AMLO en la percepción del FMI

Después de ajustar sus cifras en relación con la expectativa para el crecimiento económico de México en 2021, conocimos la opinión de Alejandro Werner desde el Fondo Monetario Internacional sobre el perfil del modelo del gobierno del Presidente López Obrador, que contradice de manera muy clara las opiniones que ha venido manifestando la derecha en México desde hace décadas y que se ha intensificado como discurso incoherente en los últimos 2 años.

Werner, director del departamento del hemisferio occidental del Fondo Monetario Internacional, dijo que al presidente de México lo han querido encasillar algunos como el “típico populista latinoamericano”, cuando en realidad es un político diferente.

Dice el funcionario no entender cómo se le puede calificar de populista a un político que ha sido respetuoso con las restricciones presupuestarias y que ha mostrado su compromiso con la estabilidad fiscal, monetaria y financiera.

Observó Werner que la posición de México en el aspecto comercial no solamente no se ha cerrado, sino que su economía está altamente integrada a la economía mundial, siendo este uno de los factores que inciden en la revisión al alza del crecimiento esperado para nuestro país de parte de ese organismo.

Esto nos lleva a reflexionar sobre algunos de los factores principales en el comportamiento de la economía mexicana, donde por ejemplo, el valor del peso en relación con el dólar es hoy ligeramente mayor al que tenía en diciembre de 2018 y que detuvo la devaluación permanente de nuestra moneda que en los 40 años de neoliberalismo se devaluó en más de 20 mil por ciento.

Las cifras de inflación anual rondan el 3%, moviéndose dentro de los pronósticos aceptables del Banco de México, a pesar de que el salario mínimo pasó de 88.36 a 141.7 pesos diarios en estos poco más de 2 años de gobierno, lo que significa un aumento de 60.4%, acabándose así con la falacia neoliberal que pronosticaba incrementos descontrolados en la inflación si se aumentaba el salario mínimo.

Por primera vez en la historia moderna de México, para 2021 la deuda pública no sólo no aumentará, sino que disminuirá. Actualmente es equivalente al 53% del Producto Interno Bruto, para que a finales del año sea de 51%. Hay que recordar que la deuda pública creció 4,400% en el período neoliberal, llevándola de una cantidad equivalente al 3% del PIB hasta un 53% al final del sexenio de Peña Nieto.

A pesar de lo anterior, y con base en el incremento de la recaudación de impuestos, no en la contratación de deuda, se continuarán desarrollando los grandes proyectos de infraestructura como el Aeropuerto de Santa Lucía, que será terminado en marzo de 2022, el tren Maya, la Refinería de Dos Bocas, la remodelación de las 6 refinerías existentes, el tren interoceánico que conectará los puertos de Salina Cruz en Oaxaca y de Coatzacoalcos en Veracruz y el tren México-Toluca.

Todo esto sin considerar los más de 500 mil millones de pesos anuales que se destinan a programas sociales que impulsan el consumo en la reactivación de la economía y otros mecanismos de inversión pública para detonar la actividad económica, como el programa Sembrando Vida, los precios de garantía, el apoyo financiero que están recibiendo PEMEX y la CFE.

Sin entrar en más detalles de otros programas muy exitosos como la construcción de 120 hospitales y 140 universidades, la dotación del servicio de Internet para todo el territorio nacional y la instalación de más de 2 mil sucursales del Banco del Bienestar por ejemplo, el trabajo de la transformación de México es una realidad que le está pasando por encima a quienes viven poniendo su atención en nimiedades y descalificaciones absurdas.

Como dijo el ensayista estadounidense Elbert Hubbard: “Una máquina puede hacer el trabajo de 50 hombres corrientes. Pero no existe ninguna máquina que pueda hacer el trabajo de un hombre extraordinario”.