AMLO demuestra que sí es posible tener salarios dignos

El activo más importante con el que contamos la mayoría de las personas es nuestro tiempo. Es un activo no renovable, que vamos invirtiendo a lo largo de nuestra vida y que se va a agotar definitivamente tarde o temprano.

El salario representa el valor que se le da a las actividades que realizamos con ese activo, cuando lo utilizamos para producir bienes o servicios cuyas ganancias son propiedad de alguien más. En pocas palabras, es lo que vale la proporción de nuestro tiempo, invertido en una función que tiene por objeto final generar riqueza para quienes nos contratan.

La enorme mayoría de los seres humanos que somos parte de la población económicamente activa, invertimos por lo menos la tercera parte de nuestras vidas para este fin ulterior, hasta pasados los 60 años de edad.

Esto nos da una idea de la importancia que debería tener el hecho de que nuestro trabajo sea valorado adecuadamente por aquellos a quienes les ayudamos a generar riqueza, en la medida de que implica la inversión de una gran parte de nuestra vida y nos permita hacerlo en condiciones humanas, con bienestar, mientras dure nuestra vida productiva y después, cuando ya no estemos en condiciones de continuar debido a la edad, podamos seguir viviendo dignamente.

En el mundo, incluido México, desde hace varias décadas se aplicó el sistema neoliberal, que entre otras cosas implica la despersonalización del trabajador, convirtiéndolo en un insumo más de la producción de bienes y servicios y considerándolo como desechable.

Bajo esa óptica económica, se crearon todas las condiciones para que el insumo representado por el trabajo de otros, fuera lo menos costoso y lo más fácilmente sustituible, sin que esto implicara un gasto o un problema para las empresas y corporaciones.

En esta lógica deshumanizada, en México la seguridad laboral fue prácticamente cancelada por medio de la estrategia de contratación a través de outsourcing, el salario perdió más del 80% de su poder adquisitivo, colocando su valor a los niveles que tiene actualmente Venezuela o Cuba y las condiciones de retiro representadas por las pensiones, no le permiten vivir con dignidad a las personas que invirtieron toda su vida activa generando riqueza para otros.

A partir del inicio de la 4ª Transformación de la vida pública del país, que arrancó en diciembre del 2018, estamos comenzando a ver cambios profundos y fundamentales en la estructura de política laboral, que comenzaron con el aumento de 16% en el salario mínimo durante 2019, de un 20% para el 2020 y un esfuerzo para que en 2021 suba otro 15%, con lo que habrá recuperado el 60% del valor nominal que tenía en 2018.

Adicionalmente, con los votos de la oposición moralmente derrotada en contra, se elevó a rango constitucional el derecho para la pensión universal a los adultos mayores, que representa un apoyo incondicional para mejorar en algo las condiciones de las personas que ya no pueden trabajar.

Recientemente vimos la modificación en el Congreso a la Ley Federal del Trabajo, estableciendo que el incremento anual del salario mínimo siempre deberá ser mayor a la inflación, para que no vuelva a perder poder adquisitivo, así como de la nueva ley que regula las pensiones y que proporciona condiciones para que los trabajadores puedan jubilarse con un salario mejor al que se les pagaba cuando se jubilaban. También en febrero del año que viene, se regulará la práctica del outsourcing, que implicó la cancelación de los derechos laborales establecidos en la ley.

Es natural que haya resistencias al cambio que está experimentando el marco laboral en nuestro país, porque la óptica neoliberal modificó la percepción de los empresarios en relación con el valor del trabajo de los demás, creando en ellos una ceguera profunda hacia la empatía; sin embargo poco a poco se irán dando cuenta de que a todos favorece que el bienestar común se ponga por encima de los intereses de unos cuantos.

Hay que recordar la reflexión que a este respecto hizo el Papa Juan Pablo Segundo: “¿Cómo juzgará la Historia a una generación, que cuenta con todos los medios necesarios para alimentar a la población del planeta y que rechaza el hacerlo por una ceguera fratricida?”.