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“Ni la revista Proceso, ni Carmen Aristegui han sido aliados del movimiento de transformación que impulsa este gobierno. No fueron nuestros aliados en el pasado y no lo son ahora. Carmen Aristegui escribe en el Reforma y su línea editorial tiene que ver con los interese que defienden los conservadores. Proceso, desde el tiempo de don Julio Scherer, a quien aprecié y respeté en vida, ya tenía una posición crítica y parcial hacia el movimiento que estábamos construyendo. Hoy, la revista es totalmente de corte reaccionario”

“Hago este señalamiento, porque hay gente que piensa aún que Carmen Aristegui y Proceso, son afines al proyecto de transformación que está viviendo el país. Y no es así”

“Ellos argumentarán que practican un periodismo independiente, sin filias, ni fobias. Y es efectivamente independiente su periodismo. Pero independiente del pueblo”

Lo escrito anteriormente, es un resumen de lo que declaró hoy el presidente López Obrador en la conferencia mañanera y la intención clara, fue desenmascarar, “desensarapar” a dos emblemáticos medios de comunicación y a sus rostros más visibles, dedicados a golpear solapadamente, al gobierno del presidente López Obrador, en base a manipulación informativa y en varios casos, lanzando calumnias descaradas.

Hay gente que efectivamente mantiene la idea de que Carmen Aristegui es una profesional intachable del periodismo. Pero basta echar una mirada superficial a sus “mesas de análisis” para darnos cuenta de que la composición política en estos espacios, está integrada por reaccionarios de extrema derecha, como lo son Denise Dresser, Sergio Aguayo y el exministro José Ramón Cossío Díaz.

Aristegui directamente, asume el papel de imparcialidad que le conviene. Se constituye en mediadora en las opiniones que debaten sus invitados y los integrantes de las mesas, que por regla general, siempre son en su mayoría conservadores. Pero es claro que la intención de su programa noticioso, es fijar una visión reaccionaria en la mente de su audiencia. Hablan más los neoliberales, por ser mayor su número en el debate. Lorenzo Meyer es una de las pocas excepciones en cuanto a visión política. Y gracias a su capacidad indiscutible para el análisis, logra mantener a raya al resto de los participantes. Da una visión alterna y con mayor apego a la realidad, respecto a los problemas que se plantean para discusión.

De Proceso ya se había hablado bastante, antes de las palabras del presidente el día de hoy. Sabíamos que la hija de Julio Scherer, es esposa de Juan Ignacio Zavala, quien a su vez es hermano de Margarita Zavala, esposa del expresidente Felipe Calderón. Juan Ignacio Zavala ha asumido un papel importante dentro de Proceso, aunque él y su esposa intenten mantener la imagen de imparcialidad informativa en la revista. Proceso se volvió descaradamente reaccionaria, a la muerte de Julio Scherer.

En cuanto a Carmen Aristegui, podemos decir que su estrella se ha ido apagando de a poco. La numerosa audiencia que la acompañó en su salida de MVS, a consecuencia de señalar el posible alcoholismo del expresidente Felipe Caderón, no es la misma que visita actualmente su portal de noticias. Dejó de ser uno de los espacios noticiosos más importantes del país.
La filiación conservadora que muchos habían advertido desde hace bastante tiempo es confirmada por las palabras del presidente López Obrador el día de hoy.

Y es que el golpeteo constante a la figura presidencial, escaló a un nivel que resulta inadmisible.

Carmen Aristegui, experta en presentar “investigaciones a modo”, cuando así conviene, publicó hace unos días un “análisis” en el que se “siembran” dudas sobre el programa Sembrando Vida y la familia del presidente López Obrador.

Es un reportaje burdo y sin fondo, con pretensiones de estudio profundo.

De manera resumida, podemos decir que se critica que haya sido la planta del cacao, una de las especies de cultivo elegidas para el desarrollo del programa en el sur del país. Se intenta relacionar la actividad empresarial de los hijos mayores del presidente López Obrador, con esa decisión. La actividad empresarial de los hijos del presidente, tiene que ver con la producción y venta de chocolate de excelente calidad, tanto para consumo interno, como para exportación.

Del mismo modo, se habla de un paisano y antiguo vecino del presidente mientras vivió en Tabasco, que participa en la implementación del Programa en la zona sur del país. Se dice que es un empresario que también ha hecho negocios por años con el chocolate.

Lo curioso de todo esto es que no hay nada que pueda echar en cara el estudio que presenta el Portal Aristegui. La planta del cacao, tal y como lo señala la investigación misma, requiere de TRES AÑOS de cuidados para comenzar a dar frutos. Lo que hayan hecho en el pasado y en la actualidad estos empresarios, es resultado de su esfuerzo personal. Nada tiene que ver con un Programa que apenas arranca, en cuanto a disposición de cacao proveniente de Sembrando Vida. Aún no existe grano generado en estos cultivos.

Además, es mentiroso decir que solo se está sembrando cacao en el sur del país. El programa contempla también árboles maderables y frutales. Se siembre café, canela, pimienta negra y laurel, entro otros.

Los hijos del presidente López Obrador iniciaron su actividad empresarial, basada en la producción y venta de chocolate, mucho antes de que tuviera forma el Programa Sembrando Vida. Lo mismo la persona que auxilia en la coordinación del Programa en el sur del país. Y precisamente por eso se le ofreció el nombramiento de director técnico del Programa, cargo que rechazó, para solo dar asesoramiento técnico al mismo. Esto es, no es funcionario público. Es una persona honesta que conoce bien el proceso de siembre, cuidado y cosecha del cacao y su posterior procesamiento para obtener chocolate.

Ni los hijos del presidente, ni esta persona, tienen intereses económicos en la producción y venta de chocolate al mayoreo, para consumo casero. Su mercado es bastante menor y va dirigido en buena parte a la exportación.

No hay prueba alguna por parte de la investigación de Carmen Aristegui, que pueda configurar una presunta conducta ilícita.
Se acude al “sospechosismo”, como lo dice claro el texto del artículo publicado: “El ingeniero niega que tenga una relación comercial con los hijos del presidente. Sin embargo, los vínculos entre su empresa y Finca El Rocío son llamativos”.

Es un golpe bajo, con el claro sello del conservadurismo inmoral. No se presenta aprueba alguna, pero se siembra la sospecha, que alcanza a los involucrados en forma de calumnia.
Por eso hace bien el presidente López Obrador al señalar el día de hoy que tanto Aristegui como Proceso, no obstante la máscara de independencia e imparcialidad periodística que portan, son en realidad parte del periodismo opuesto a la transformación del país. Son reaccionarios.

Y se los dijo el presidente con toda claridad; “Claro que son periodistas independientes. Pero independientes del pueblo”
Carmen Aristegui y Proceso fueron parte del rebaño de “vacas sagradas”, intocables en el pasado.

Hoy son dos añejos productores de información falsa, o manipulada, al servicio de los grupos reaccionarios. O en el peor de los casos, al servicio del mejor postor.
Dejemos por tanto de adorar a estos farsantes “independientes”, que hoy por fin caminan sin máscara.

Malthus Gamba