Han pasado casi 4 años desde que el gobierno comenzó a construir la estrategia de seguridad y lo hizo prácticamente desde cero. Antes de diciembre del 2018 no se contaba con informes oportunos que permitieran tomar decisiones inmediatas a quienes se suponía que dirigían la seguridad. Fue necesario comenzar por hacerlos.

En general la incidencia delictiva se disparó por los cielos durante los dos gobiernos que precedieron al de la 4ª Transformación, como ejemplo veremos los homicidios; entre los sexenios de Calderón y Peña Nieto el homicidio doloso creció en 307%, con un aumento de 193% en el gobierno del Carnicero de Morelia y un 59% adicional en el sexenio del inútil de Peña.

Cuando el presidente López Obrador señaló que la estrategia se podría resumir en la frase “Abrazos, No Balazos”, sus palabras fueron motivo de burlas e insultos por parte de los medios de propaganda comandados por la derecha, que es en realidad el crimen organizado de cuello blanco; seguramente el brazo violento de esta mafia, representado por los cárteles del narcotráfico y las bandas de delincuentes callejeros, también se relajaron pensando que iban a estar en un paraíso de libertad absoluta.

Lo que no se esperaban es que esos abrazos los iban a apretar sofocándolos hasta dejarlos sin respiración, como un gran abrazo de oso. Además la estrategia ha ido avanzando y conforme pasa el tiempo, los abrazos han sido más y más fuertes. Hoy vemos manifestaciones que nos indican que todos estos malosos aguantan cada vez menos la presión.

La estructura económica de la derecha, por no llamarle de la delincuencia, ha hecho esfuerzos para que sus brazos políticos se unan intentando sumar sus fuerzas, olvidándose del pudor que les permitió hacerle creer alguna vez a la población, que cada uno de ellos era diferente a los demás, que tenían ideales y principios propios.

Sus brazos de la delincuencia callejera ha sido golpeados sistemáticamente, sin prisa pero sin pausa, minando su capacidad operativa y financiera con decomisos históricos de armas, drogas, laboratorios, vehículos y detenciones, que ya no les permiten actuar con la eficiencia y holgura con la que los hacían antes; sus reservas de recursos humanos se han visto muy disminuidas con el apoyo de los programas sociales, que le dan oportunidades distintas a los jóvenes que antes tenían que unirse a ellos para sobrevivir.

Sus medios amaestrados de comunicación, que les sirven para llevar sus mensajes por todas partes, tergiversando la realidad, difundiendo mentiras, inventando historias de ciencia ficción, magnificando las acciones de propaganda del crimen callejero para mantener aterrada a la sociedad, son desmentidos diariamente a través de los medios alternativos y del propio gobierno. Sabemos que la derecha trata de crear un caos con acciones como las de quemar vehículos y tiendas de conveniencia, pero es momentáneo, su magnificación en los medios de propaganda es lo que provoca pánico entre la población de todo el país; este tratamiento mediático de los hechos es el verdadero terrorismo, no los hechos en sí mismos.

Todos estos brazos de la delincuencia organizada desde la derecha, se activan porque el abrazo más apretado lo han estado recibiendo los oligarcas que controlan con su poder económico a todos los anteriores. Se acabaron los contratos amañados, en los que podían cobrar sin hacer el trabajo; se les fueron los enormes negocios a sobreprecio que se conseguían pagando un moche; se terminó la condonación de impuestos, la venta de facturas o la devolución de impuestos pagados. En resumen se les acabó la fiesta y este abrazo ya los tiene muy sofocados.

A toda esta runfla de desposeídos de los privilegios de antaño, se les ve cada vez más desesperados, con sus caras desfiguradas, proyectando gestos de tensión y de angustia, llamando a sus compinches para que se junten, a ver si así logran zafarse de esos abrazos que ya no los dejan respirar.

Por suerte este proceso los ha desnudado mostrando su verdadera escencia de delincuetes deshumanizados, que hoy bajo el liderazgo de “el junior”, se aglutinan en defensa de una sola causa: No perder la plaza.

Como dijo el escritor inglés Charles Dickens: “El número de malhechores no autoriza el crimen”.

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Por Erika