Faltan varios meses aún para el cierre de sexenio.

Pero es evidente para todos, que la fecha se aproxima y en un futuro cada vez menos lejano, la figura del presidente López Obrador desaparecerá definitivamente de la escena política mexicana.

No más López Obrador, ni político con un arrastre social tan grande. No más esa enorme fuerza de voluntad que permite enfrentar enemigos y ganar poco a poco presencia política a nivel nacional. No más al líder que convoca a las masas y cuida de ellas en la victoria y en la derrota.

Si hacemos caso a lo que nos dice el presidente, no lo volveremos a ver públicamente. Se dedicará a escribir y a disfrutar de su familia, rodeado de la exuberante naturaleza chiapaneca.

Ya no habrá López Obrador a diario en las conferencias matutinas, rompiendo toda mentira que intente difundir el sector social que respalda el regreso de la oligarquía al poder.

Y México tendrá que vivir con eso y seguir su rumbo histórico.

La Cuarta Transformación hará lo mismo, pues no se puede permitir que el trabajo desarrollado durante seis años de lucha permanente, se venga abajo si permitimos a los conservadores recuperar el poder.

¿Estamos preparados para ese momento difícil?

¿La izquierda mexicana está preparada para afrontar un presente sin López Obrador, como imán social?

Es difícil saber en este momento, el grado de madurez que han alcanzado los perfiles de Morena dentro del gobierno federal y dentro del mismo partido.

Tenemos los casos de Ricardo Monreal, Gibrán Ramírez y algunos senadores que en este momento, trabajan por el proyecto político de Monreal y no tanto por la Transformación Nacional que impulsa el gobierno, ni por los intereses del Pueblo.

Esos cuadros perdieron el rumbo, cuando la ambición de poder los ganó.

Son perfiles que lo mismo pueden jugar un día del lado de la izquierda, para pasar sin pudor alguno, a respaldar la causa de la oligarquía, si la ganancia personal es atractiva.

Hay algo que salvará de una u otra forma al Proyecto de Nación que se está dando en México. El factor decisivo de cambio.
Pero eso lo vamos a dejar para el final.

Un presente sin López Obrador gobernando, es una imagen que poco a poco se convierte en realidad inminente.
Quien más lo ha tenido presente desde el principio del sexenio, ha sido el propio presidente.

López Obrador nos ha hablado durante los últimos meses, de su próximo retiro definitivo. Y lo hace intencionadamente, para que la realidad sea asimilada poco a poco.

Él ya no estará dentro de la escena política, pero nos avisa que hay formas de cuidar, mantener y acrecentar los logros de una Revolución Nacional que se ha llevado a cabo hasta el día de hoy, sin derramamiento de sangre.

López Obrador, dentro de su legado, nos deja los consejos necesarios para que la Transformación no se detenga.

Uno de los más importantes, dado que ha comentado ampliamente el tema durante las últimas semanas, está relacionado con la fuerza que debe tener el siguiente presidente.

No debemos permitir por ningún motivo, que llegue a la presidencia un mandatario con la fuerza de un florero.
Aún contando con un respaldo social mayor al del 70% de los mexicanos, al presidente López Obrador le ha resultado imposible sacar adelante todos los cambios constitucionales que requiere el país.

La razón es simple. En las elecciones intermedias, la trampa del “voto diferenciado” atrapó a una buena cantidad de incautos, que pensaron que votando así, se estaba defendiendo a la democracia.

Ya vimos que las cosas no funcionan de esa forma.

Ese tipo de democracia corrupta, impidió el cambio constitucional para garantizar una Reforma Eléctrica, que limitara la privatización del sector energético. En el Congreso, sin los votos suficientes, Morena no puedo sacar adelante dicha reforma.

Lo mismo está sucediendo ahora con la Reforma Electoral. Morena y aliados no tienen mayoría calificada para realizar el cambio que permita transformar a un INE corrupto, en un organismo verdaderamente autónomo y con un árbitro electoral confiable.

López Obrador nos previene sobre la trampa que lleva oculta la propuesta del “voto diferenciado”.

Aunque Morena ganara la presidencia, si no tiene la cantidad suficiente de diputados y senadores en el Congreso, no podrá aprobar las reformas que requiera el Poder Ejecutivo.

El presidente estará maniatado. La Transformación se habrá detenido. Y poco a poco, el segmento que quiere a la oligarquía como forma de gobierno, ganará terreno dentro de la sociedad.

Desde hoy, hay que difundir ese mensaje del presidente López Obrador.

El próximo primer mandatario, que seguramente será de izquierda y salido de las filas de Morena, requerirá el respaldo del Congreso, para dar continuidad a una Transformación que está en proceso.

López Obrador se jubila, pero el Proceso de Cambio en el país, tiene un buen trecho por recorrer en los siguientes años.
El presidente recomienda VOTO PAREJO en las siguientes elecciones, tanto en lo que se refiere a la presidencia, como a los integrantes de las Cámaras de Diputados y Senadores.

Un presidente fuerte, del partido que sea, con un Congreso de mayoría a su favor, es la mejor garantía de democracia.
Y si falla y no cumple, está aprobada ya la revocación de mandato. Se va por la puerta trasera a los tres años.

¿Qué más nos deja como legado López Obrador?

La idea capital de este gobierno.

No hay actor más importante en la historia que México escribe a diario, que EL PUEBLO.

A ese pueblo le corresponde defender diariamente todo lo alcanzado.

Es él y nadie más, quien otorga su voto y su confianza a un Proyecto. Lo lleva al poder y lo defiende e impulsa de manera permanente.
Aunque sin López Obrador, México tiene rumbo claro y ese camino tiene el sello del actual presidente.

El factor Pueblo, es el único que define la verdadera democracia.

En momentos de Transformación y encontrándonos a medio camino, no podemos frenar, o dudar, porque la cabeza de la lucha iniciada se retira.
Hay herencia y mucha. Hay un país que está saliendo del desastre neoliberal y eso hay que defenderlo con la misma fuerza, a partir del 2024.

La receta de hoy es:

Voto masivo para que Morena Mantenga la presidencia y Voto parejo para todos los candidatos de Morena.

Ni un paso atrás, porque al menor descuido, vuelve la oligarquía al poder.

Y eso sí sería traicionar los ideales y lucha de López Obrador.

Malthus Gamba