Aristegui Noticias y el ‘periodismo’ de inferencias

Ya he hablado otras veces sobre cómo se ha desarrollado la labor periodística en México, por lo menos en los últimos 50 años. También hemos hecho varios análisis sobre la forma en que antes se obligaba a los periodistas a seguir una línea editorial, si es que querían seguir viendo publicados sus trabajos en los diferentes medios de prensa escrita, televisión o radio; y en los casos más extremos, si querían conservar la libertad o la vida. Obviamente, estamos hablando de los períodos de la guerra sucia, la represión y la autocensura a que obligaban las prácticas deleznables de los mandatarios en México o cualquier otra clase de funcionarios que compusieran los diferentes órdenes de Gobierno.

Sin embargo, es necesario hacer una pausa y revisar la actual situación de los que aún se hacen llamar periodistas y reporteros, cuando de pronto nos damos cuenta que hoy, quienes estamos haciendo las tareas de divulgar la verdad, y claro, de desmentir a esos periodistas, somos los ciudadanos, que hemos tomado en nuestras manos la batuta de la información ante una clara y evidente ausencia de buenos comunicadores que apliquen la ética y el conocimiento teórico de lo que un periodista debe hacer como labor y que tiene exigencia de transmitir en cada una de sus piezas de opinión, análisis, o mesas de discusión.

Tan es así, que en los últimos 3 años hemos visto proliferar de una manera increíble la cantidad de medios de comunicación digital que le entran al debate de manera más responsable y más cuidadosa que la que alguna vez presumieron los paladines de la libertad de prensa y del periodismo. Estas” vacas sagradas” que nos convencían con sus falsos argumentos de pertenecer a un pueblo ávido de voz pero que, en realidad, se parapetaban detrás de la ingenuidad del pueblo para cumplir las agendas internacionales de algunos medios de comunicación que han sido los líderes de las voces que han llevado a la gente a pensar y actuar cual borregos, hacia los polos informativos que supuestamente existen en los países donde sus operadores extienden sus tentáculos.

Ya los estábamos conociendo: prácticamente los teníamos identificados y radiografiados. El problema, no era saber quiénes eran ni cómo actuaban; más bien, el problema radica en digerir las dosis de veneno cada vez más potente que lanzan en cada ataque. Y quiero aclarar que cuando hablo de ataque, no sólo me refiero al que denodadamente han ejercido en contra del hoy presidente de México, desde que tenía aspiraciones de contender por el primer cargo de la República, allá por 2006, y aún antes cuando fue investigado profunda y acuciosamente por Gutiérrez Barrios, quien tuvo que confesar que, para su desgracia y la de su jefe Salinas de Gortari, nunca pudieron encontrarle nada con qué acusarlo de corrupto y terminar de una vez por todas, con sus aspiraciones políticas.

En la primera contienda por la presidencia, Andrés Manuel no “ganó” enemigos, porque él no los buscó nunca. De hecho, se convirtió en blanco de los ataques de todos los grandes machuchones de la información, quienes ante la invitación de Fox para agarrarlo de piñata, e iniciar una campaña contra “el mesías tropical”, por ser un “peligro para México”, por amenazar el estatuto quo de las personas que tenían bienes o poder (muchas veces a costa del pueblo) lo atacaron entonces, y aún ahora, este ataque ha durado ya casi 20 años, y aún ahora, siendo el Mandatario de la Nación, en un abuso palmario de la libertad de expresión, todos quienes se creen con el derecho de denostar a través de la pluma, la tecla o el debate facilón, lo hacen amparados en ese derecho ganado a pulso porque grandes mártires de la comunicación, como los hermanos Flores Magón, o Javier Valdés, por poner un ejemplo.

Comparar a las sátrapas que hoy insultan la inteligencia de las audiencias con verdaderos patriotas ocupados en informar una realidad que ya no se sostenía por haberse iniciado el proceso revolucionario en los primeros años del siglo pasado, es, por decir lo menos, una aberración. Es cierto, venimos de un régimen en que el periodismo no se podía ejercer con la libertad que hoy se hace, ya que los periodistas que intentaron publicar los excesos genocidas y corruptos de los anteriores presidentes, fueron personas valientes y valerosas que hoy, por desgracia, ganaron un lugar en la historia por verse perseguidos e incluso silenciados por su nobilísima labor.

Herencia de esos regímenes, y ya todos metidos en la bola, al inicio de este sexenio encontramos a muchos de esos “periodistas”, que se hicieron pasar, durante muchos años, como personas comprometidas con la realidad, con la verdad, con la comunicación veraz, con el oficio de informar a toda costa, incluso, poniendo el pecho al frente de los ataques de los presidentes. Y creo que ya están viendo por dónde van los tiros esta vez ¿no?

Hay un sujeto, que, siendo ingeniero civil y no periodista, se hizo pasar por el mejor periodista de la radio en México. Le decía “querido” a todos los presidentes y gobernadores a los que entrevistaba: mi querido presidente, mi querido diputado, mi gober precioso. Pues con él, llegaron a trabajar un par de jovencillos que parecían saber lo que hacían y tener ganas de trascender en el mundo periodístico. Uno de ellos de pronto se hizo un poco invisible y llegó a trabajar a una de las televisoras del Estado y ahora es columnista en algunos medios; la otra, llegó a trabajar a una cadena de radio (W radio) y una mañana, durante la transmisión de su programa, tuvo la osadía de repetir las palabras que la tarde anterior el diputado Fernández Noroña, había pronunciado, preguntándonos a los ciudadanos que si no permitíamos que un borracho manejara nuestro automóvil ¿cómo era posible que permitiéramos que un borracho condujera al país? Ni bien terminó de respirar Carmelita después de estas palabras, cuando llegó la notificación de parte de Felipe Calderón, quién ordenó su inmediata expulsión del medio, con el consabido veto de seguir transmitiendo ese o cualquier otro programa a través de alguna de las estaciones concesionadas del Estado a cualquier empresario. Claro que nadie se echó el trompo a la uña y Carmen estuvo exiliada de los medios por un buen tiempo.

Al término del calderonato, y habiendo recibido la simpatía y apoyo de millones de mexicanos que creímos que su lucha estaba orientada a exponer la voz del pueblo contra los malos gobernantes, pudo reintegrarse a otra cadena radiofónica y, al inicio del siguiente sexenio, sabiéndose respaldada por el pueblo por aquel acto de injusticia y de censura, respaldó el trabajo de su equipo que había investigado la famosa Casa Blanca de Enrique Peña Nieto y los bienes de sus allegados, cosa que les valió a ella y a su equipo la expulsión inmediata de MVS y además una demanda del propio dueño del medio que, hasta donde yo me quedé, seguía pendiente de resolución.

Este segundo golpe de censura nos hizo creer que se oponía frontalmente a la corrupción, que sí era la paladina de la libertad Que México estaba necesitando, y a muchos nos tomó el pelo. Hasta a AMLO, quien la apoyó en ambas ocasiones y elevó la voz en su favor.

¿Por qué digo esto? pues porque cuando pudo abrir su canal en stream y el presidente López Obrador llegó a refrendar todas las libertades y derechos de los mexicanos, pero en este caso y, sobre todo de los periodistas, desafiando la inteligencia de su audiencia, abrió sus micrófonos a la élite resentida que ya no tenía los privilegios que les cobijaron en aquellos sexenios donde el más tramposo tenía cabida. Ella, Carmen, a pesar de las 2 censuras, eligió continuar con una línea de golpeteo al presidente porque como que se había quedado atorada y acostumbrada en atacar al poder, o como dice el nefasto payaso de los pelos verdes, porque al poder se le cuestiona no se le aplaude, pues aprovechó. Y eso está bien, siempre es bueno hacerle saber a los gobernantes que los ciudadanos estamos en constante vigilancia de su labor para que no abusen y no dejen de hacer sus labores para contentar a sus amigos selectos del poder. Hasta ahí todo bien.

Sólo que, como decía mi abuela, tanto va el cántaro al agua que al fin se rompe, y en esta ocasión no sólo se rompió el límite de la decencia, sino también la paciencia del presidente ante la bazofia presentada por 2 seudo periodistas fanáticos totales del odio a AMLO, arropada por medios que no necesitan ser afines al Gobierno pero sí a la verdad, y cuyo único objetivo es proyectar la imagen de un presidente igual a los demás: corrupto ambicioso, que permite el nepotismo, influyentismo o amiguismo, que juró desterrar, y que además fue capaz de crear un programa social con la única finalidad de que la fábrica de chocolates de su hijo Andrés Manuel, tenga éxito.

Esta pieza denominada reportaje, según dichos de su creadora, fue “una investigación profunda, que abre la conversación”, pero que se compone de inferencias sobre una amistad surgida desde la infancia de Andrés Manuel y Hugo Chávez que son respectivamente el chocolatero y el empresario que compra cacao a los cacaoteros de la región pero que, en los hechos, no tienen ningún vínculo con el poder, con el programa, ni existe verdaderamente alguna evidencia del desvío de fondos del Sembrando Vida, para beneficiarlos directamente, ni hoy ni en el futuro. Y de paso, insulta profundamente a los campesinos de la región a quienes señala de ignorantes sobre el cultivo del cacao y de no tener ni intenciones ni conocimiento para hacer crecer la planta en una región que históricamente utilizó el cacao como moneda de cambio entre los mayas, por lo menos 2600 años atrás. De hecho, el sitio de Aristegui insiste en publicar los dichos del reportero, que afirma que no había estudios que permitieran el cultivo del cacao en la región [i]. O sea, siendo una planta nativa de la región (Tabasco), y cultivada por sus pobladores desde hace 2600 años, ¿cómo es posible que los investigadores, quieran hacer ver que el cultivo es ajeno a los cacaoteros de Tabasco? No sólo los presentan como profundos ignorantes, sino que, a nosotros, nos tratan de ver la cara de imbéciles. La verdad, esto es lo que calienta.

Hubo periodistas que defendieron a Carmen, a la libertad de expresión, y cuestionaron al Presidente por utilizar la mañanera como una tribuna para defender a sus hijos. Qué equivocados. No, eso no es defender a sus hijos, ni siquiera es defenderse a sí mismo. Es permitir que la libertad de expresión esté garantizada con su correspondiente obligación a decir la verdad. Es obligar a quien dice u opina o escribe, a hacerse cargo de sus palabras y a defender por sobre todas las cosas el derecho intrínseco que tienen las audiencias a recibir la información de calidad que asegura el artículo sexto de nuestra Constitución Nacional.

El decir una mentira, implica necesariamente saber la verdad y querer torcerla para engañar, haciendo uso de un renombre, de un medio, de una experiencia, con la finalidad de cambiar o influir, en el ánimo de los menos informados, la opinión que se pueda tener de una persona que, en el caso, es el presidente.

Me parece que es tiempo que valoremos nuestro derecho a informarnos y a empezar a ejercer acciones colectivas de defensa de nuestro derecho humano a la libre información porque al parecer, la prensa no es capaz de regularse a sí misma; y siendo el presidente un hombre opuesto totalmente a la restricción de derechos, no será él quien les ponga un límite. O somos nosotros, o jamás nos desharemos de esta prensa que en cada oportunidad dilapida el valor de la verdad.

Ahora no será necesaria la censura presidencial. El público, que ya no se deja engañar, se deslinda de los periodistas que no merecen nuestro tiempo.