La llegada del gobierno del presidente López Obrador, un líder social vigilado, perseguido, denostado y calumniado durante décadas por su actividad social en defensa de los menos favorecidos de México, no sólo prendió las alarmas en su nivel máximo para los traficantes de influencias colmados de privilegios inmerecidos en los últimos 40 años, sino que activó todas las herramientas conocidas para atacarlo en los 3 campos de la guerra híbrida: El mediático, el legal y el de calentamiento de las calles.

El desempeño de nuestro presidente ha estado bajo fuego intenso desde el primer día de su mandato. Los oligarcas han gastado miles de millones de pesos en alquilar botargas mediáticas, que todavía son escuchadas por un grupo de la población que no ha podido despertar del efecto del neoliberalismo; así también han interpuesto cientos de amparos contra las obras y acciones del gobierno y pagan honorarios o mordidas entre abogados y jueces sin escrúpulos, que intentan detener el avance de las acciones del gobierno con recursos legaloides. También se apegan a la estrategia de calentamiento de las calles, siguiendo al pie de la letra el manual de Gene Sharp con pésimos resultados.

Durante los primero 3 años de este gobierno, se ha estabilizado el valor del peso, ha disminuido el monto de la deuda, aumentó en el poder adquisitivo de los salarios, el número de empleos ha crecido como nunca, los bancos han ganado dinero a carretadas, hemos observado el aumento en los índices de la bolsa de valores, se destinan por ley 100 mil millones mensuales a programas sociales, se han creado 140 universidades, el perfil económico y social al país ha cambiado, pero además se han desarrollado grandes proyectos de infraestructura que nunca se habían hecho en los últimos 40 años por lo que sea, por corruptos, por ineptos, por ladrones o por todas éstas razones.

Desde el principio, en diciembre de 2019 el gobierno comenzó con la defensa de aeropuerto lacustre que hoy es zona protegida, para que ninguno de estos saqueadores lo pueda tocar. Así fueron primero tratando de argumentar incoherentemente en contra de todo, hasta que se les acabaron los pretextos y fueron sustituidos por insultos, mentiras o “investigaciones” de temas inexistentes, que desnudaron a la oposición como los mercenarios, ladrones e hipócritas que siempre han sido.

A pesar de la enorme velocidad que implica que todo esto se haya dado en tan solo 3 años, el punto de quiebre del escenario que todos estos corruptos han intentado crear a pesar de la consciencia colectiva, ha sido su enorme apego al negocio inmobiliario que significaba el aeropuerto submarino de Texcoco, hoy convertido en zona protegida, confrontado con el hecho de que se concrete y se inaugure un aeropuerto de clase mundial, ante las azoradas miradas de éstos sujetos, que estupefactos no pueden creer lo que está pasando.

En más de 40 años todos sus gobiernos fueron incapaces de terminar una sola obra de infraestructura y en cambio hoy se inaugura la primera que un gobierno federal puede entregar en décadas, respetando el tiempo, el costo y el hecho de que la iniciativa privada no tuvo nada que ver en el proyecto. Aquí no hubo megaempresas como la de Slim construyendo la Línea 12 del metro. Esta no se va a caer ni va a costar más, porque la hicieron los ingenieros militares y no las grandes empresas privadas que tanto admiran los mercenarios neoliberales.

La derrota de la oposición moral y emocional es aplastante, tocaron fondo. Su proyecto inmobiliario de Texcoco está sumido en el lodo. El AIFA se inauguró con bombos y platillos como un aeropuerto de clase mundial, cumpliendo la primera gran promesa del gobierno, mientras a la oligarquía rapaz les debe quedar bien claro, que hoy no solamente no tienen poder, sino que no van a poder recuperarlo en el futuro. De aquí en adelante la 4T continúa con los ciudadanos.

Como dijo en su mejor momento el director técnico de Barcelona, Pep Guardiola: “Lo que te hace crecer es la derrota, el error.” A ver si entienden.

Por Erika