Son zombies obedientes divulgan el mensaje ordenado desde las esferas del poder económico. Son serviles que cuidan al amo que les arroja las sobras.
En el año 1976, aparece en Nigeria un álbum titulado “Zombie”, el cual incluirá una pieza que será considerada más adelante, como la mejor canción de protesta escrita hasta el día de hoy. Zombie, la pieza que da nombre al álbum, es de la autoría de Fela Kuti, un luchador social reconocido ampliamente en su país natal.
En 1977, zombie será editado en el Reino Unido y la popularidad de la pista principal, alcanzará nivel internacional. En Nigeria, la suerte de la canción y la del autor de la misma, no correrán la misma suerte. Fela Kuti y el grupo de músicos y activistas que viven en la pequeña estancia propiedad del autor, serán agredidos por poco más de mil soldados nigerianos.
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La madre de Fela, una activista de la tercera edad, que ha protestado en contra de las distintas tiranías nigerianas, será arrojada de su hogar por una ventana y las heridas que sufre, le ocasionarán la muerte, unos días después.
Fela Kuti recibe una severa golpiza y termina una vez más en la cárcel. En realidad, padecerá un total de 200 encierros en prisión, a lo largo de su vida.

Pero “zombie”, la canción de protesta ya está en las calles y con el paso de los años, se convertirá en uno de los himnos de protesta más cantados en toda África.
¿Qué tiene esta canción, del género afrobeat, creado por Fela Kuti, quien combina los ritmos del jazz, funk, sould y yoruba africano, como para molestar de esa manera, a los regímenes dictatoriales en Nigeria?
Aparte del ritmo increíble y frenético que desarrolla el afrobeat, tiene una letra que refleja fielmente el servilismo perruno, la carencia de valores de todo tipo, el salvajismo y la brutalidad de las fuerzas armadas nigerianas.

La letra los expone como zombies sin voluntad, atentos al llamado del amo y dispuestos a ejecutar cualquier orden proveniente de toda autoridad que solicite su intervención. Esos soldados marchan, dan la vuelta, saludan, avanzan, se detienen, atacan, hieren, torturan, matan y mueren, sin pensar si lo que se les ordena es legal, o ilegal. Justo, o injusto. Cumplimiento del deber, o delito infame.
Son seres sin voluntad propia. Marionetas programadas para la obediencia ciega. Una maquinaria que responde con brutalidad a cualquier demanda social, contraria a los intereses de la dictadura en turno. Muñecos de la muerte, incapaces de razonar y tomar decisiones propias.
Recordando este episodio tan lamentable y reprobable vivido en África, me di cuenta que en el México actual y en otras partes del mundo, la figura del zombie perruno, obediente e incondicional al poder de cualquier tipo, es parte de la realidad que nos toca vivir.
Las marionetas serviles hasta la náusea, nos tocan de cerca y en forma cotidiana.
En México, basta encender radio o televisión, abrir cualquier red social, o plataforma informativa, para ver el caudal de basura, empaquetada y etiquetada como noticia, análisis periodístico, u opinión acreditada, que pretende imponerse como verdad incuestionable.
Podemos ver a zombies como Azucena Uresti, Joaquín López Dóriga, Ciro Gómez Leyva, Raymundo Riva Palacio (con estudios de bachillerato que ni siquiera cursó), Luis Cárdenas, Javier Alatorre, el “Dumbo” López San Martín, “Brozo”, Loret de Mola, Carmen Aristegui, y muchos otros, vomitando las mismas palabras, el mismo texto, las mismas mentiras y calumnias, que son preparadas por otros, para ser repetidas al aire, o para ser escritas en la prensa y en medios digitales, con el fin de imponernos como verdad y realidad, algo que se cocina en los cuartos de guerra del grupo de poder económico reaccionario y facho, que intenta recuperar el poder político, en la forma que sea.

Y estos periodistas zombies, se venden descaradamente a los dueños del capital, para el que trabajan por migajas que les arrojan desde la mesa donde se prepara la guerra sucia en contra del pueblo de México. Todos estos zombies son odiadores del presidente López Obrador y de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Nada de lo construido por el Movimiento de Transformación tiene mérito. Nos dicen que vivimos en un entorno donde la delincuencia gobierna en el país y donde los defensores de la democracia y de los ciudadanos, son aquellos que fueron arrojados del gobierno por el pueblo, precisamente por ser corruptos, criminales, mentirosos, incompetentes, traidores y vende patrias.
En el mundo que nos pintan estos zombies a sueldo, el MC-PRIAN es la solución que requiere el país. Nuestros “héroes” nacionales, deberían ser personajes como Calderón, Peña Nieto, Alito Moreno (quién “sí sabe gobernar”), Ricardo “Canallín” Anaya, Lilly Téllez, “Clavillazo” Romero”, Kenia López, Maru Campos, Samuel García y su esposa y el resto de la fauna opositora de ultra derecha, que hoy pretende tejer una alianza con sectores ultraconservadores en Estados Unidos, para recuperar un poder político que el pueblo les niega en las urnas, pero que sienten alcanzable, si sus actuales zombies consiguen lavar el cerebro a un amplio sector social, que acepte como realidad, la caricatura que intentan imponer como verdad.
Los desinformadores que se hacen pasar como periodistas, analistas, comentaristas, expertos en todo y líderes de opinión, te venden humo a diario. Mienten en grupo, engañan con el mismo mensaje, manipulan en nado sincronizado, intentan imponer una narrativa y una visión falsas del país.

Son zombies obedientes que divulgan el mensaje ordenado desde las esferas del poder económico. Son los mastines serviles que cuidan al amo que les arroja las sobras de su banquete.
No piensan. No razonan por sí mismos. Obedecen, porque consideran un mérito el carecer de moral, ética, valores, sentimientos, empatía y dignidad.
Y en ese sentido, son seres con una vida muy inferior a la de los animales. Hace unos días, la presidenta Claudia Sheinbaum señaló que desenmascarar a estos farsantes, a estos zombies que deforman la realidad, es tarea que toca a todos. Y precisamente es lo que pretende esta nota.
Quitar la máscara de personas y periodistas “respetables”, a estos farsantes. Hacer lo que hizo en su momento Fela Kuti en Nigeria. Cantarles en la cara lo que son. Mostrar a todos las llagas y cicatrices que cubren sus rostros. Son abominables y despreciables zombies.
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