de los ciudadanos mexicanos. Había otros de su clase, pero eran en realidad muy pocos.

Claudio X González aprendió de su familia a ser un destacado traficante de influencias. Prosperó durante el periodo neoliberal acumulando una gran riqueza. Sus empresas consiguieron contratos ventajosos al amparo del poder político gobernante. Fue parte de la conocida “mafia del poder”, o de los “poderes fácticos”.

Fue de los que patrocinaron, promovieron e impulsaron a los últimos “presidentes florero”. Ellos eran en realidad los verdaderos gobernantes en el país. Y son quienes vendieron a precio de remate remate, buena parte de la nación, para obtener beneficios personales o de clase.

Pero el sueño terminó con la llegada a la presidencia de Andrés Manuel López Obrador y la Cuarta Transformación. Se acabó el influyentismo y la corrupción. México tiene un presidente de verdad, que pone freno al desastre neoliberal.

Claudio X González, se ve obligado entonces a salir de las sombras. A dar la cara políticamente hablando, para defender sus intereses, que como hemos dicho se centran en la ambición desmedida.

Es la figura empresarial que financia la causa conservadora. Paga para atacar al actual gobierno democrático. Quiere el regreso del neolibealismo al poder. Crea al TUMOR, con los restos del PRI, PAN y PRD. Patrocina la guerra sucia en medios de comunicación propiedad de conservadores. Contrata y cubre honorarios de periodistas “chayoteros”

Todo por ese deseo de poseer más. De sentirse poderoso en todos sentidos. De gobernar a la sombra de títeres políticos.

Las esperanzas de Claudio X González están ubicadas en las elecciones intermedias de este años. Desea que el TUMOR recupere el control de la Cámara de Diputados en la siguiente legislatura. Requiere para ello votos ciudadanos en buen número.

Esa ambición de Claudio X González, lo impulsa a arreciar su combate en contra de la Cuarta Transformación. Combate que tiene perdido desde hace bastante tiempo.

No puede entender que el pueblo al que hoy pide su voto, lo desprecia. Ese pueblo sabe que es uno de los principales culpables del desastre nacional neoliberal. Conoce a sus cómplices agrupados hoy en el TUMOR. Por nada del mundo permitiría que los mismos saqueadores de siempre recuperaran el poder.

Por el contrario, el “Tigre” desea desaparecer todo vestigio neoliberal. Acabar con los integrantes del “Pacto Contra México”. No dar voto alguno al PRI, PAN o PRD. Los quiere ver como reliquia histórica. Como integrantes de una mafia político-empresarial que causa vergüenza a todos.

Claudio X González tuvo que salir de su cómodo nicho de privilegio, por la imposibilidad actual para seguir traficando con un poder corrupto. Encabeza una cruzada nacional que no persigue un fin justo. Los políticos reaccionarios están desacreditados, del mismo modo que la prensa tradicional. No hay competidores fuertes que puedan pelear decorosamente ante la Cuarta Transformación.

Y Claudio piensa que él puede marcar la diferencia en estas elecciones, pagando (él le llama invertir), para que la gente vote a favor de los antiguos corruptos.

La ambición ofusca, ciega y engaña a quien la padece. Hoy Claudio sigue una zanahoria que parece a su alcance, pero que en realidad nunca atrapará.

México cambió mucho. El Tigre no cree en embaucadores, ni se deja engañar. Los ambiciosos del pasado no van a pasar la aduana de las elecciones intermedias. México dejó de ser “tierra de conquista” desde el 2018.

Claudio X González no lo acepta aún. Pero la realidad, que se estrellará en su cara en estas elecciones intermedias, le dejará claro el mensaje de que en este país dejaron de mandar los caciques de otros tiempos.

Nunca más un México sumiso y en manos de saqueadores de cuello blanco.

Malthus Gamba

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