No celebramos la violencia. Ni en las calles ni desde los gobiernos. Pero tampoco podemos callar ante una política que, en lugar de abrazar, golpea.
“Apenas nos pusimos en dos pies, comenzamos a migrar por la sabana.”
Así lo canta Jorge Drexler.
Y así lo recuerda la historia. Somos una especie en movimiento, una humanidad tejida de caminos, de remos, de canciones. Nadie migra por gusto.
Se migra por necesidad, por miedo, por amor o por esperanza. Se migra porque hay sueños que no caben en los márgenes donde nacimos. Las protestas en Los Ángeles no deberían sorprender a nadie. Son la respuesta de quienes han construido con sus manos las ciudades que los expulsan; la reacción de quienes, con su trabajo, han hecho florecer una tierra que hoy no los reconoce. Son el grito de quienes, sin papeles, han edificado puentes invisibles entre dos países que comparten más que una frontera.
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No celebramos la violencia. Ni en las calles ni desde los gobiernos. Pero tampoco podemos callar ante una política que, en lugar de abrazar, golpea; que, en lugar de resolver, reprime.
Es importante recordar las palabras que el expresidente Andrés Manuel López Obrador expresó durante su visita oficial a la Casa Blanca: “Hemos construido nuestras relaciones, a veces como vecinos distantes y otras como amigos entrañables.” Hoy, como entonces, no queremos una confrontación; queremos entendimiento.
Porque sabemos que no se trata de una lucha entre pueblos; se trata de decisiones, desde el poder, que hieren, que excluyen y que olvidan. También dijo el expresidente: “En México viven y forman parte de nuestra comunidad más de un millón y medio de estadounidenses.”
Aquí nadie los persigue; aquí no se les encierra. Aquí se les cuida; porque la hermandad entre pueblos no necesita pasaporte. Esa hermandad la construye la historia, la música y el pan compartido. Finalmente, hay que recordarle al presidente Donald Trump, el mensaje de López Obrador en esa misma visita: “…vine a decirle al pueblo estadounidense que su presidente se ha comportado con nosotros con gentileza y respeto.”

Y añadió: “Queremos que sepa que el pueblo de México respeta y quiere al pueblo de Estados Unidos.”
Así se tratan los amigos entrañables. ¿Cuál es el problema? ¿Qué es lo que se defiende con tanta rabia? Su historia, su cultura y su identidad nacional tienen una columna hecha con vertebras de pueblos migrantes.
Por esa misma naturaleza migratoria, desde el principio de la humanidad hasta nuestros días, el mensaje sigue siendo el mismo:
“Yo no soy de aquí Pero tú tampoco De ningún lado del todo y De todos lados un poco Lo mismo con las canciones, los pájaros, los alfabetos Si quieres que algo se muera, déjalo quieto”
La represión de estos días revela el temor profundo de quienes quisieran que el mundo se quedara quieto. Pero nosotros no vinimos a morir; vinimos a vivir, a migrar y a sembrar.
Político y Poético por Leo Collado
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