Calentamiento de las calles

“La caída de un régimen no trae por consecuencia una utopía.  Más bien abre el camino a un trabajo ingente y a esfuerzos denodados, a fin de construir unas relaciones políticas, económicas y sociales más justas y erradicar otras formas de injusticia y opresión.”

Entender estas palabras de Gene Sharp, fundador del Instituto Albert Einstein con sede en Boston, Massachusetts en los Estados Unidos y creador del manual llamado De La Dictadura a La Democracia, nos ubica y nos permite darnos cuenta de que la caída del régimen de saqueo, injusticias y masacres que logramos en México en 2018, no es más que el principio de un camino en la construcción de una sociedad mejor.

Es el inicio de un proceso en el que ni siquiera sabíamos la magnitud de las aberraciones políticas, económicas y sociales, que prevalecían como contexto de nuestra vida pública. Esto hemos tenido que descubrirlo gradualmente conforme vamos desenmascarando las estructuras de corrupción y las telarañas de intereses cruzados en las que se fundamentaba el régimen neoliberal degenerado.

Hoy estamos en un proceso de transición que implica desvelar y exhibir la naturaleza del comportamiento disfuncional de ese régimen, para poder entenderlo y terminar por desarmarlo definitivamente.

Es cierto que existen otras formas de intentar desmantelarlo que podrían antojarse más expeditas; sin embargo, prácticamente todas ellas pasan por ejercer el autoritarismo y se corre el riesgo de no evidenciar suficientemente la esencia podrida de lo que estamos destruyendo y como consecuencia, al no comprenderlo bien corremos también el riesgo de facilitar su regreso en el futuro.

Resulta hasta cierto grado frustrante observar como los operadores del viejo régimen, se avocan entusiastas a promover una guerra híbrida en contra de la transformación pacífica que se está llevando a cabo por todos los cauces legales, presentando amparos y procesos judiciales para entorpecer los avances, difundiendo mentiras en los medios corruptos para proyectar una realidad inexistente, calentando las calles con movimientos violentos que enfurecen a los ciudadanos.

A veces nuestra frustración nos motiva a desear que la actuación del gobierno fuese más parecida a las prácticas de los gobiernos anteriores y que diera un manotazo sobre la mesa, que terminar de una vez con estos comportamientos antisociales por parte de los sociópatas depravados que sólo saben vivir del saqueo.

Sin embargo, la aparentemente excesiva tolerancia que se ha otorgado a estas prácticas operadas por mentes enfermas, está logrando un calentamiento de las consciencias. Nos está permitiendo desnudar su naturaleza y entenderlas completamente, para poder desmantelar sus estructuras en forma definitiva. Sin dudas ni tribulaciones.

Tomando en cuenta la adaptación social al comportamiento autoritario que tuvieron la enorme mayoría de nuestros gobiernos en la historia, esta posición en la aplicación de la libertad plena, la tolerancia absoluta y la defensa firme de los derechos humanos en la actuación del gobierno actual, está siendo un proceso doloroso, pero sumamente aleccionador, porque nos permite contar con una visión clara de la verdadera esencia de aquello que tenemos que desterrar para siempre.

Como lo dijo el historiador irlandés Patrick O’Hegarty: “Cuando hayas madurado las condiciones para que este asunto se resuelva, entonces—y nunca antes de ese momento—se resolverá.”