En estos últimos 4 años los mexicanos hemos visto tantas manifestaciones del absurdo en el comportamiento de los miembros y simpatizantes de la derecha, que deberíamos ya estar acostumbrados a entender que esta gente se caracteriza por su adicción a verse ridículos; sin embargo siempre logran superarse a sí mismos y a pesar del entrenamiento intensivo que hemos recibido, no dejan de sorprendernos.

En días pasados presenciamos un foro en Madrid, organizado por Vargas Llosa, cuyo contenido podría compararse con el de las obras más extremas del realismo fantástico, con Felipe Calderón dando consejos de democracia y Ernesto Zedillo de economía, lo que eleva al escritor fascista al nivel más alto entre los creadores del teatro del absurdo remasterizado.

La intervención de Zedillo fue tan deliciosa para quienes gustan de vivir en la idiotósfera, que mereció aplausos durante varios días en las redes sociales, festejando las alucinaciones de un sujeto que desempeñó el peor manejo posible de la economía cuando la tuvo a su cargo.

Cuando este adocenado llegó a la presidencia en un evento fortuito, donde el gobierno priista liquidó a su candidato original, le tomó menos de un mes espantar a los capitales extranjeros, provocando una crisis de liquidez en las arcas del gobierno, que derivó en una debacle de los mercados financieros internacionales bautizada como el “Efecto Tequila”, desplomando los valores en las bolsas en todo el mundo.

Los bancos que eran del gobierno cuando entró Salinas y que estaban financieramente sanos, fueron privatizados por él, vendiéndose en un total de 10 mil millones de dólares a traficantes de influencias cercanos al poder. Estos neobanqueros se dedicaron a otorgar créditos como si regalaran suvenires, sin la más mínima precaución de analizar la capacidad de pago de las personas a quienes acreditaban.

El golpe a la liquidez y la inflación provocadas por el manejo económico de Zedillo, aunado a la irresponsabilidad, ignorancia e ineptitud de los nuevos banqueros, impidió que la mitad de los consumidores y usuarios de la banca pudieran pagar sus créditos, llevando a estas instituciones a llenarse de adeudos en cartera vencida, colocándolos en una situación seria de insolvencia potencial.

Mientras Zedillo, un economista incompetente, se rodeaba de tecnócratas ineptos, oligarcas voraces y políticos mezquinos del PRI y el PAN, para preparar un esquema de salida que los beneficiara solo a ellos, se le presentaron varias opciones funcionales para resolver el problema, entre las que se encontraba la recompra de los bancos emproblemados a precios menores de los que se habían vendido cuando estaban sanos, la estructuración de esquemas que ayudaban a la mayoría de los deudores a salir del problema, con un gasto máximo de 45 mil millones de pesos y hasta la aplicación de un fideicomiso dual para utilizar al mercado, disminuyendo las tasas crediticias que se habían disparado.

Pero este genio solo tomó en cuenta la opción que le dictaron los oligarcas, validada por los políticos ladrones y sumisos como Calderón, Fernández de Cevallos y tantos otros títeres de la oligarquía. Así diseñó el Fobaproa, un mecanismo que consistía en comprarle a los bancos quebrados sus carteras de crédito vencidas, dejándole a los banqueros otra vez instituciones sanas, mientras los pequeños deudores perdían sus casas, sus autos y bienes, además de endeudar a todos los mexicanos con un billón de pesos, equivalentes a 10 veces lo que los banqueros habían pagado por los bancos sanos, del que hasta ahora se ha pagado otro billón solamente de intereses y todavía se debe un billón más que se terminará de pagar en 2042, siempre que sigamos abonando anualmente 40 mil millones de pesos al pago del servicio de esa deuda.

Este es el iluminado que ahora, cuando la economía mexicana se desempeña mejor que nunca, nos quiere venir a decir desde Madrid cómo le tenemos que hacer.

Como dijo el escritor francés Albert Camus: “La estupidez insiste siempre”.

Por Erika