Yo le creo al Presidente, ¿y usted?

A la militancia de base de Morena.
Por creer que un país más justo y democrático es posible.

Por: @mbalda16

La Transformación del país es la meta de esta Cuarta Etapa de la vida pública de nuestra nación, misma que comenzó desde el histórico triunfo de nuestro actual Presidente en las urnas el pasado primero de julio de dos mil dieciocho.

Ese día, el pueblo de México dijo ¡basta! a la corrupción y los privilegios que la podrida clase política neoliberal se había procurado para sí misma, en detrimento de las ingentes necesidades de las grandes mayorías de la población.

El actual Gobierno de México, encabezado por el líder político y social más importante de nuestro país en el último cuarto de siglo, Licenciado Andrés Manuel López Obrador, ha sido congruente con los postulados esgrimidos no solamente en su más reciente campaña presidencial, sino a través de toda una vida de lucha en pro de la democracia y la justicia social en nuestro país.

Nuestro Presidente López Obrador es un gigante, porque durante toda su vida ha sido congruente con lo que ha sido el faro que ha guiado su propia existencia: México y su pueblo.

Desde que era director del Instituto Nacional Indigenista en Tabasco; pasando por su larga lucha por la democracia en nuestro país, primero como candidato al gobierno de su natal Tabasco; luego como el dirigente más exitoso que ha tenido el instituto político que hoy sólo es un cascarón a punto de la desaparición política, que alguna vez llegó a ser el partido más importante de la izquierda política mexicana, el PRD; hasta ser electo Jefe de Gobierno del Distrito Federal en el año 2000, cuya exitosa gestión resultó un faro esperanzador de que había otro modo de gobernar, concitando el apoyo tanto del sector privado (recordemos que hasta el año 2006, el sexenio de Andrés Manuel al frente del gobierno capitalino fue la gestión que logró una mayor inversión privada en la ciudad, como jamás se había visto) como del sector social (el exitoso programa de apoyo a los adultos mayores, duramente criticado en un inicio por los partidos de la derecha neoliberal, para posteriormente ser mal imitado por diversos gobernadores en diversos Estados de nuestro país, hasta ser replicado burdamente por el mismísimo gobierno federal en esos años) y el público, logrando hacer posible una auténtica tercera vía en la gestión pública de los asuntos de gobierno, retomando las concepciones del Estado de Bienestar, dejadas a un lado por los ideólogos del establishment neoliberal, desde que el trágico y siniestro binomio Reagan-Thatcher impusieron la visión neoliberal de las cosas en los años ochenta del Siglo XX.

Andrés Manuel, en consecuencia, siempre ha suscitado en su contra las fúricas reacciones de los oligarcas detentadores de los privilegios de un capitalismo “de cuates” que les permitió amasar enormes fortunas, al amparo del poder político, quienes vieron amenazadas sus prebendas con la lucha democrática de este líder social y político, que enarboló como modo de vida la lucha por la dignidad del pueblo mexicano y la mejoría en sus condiciones de vida.

Por todo lo anterior, una vida congruente con las ideas que siempre ha enarbolado, con una honestidad a toda prueba, con una férrea voluntad de dar esperanza al pueblo de México en los momentos más amargos y oscuros de su historia reciente, hace imposible que los dardos envenenados lanzados por parte de quienes han visto amenazada su posición de privilegio, siquiera abollen mínimamente la sólida armadura de nuestro Presidente, cuya urdimbre se compone de la honestidad mostrada en todos y cada uno de los aspectos vitales en su difícil lucha por el bienestar del pueblo mexicano, así como de la certidumbre del servicio y del amor a nuestro país, traducida en los principios señeros de la Cuarta Transformación: no mentir, no robar y no traicionar al pueblo, puesto que por el bien de todos, primero los pobres.

Luego entonces, el pueblo mexicano observa, analiza, ve la voluntad de verdadero cambio que enarbola nuestro líder, nuestro guía, nuestro atalaya, encarnado en la persona de Andrés Manuel López Obrador. Cuando se están haciendo en la actualidad acciones efectivas para investigar y sancionar a la corrupción, que era la impronta característica de los gobiernos prianistas, los enemigos de la verdadera transformación, los conspicuos barones de los carteles enquistados en los partidos políticos que se hacen llamar “de oposición”, así como sus abyectos y solícitos corifeos y turiferarios jilgueros, quienes pomposamente se hacen llamar a sí mismos como “periodistas críticos” (ojalá hubieran mostrado ese filo agudo de críticas y de observación implacable de la paja en el ojo ajeno, sin ver la enorme viga que pendía desde sus respectivas trincheras en los sexenios neoliberales) a través de las revelaciones que se han conocido profusamente con la denuncia presentada por Emilio Lozoya, cuyo contenido pone en evidencia las componendas y los amarres aviesos e inconfesables entre diversos dirigentes políticos de la nomenklatura prianredista, así como de vulgares sicarios informativos, chayoteros infames, cuya venalidad puso en subasta su pluma y su consciencia por “cañonazos” de 50-100 mil pesos mensuales.

Cuando se estaba ya comentando en el debate público lo anterior, “coincidentemente” uno de los serviciales voceros del régimen de corrupción y privilegios que los mexicanos decidimos enterrar en 2018, emitió algo que en su mente obnubilada por el odio y la revancha por haber perdido desde el inicio de la actual administración las pingües ganancias a las cuales se habían acostumbrado en el periodo neoliberal, pensaron que sería “una bomba” y, el pueblo consciente de semejante maroma pseudoinformativa, no se creyó la pública difamación del señor Pío López Obrador, hermano del Presidente Andrés Manuel y de David León, excelente funcionario público, mediante la publicación de unos videos en los cuales se aprecia que León le proporciona al hermano del Presidente de la República diversos sobres que, según se dice en la narrativa de las grabaciones, contenía “dinero” en efectivo.

Las grabaciones son del 2015, cuando Andrés Manuel todavía no era candidato presidencial, y el INE hizo la correspondiente fiscalización al finalizar el proceso electoral del 2015, primero en el que Morena compitió como partido político recién creado. El sólo hecho de pretender comparar las aportaciones que millones de mexicanos hicimos para la constitución de este gran proyecto de transformación, con los corruptos sobornos que Oderbrecht proporcionó a la élite política prianista para aprobar la mal llamada “reforma energética” (la entrega de los recursos energéticos de la Nación a los intereses privados) evidencia la desesperación de la derecha cicatera mexicana ante lo evidente: la Cuarta Transformación ha comenzado, es del pueblo y nada ni nadie la detendrá.

¿Cómo se atreven a comparar toda una lucha, amparada por la vida y el trabajo devoto del líder histórico y social que requiere el país en este momento, pero no solamente de él, sino de todo un pueblo tras de sí, que ha decidido emprender en serio la Transformación y la regeneración de la vida pública del país? La oposición no sólo está moralmente derrotada, ¡está desecha! Y en 2021 se verá su completa pulverización electoral, por voluntad del pueblo de México.

Miguel Francisco Barrera Aldama.
Abogado, profesor y escritor.

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