Anaya en la UNAM: ¿A quién se le ocurrió?

El pasado 6 de septiembre, alumnos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, de la UNAM, tomaron las instalaciones del plantel, en protesta por un diplomado que ofrecería el excandidato panista a la presidencia de la República en dicha universidad. Ante estos hechos hubo dos posturas muy marcadas, unas que demostraban su clara oposición a que el panista impartiera clases en la UNAM y otros que pedían que este centro universitario fuera plural y abierto.

Sin embargo, hubo medios como Milenio, en el que su presentador de noticias Samuel Cuervo, señalo de “pseudo estudiantes” a los alumnos que habían tomado las instalaciones, al mismo tiempo dijo que estos eran personas que “no” querían estudiar y a los alumnos que ofrecieron una palabras para este medio y argumentaron su descontento con la participación de Anaya en el diplomado, de haber sido “chamaqueados”.

Claramente la muestra de intolerancia y denostación a grupos y personajes ajenos a la visión política de este medio de comunicación, son visto como “porros” que no deben de ser tomados en cuenta, acusándolos de “intolerantes” y “falsos” estudiantes que se oponen a la pluralidad de ideas.

Ese mismo día y a través de redes sociales se dio un comunicado, en el que quienes tomaron el plantel señalan los puntos por los cuales se oponen a la participación dentro de la UNAM de personajes como Anaya -no precisamente de académicos de derecha, de los cuales hay muchos en dicha universidad-.

“Creemos que en tiempos de ascenso de las derechas fascistas, entreguistas y asesinas en Nuestra América, no podemos permitir que, en aquellos casos, la universidad propicie que posiciones de esa índole germinen y además se autodenominen la oposición legitima, la cual amenaza con su retorno a gobernar”.

Y es que, como bien lo señala el comunicado, la derecha a la cual Anaya pertenece, a mostrado a lo largo de las décadas y de la historia, que es una posición política intolerante, capaz de reprimir, censurar y asesinar a opositores, quienes cuestionan sus políticas de entreguismo y privatizaciones que tanto han dañado a la inmensa mayoría.

Desde el ascenso de Pinochet en Chile, con sus torturas a los opositores al régimen, con crueles torturas y desaparición a los disidentes; pasando por la dictadura de Videla en Argentina, con miles de muertos, en el que comunicadores eran torturados en campos de concentración.

Incluso llegando al México de la llamada “dictadura perfecta”, en el que corrió la sangre en Tlatelolco en 1968, la matanza del jueves de corpus, la guerra sucia en el que miembros de grupos de izquierda fueron asesinados y desaparecidos. Pero incluso con la supuesta alternancia y en especial durante el segundo gobierno panista, se llevó una supuesta guerra contra las drogas, para ganar la legitimidad que no consiguieron a través de las urnas.

Anaya perteneciente al partido de Calderón que a su llegada a la presidencia pidió al periodista José Gutiérrez Vivo, de “portarse bien” para recibir su apoyo en la grave crisis que fue auspiciada por el mismo régimen; el mismo partido que obligó a Joaquín Vargas a pedir la renuncia de Carmen Aristegui de MVS, por cuestionar el supuesto alcoholismo de Calderón; la misma derecha que reprimió a los pobladores de Atenco por defender sus tierras, …

Esa derecha intolerante hoy se desgarra las vestiduras porque uno de sus miembros no pudo impartir un diplomado en una universidad pública, esa misma que ha sido señalada por ser un “semillero” del pensamiento crítico; esa universidad que la panista Vázquez Mota considero un gran “elefante blanco” que debía de ser absorbida por las lógicas del libre mercado.

Hoy esa derecha intolerante, acusa de intolerancia a quienes han denostado, calumniado, reprimido y humillado; hoy piden abrir espacios en una universidad pública a la que han querido desaparecer, a la que han visto como un espacio en el que se genera conciencia crítica, a pesar que desde hace varios años sus directivos han tenido la consigna de acabar con la gran Universidad de la Nación, en el que su lema demuestra su origen crítico y su compromiso social: “Por mi raza hablara el espíritu”.