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Llegó la fecha y el momento de las definiciones personales

Lo que se juega en la Cámara de Diputados no es tanto el futuro inmediato del sector eléctrico.

Ese futuro a corto plazo está garantizado con la declaratoria de “constitucionalidad” que falló la Suprema Corte de Justicia de la Nación hace pocos días.
La felicidad del presidente López Obrador, al conocer la resolución de la Corte fue mayúscula y hay motivos para ello.

El fortalecimiento de la Comisión Federal de Electricidad es un hecho, así como también lo es la competencia justa de la empresa pública, en un sector que estaba dominado por las compañías particulares. Los contratos de auto-abasto eléctrico serán revisados, e incluso cancelados aquellos se encuentren operando en franca violación a la Ley.
La energía limpia que produce la Comisión Federal de Electricidad en sus hidroeléctricas, podrá subir a la red de distribución en forma preferente y no en último lugar, como había sucedido hasta ahora.

Todos estos cambios están definidos en la Ley Eléctrica y no hay manera de que el grupo conservador de Claudio X González, aliado a las saqueadoras compañías extranjeras, tipo Iberdrola, puedan detenerlos.

¿Qué importancia tiene entonces La Reforma Eléctrica?

Una muy significativa para los mexicanos.

Se trata de una Reforma Constitucional, que blinda los cambios referidos, contra posteriores modificaciones.

Es el seguro y garantía del sector eléctrico, pensando que en algún momento, la hoy oposición pueda retornar al poder.

Una Ley se modifica con facilidad. Su solidez es relativa. Funciona mientras el gobierno en turno tiene voluntad para hacerla valer. Si se pierde esa intención, si la voluntad cambia, no hay impedimento para modificar, o en su caso, cambiar la Ley.

En cambio, un ajuste constitucional es más difícil y está llenó de obstáculos a lo largo del camino. Se requiere mayoría calificada en el Congreso para conseguir su aprobación. Y tratándose de un tema tan sensible como lo es el sector eléctrico, hay que convencer a la sociedad mexicana de que la modificación que se propone, significa un beneficio real para el país.
Eso es lo que se votará el día de mañana en la Cámara de Diputados.

De entrada, con la resolución de la Suprema Corte de Justicia, tanto empresas nacionales y extranjeras, como grupos opositores, saben que han perdido la batalla principal. Los cambios al modelo sobre generación y distribución de electricidad, son irreversibles en este momento. Con seguridad lo serán en el sexenio siguiente, puesto que las oportunidades de los partidos políticos opositores para hacerse de nuevo del poder, son escasas, o nulas.

Pero apuestan a que esos cambios no queden registrados a nivel constitucional. Así, cuando eventualmente consigan acceder a la presidencia del país, podrán tirar con facilidad la Ley Eléctrica. Cosa que se les dificultaría mucho si fuera norma constitucional.

Por eso se está dando la compra de voluntades dentro de la Cámara de Diputados, al precio que sea.

Por eso la intensidad de la campaña en medios de comunicación conservadores, para favorecer el voto en contra de esta Reforma.
Por eso la docilidad y el servilismo de las dirigencias de los partidos opositores, que ven en este asunto la posibilidad de llevarse una buena tajada del pastel, que esperan comerse completo empresarios nacionales y extranjeros, sino en este momento, sí a largo plazo.

No será la fuerza de las manos, de los dedos levantados, o de los votos de los legisladores, lo que defina el destino de esta Reforma Constitucional. Será la fortaleza de las chequeras de las grandes empresas, las que decidan si la reforma pasa, o no pasa.

Eso y algo más.

Ninguno de los diputados que conforman la actual Legislatura, es menor de edad, o está desinformado sobre las consecuencias que tendrá su voto particular.

Todos ellos conocen las causas y los alcances de esta reforma. Saben bien que la verdadera apuesta en beneficio del país y de sus ciudadanos, está en el voto a favor de la Reforma Eléctrica.
Entienden que los saqueadores extranjeros, que impulsan el voto en contra, solo buscan beneficios económicos para sus compañías. México nada les importa, como tampoco les interesan sus ciudadanos.
Tienen claro que la razón y la justicia se ubican al lado de la propuesta impulsada por el presidente López Obrador.

Y saben por último, que votar en contra de esa reforma, significa una traición para el país y para los mexicanos.
Todos conocen el tamaño de la tragedia que vive España en este momento.

Por dejar al sector eléctrico en manos de compañías privadas, como Iberdrola, las tarifas de luz se fueron al cielo y las familias españolas sufren las consecuencias del error cometido por todos los integrantes de ese gobierno. Las familias son al fin y al cabo, quienes están pagando por los platos rotos.

El imán del dinero mal habido que se les ofrece, es poderoso. Pero las consecuencias de este acto, trascendental para el país, serán grandes también.
Hoy, antes de votar, ya se califica de traidores, a quienes han expresado que lo harán en contra de la Reforma.

Y hay razones para que la sociedad mexicana califique de este modo, a quienes se inclinen ante el poder económico extranjero, en lugar de defender los intereses de la nación y de las familias mexicanas.
Si verdaderamente la postura que defienden priistas, panistas y perredistas fuera cierta, en España se verían hoy precios bajos por consumo de energía eléctrica y no costos desproporcionados, impuestos por Iberdrola.

Ningún diputado que vote mañana en contra de la Reforma Eléctrica, lo hará pensando en el bienestar de los mexicanos. Pensará en su bolsillo, a sabiendas de que el dinero sucio que reciba, estará marcado por la traición más abominable.

El 17 de abril, será recordado, entre otras cosas, por la traición de los representantes del pueblo, que dieron la espalda a los mexicanos.
Traidores para el resto de sus vidas.

Traidores como herencia y carga vergonzosa para sus familias.

Traidores que jamás volverán a ocupar cargo público.

Eso también estará en juego mañana y cada diputado decidirá personalmente, cómo quiere salir del Congreso, después de haberse dado la votación.
Con la cabeza en alto, o como el despreciable mexicano repudiado públicamente.

Repito. Es decisión personal.

Los dirigentes de partido no son propietarios de la dignidad y el futuro de cada uno de los que votarán particularmente.
Cada diputado, sellará en un solo acto, su destino político y personal.

Malthus Gamba