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Una de las bases de la filosofía de Martín Heidegger, tiene que ver con la muerte.

Heidegger sostiene que en todo momento de la vida del Hombre, la muerte está presente y debe considerarse como una posibilidad real, que se cumplirá en alguna de sus apariciones. Lo único inevitable, es la muerte y ésta nos acompaña siempre.

Esto no sucede únicamente con el Hombre, sino que pasa también con las estructuras que él construye. Toda creación humana se desgasta de a poco, hasta llegar al momento en que debe desaparecer, para dejar espacio a formas nuevas y frescas.

La política no es ajena a este hecho propio de un Universo en permanente cambio.

Estructuras que mostraron solidez durante décadas, se debilitan, se pervierten y terminan por desaparecer con dignidad algunas veces, o en medio de la mediocridad y reprobación de quienes atestiguan su decadencia.

El presidente López Obrador habló en la conferencia mañanera de este día, del bochornoso espectáculo que ofrece el Partido Revolucionario Institucional el día de hoy.

Un partido político articulado de a poco y que indiscutiblemente, es fruto del movimiento revolucionario, al que identificamos hoy como la Tercera Transformación.

El PRI tuvo en su mejor momento teóricos e ideólogos de la talla de Jesús Reyes Heroles y todos los presidentes de la etapa postrevolucionaria, salieron de sus filas.

El partido mantuvo una visión nacionalista y de proximidad con la gente. Una defensa de la soberanía nacional, que fue el origen de la Doctrina Estrada.

López Mateos nacionaliza la energía eléctrica y Lázaro Cárdenas hace lo mismo con la industria petrolera.

Esa visión en donde lo social tiene un peso importante, se mantuvo vigente hasta la llegada de Miguel de la Madrid al poder y el consecuente arribo del neoliberalismo a México.
En el PRI siempre hubo corrupción, como la hubo dentro de las filas del ejército carrancista, en tiempos revolucionarios.

La burguesía mexicana, que entra por la puerta que se ve obligada a abrir la vieja casta porfirista, lleva junto a las medallas de los generales triunfantes, la marca de una corrupción tan ávida de riqueza y poder, como la que padece la vieja aristocracia nacida al amparo del dictador derrotado.

Con todo y sus vicios, el PRI se mantuvo fuerte, hasta finales del mandato de Ernesto Zedillo. La llegada de Vicente Fox a la presidencia, en una alternancia que jamás existió, marca el momento en que la debilidad política comienza a hacer estragos en la maquinaria tricolor.

El poder político disminuye y es el poder económico quien comienza a hacerse con el control del país.

El neoliberalismo que defenderán por igual panistas y priistas, hace millonaria a la nueva camada de políticos. Pero estos a cambio, deben aceptar que en adelante, el verdadero dueño de México, será el capital.

Y el Capital es despiadado. No entiende de soberanía, ni de dimensión social. Para enriquecer a unos cuántos, debe empobrecer a millones de ciudadanos.

El respaldo de la gente hacia el PRI y el control social del PRI, disminuyen en forma evidente. Solo se requiere la presencia de una fuerza política diferente, que actúe como detonante. Y esa fuerza llega con el hoy presidente López Obrador y el Movimiento de Cuarta Transformación que encabeza.

En 2018, el PRI estalla en pedazos grandes. Pierde el poder federal, pero se mantiene como la fuerza política más poderosa a nivel estatal y municipal.

Esos pedazos se han ido fragmentando de a poco, al grado de que la elección del pasado 5 de junio, deja un saldo de solo tres Estados gobernados por el PRI. Durango, Coahuila y el Estado de México.

El año entrante habrá elecciones en Coahuila y el Estado de México y es muy probables que en esos eventos, resulte derrotado nuevamente el PRI.

El presidente López Obrador se refirió a esta historia priista el día de hoy, señalando que un partido que tiene un historial tan rico en hechos y en personajes, debería hacer un análisis profundo de su situación, para salir del problema que tiene en este momento, al ser identificado como un apéndice del PAN.

Acción Nacional siempre ha sido una fuerza política ligada a la clase empresarial y al poder económico internacional.

El PAN no ha destacado por defender la soberanía del país, ni por ser un partido cercano a la gente.

El padre Alejandro Solalinde pone un tuit el día de ayer, donde deja en claro lo que muchos ya sabíamos. El PAN, desde la década de los 70s, es tomado por El Yunque, una organización de extrema-derecha.

La alianza forzada por Claudio X González, donde conviven y comen del mismo plato priistas y panistas, es contraria al sentido común.

No puede haber proximidad entre la extrema derecha, que ha reivindicado causas de corte fascista, con una posición política nacionalista, como la que históricamente defendió el priismo.
El Pan alega ahora que existe en el terreno de los hechos, la alianza Morena-PRI. El Primor del que tanto se habló hace unos años.

Y no es así. El PRI se volcó a la derecha y el único partido que defiende la soberanía nacional en este momentos es Morena.

Cuadros políticos del PRI y del PRD que se dieron cuenta de la traición que las dirigencias de esos partidos estaban haciendo, pasaron a engrosar las filas de Morena, por ser la opción con la que personalmente se identificaron.

El PRI tiró la estafeta y pasó a ser satélite del PAN. Morena nace como fuerza política ligada al pueblo y toma el estandarte que dejó abandonado el priismo.

Las estructuras mueren al igual que los hombre y el fin del PRI, al igual a lo que hoy lo vemos con el PRD, está próximo. La muerte lo ha acompañado a lo largo de su trayectoria en el país. El tiempo de ver cómo se cierra la historia la historia.

Un examen a fondo dentro de las filas del PRI, con la corrección de rumbo necesaria, podría ampliar el margen de existencia de este partido.

Pero en manos de Alejandro Moreno, con la presencia económica a Claudio X González y el acompañamiento de Marko Cortés, esto parece imposible.

No hay PRIMOR. Hay priistas desencantados con su partido, que se han ido pasando poco a poco a Morena.

Hoy, el nacionalismo es cien por ciento Morena. Un nacionalismo donde todos caben y con el cual muchos se identifican.

Y hay también una vieja estructura de poder, volcada a hacia la derecha radical, que está aproximándose paso a paso a su cita final con la muerte.
El Pueblo de México les dedicará una oración y un “descansen en paz” sincero.

Porque mientras la decadencia en el bando opositor es evidente, la Cuarta Transformación tiene vida para rato.

Malthus Gamba