Este año otra vez las fiestas patrias para la celebración de nuestra independencia, volvieron a desarrollarse en un entorno de pandemia, sin público presencial en el zócalo de la ciudad de México, ni para la ceremonia del grito, ni para el desfile militar del 16 de septiembre.

Sin embargo, a pesar de haber tenido que ser así, el ánimo de los ciudadanos, con múltiples manifestaciones de orgullo y alegría, fueron patentes en las transmisiones de ambos eventos en las redes sociales.

Durante este gobierno ya nos estamos acostumbrando a presenciar festejos sobrios y austeros al interior de palacio nacional, que se tornan altamente simbólicos y elocuentes en la plaza de la constitución.

Esta vez el grito de Independencia de Andrés Manuel López Obrador, volvió a ponderar la libertad, la justicia, la democracia, la honestidad y la solidaridad universal, que fueron subrayados por el espectáculo musical de Lila Downs en la canción Latinoamérica, acompañada en el escenario por un grupo de mujeres indígenas.

Estrenamos el “maping” en las superficies exteriores de los edificios históricos del zócalo y en la representación del Templo Mayor que se erigió en el zócalo capitalino con este propósito y nos emocionamos con el maravilloso popurrí de música mexicana de todas las regiones del país, que sonaba enmarcado por los fuegos artificiales.

El Presidente tocó emocionado la campana de Dolores y ondeó la bandera oficial de México, que es la que se utiliza para este evento y que en el interior de su corona tiene guardados un encendedor y una bala. El soldado abanderado es responsable de cuidar la bandera con su vida. Si en una batalla la bandera se pone en riesgo de caer en manos enemigas, el abanderado tiene instrucciones de usar el encendedor para quemarla y la bala para él.

En el desfile militar del 16 de septiembre, observamos a más de 15 mil miembros de las fuerzas armadas, acompañados de 99 aeronaves y 60 charros, marchar detrás de los casi 500 miembros de ejércitos de otros países que fueron invitados al evento.

Como invitado especial en esta ocasión nos acompañó el Presidente de Cuba y escuchamos discursos emotivos de hermandad, agradecimiento y solidaridad mutua a través de la historia, culminando con el de nuestro Presidente, solicitando respetuosamente al Presidente Biden de los Estados Unidos, que levante el bloqueo inhumano y demencial que ha impuesto ese país sobre Cuba durante los últimos 62 años.

La exposición de nuestras fuerzas armadas se orientó fundamentalmente a exaltar su participación en la reconstrucción de infraestructura, el apoyo a la población en desastres y la campaña de vacunación, sin dejar de decirnos que están preparados, entrenados y equipados, para llevar a cabo eficazmente la defensa nacional y la seguridad interior.

Marcharon las escuelas militares en todas sus variedades, médicos, enfermeras, telecomunicaciones, especialidades por cada fuerza y por primera vez la escuela de mandos. Desfilaron los equipos de rescate, de apoyo a la población, de ingenieros militares y navales a cargo de los grandes proyectos de infraestructura que estamos desarrollando, equipos de guerra, de construcción, de producción, de alimentos y de servicios de emergencia.

Así, con una impresionante demostración de disciplina y destreza presentada por los paracaidistas, que descendieron del cielo a 240 kilómetros por hora y aterrizaron caminando con toda tranquilidad, vimos pasar las 34 banderas de los distintos contingentes, pensando en cada uno de esos hombres que las custodian, en sus 34 encendedores y sus 34 balas, que no dudarían en usar si fuera necesario.

Como dijo el escritor francés Alfred Víctor de Vigny: “El honor consiste en hacer hermoso aquello que uno está obligado a realizar”.

Por Erika