Los últimos días del Tercer Reich alemán, fueron de sobresalto, derrotas contundentes y falta de elementos bélicos y humanos, que pudieran ser utilizados para apuntalar cualquiera de los múltiples frentes de combate, donde se intentaba evitar el avance aliado sobre Berlín.
Hitler, en su búnker instalado en las profundidades del Reichstag, recibía noticias alarmantes de manera permanente.

La guerra estaba perdida. Una a una caían las últimas fuerzas alemanas y no había forma de frenar el ataque ruso en el frente oriental. La guerra se perdía y con ella el futuro inmediato del nazismo.

Esos momentos inimaginables para quienes presencian de lejos la caída definitiva de uno de los contrincantes, deben ser terribles para aquellos que se encuentran al interior de la fortaleza sitiada.

En el caso de Hitler y de su hombre de confianza, la única salida posible, era el suicidio y optaron por esa vía, acompañados de sus seres queridos.
Rendida la Alemania nazi, varios de los políticos, militares y civiles involucrados en acciones consideradas violatorias a las leyes de la guerra, enfrentaron procesos que los llevaron, en el mejor de los casos, a la cárcel, o al patíbulo, cuando las pruebas en su contra fueron abrumadoras.

La confianza de Hitler en una victoria de último momento, se mantuvo firme hasta que la evidente realidad le mostró lo contrario. La idea de un Tercer Reich victorioso, no lo abandonó hasta que el estallido de las bombas que avanzaban al interior de Berlín, lo hicieron comprender que estaba soñando con algo imposible.

El mejor momento de los ejércitos alemanes había pasado. Italia había caído y Japón fue más que un apoyo, un inconveniente.
El sueño en que vivía Hitler, apartado de una realidad que se negaba a ver, es una forma defensiva que afecta a quienes están al frente de algún proyecto de relativa importancia, dentro de cualquier sociedad.

Negar la realidad, pensando que el sueño, el espejismo, la ilusión febril son posibles, es una conducta que se repite de manera constante en quienes forman parte de la clase política de cualquier nación, cuando el peligro acecha.
En el México actual, podemos ver un ejemplo claro de esta conducta del auto-engaño, en los políticos agrupados en el sector conservador de nuestra sociedad.

Desde la derrota del 2018, el neoliberalismo no ha podido levantar cabeza, para crear una alternativa política que le permita el regreso al poder.

Van de derrota en derrota, perdiendo presencia de gobierno a nivel nacional.

El hecho de haber nombrado a Claudio X González como su comandante supremo, les ha traído más disgustos que satisfacciones.
Claudio nunca ha destacado por ser buen empresario. Pero como político, es un ejemplar de lo peor.

Su estrategia, sus campañas y combates en la arena política, han terminado invariablemente en derrotas.

La evidencia de que las cosas van mal, es inocultable. Los conservadores están cada día más solos y acorralados.

La Cuarta Transformación avanza en todos los frentes y a corta distancia, es posible ver a Morena preparando el terrero para las batallas finales del sexenio, en 2023 y 2024.

Claudio no cuenta con un ejército de valía que pueda hacer frente a la aplanadora electoral que vemos en Morena.
Es más. No tiene candidato con mínima oportunidad para hacerse de la presidencia en 2024. Sus ejércitos priistas, panistas y perredistas, han sido derrotados una y otra vez durante los últimos años, al grado de que hoy no tienen fuerza suficiente para detener una iniciativa presidencial en el Congreso.

Con todo, Claudio vive aún con la esperanza de alcanzar un triunfo de último momento. Un triunfo milagroso, que sus pocas fuerzas leales puedan darle.

Pero el espejismo se rompe al contacto con la realidad.

Hace apenas unas cuantas horas, Elon Musk, nuevo dueño de la red social Twitter, anuncia el despido de buena parte de los directivos de esa empresa, a lo largo y ancho del mundo.

En México, Twitter pasó de ser una plataforma abierta al debate público, a una red social controlada casi por entero, por directivos al servicio de claros intereses conservadores. Principalmente panistas.

Se acaba de informar que toda la plantilla directiva de Twitter México, fue despedida y con esto, el control de esa red donde el debate político es permanente, sale de las manos de los panistas que hacían uso de la plataforma, para conducir el debate público por los caminos que más convenían a los grupos neoliberales.

Las enormes granjas de bots utilizadas por la derecha, están a un paso de ser desterradas de la red.
La salida de directivos de Twitter en todo el mundo, anuncia una sola cosa.

Se vienen cambios importantes y para lograr afianzarlos, es indispensable sacar la basura y todo lo que estorba, antes de dar inicio a la remodelación.

Claudio X González se quedará sin una de sus armas importantes. El manejo de la desinformación en el país, a través de la plataforma Twitter.

Si a esto le sumamos que la Reforma Electoral comenzará a discutirse en el Congreso de la Unión en el corto plazo y que el respaldo a esa reforma, es sumamente amplio dentro de los distintos sectores de la sociedad, podemos entender que la derrota definitiva está a la vuelta de la esquina para Claudio X González y sus ya muy maltrechas tropas.

Sin las granjas de bots, los “influencers” reaccionarios son nada. Cuentas vacías que pasarán al olvido, por falta de verdadero apoyo ciudadano.

Twitter dejará de ser el reducto importante para la desinformación.

Y si la Reforma Electoral sale aprobada, tal y como muchos lo están viendo, la oposición neoliberal, tiene los días contados.
No habrá posibilidad de fraude en 2024. Ganarán los candidatos electos por el Pueblo.
Las campañas sucias y de odio impulsadas desde las cuentas que controlaba el panismo en Twitter, no serán permitidas, al estar proscritos los trolls, bots y haters.

Solo Claudio X González, al interior de su búnker y acompañado de sus pocos incondicionales, ve posible un triunfo en 2024.
La realidad, que se encarga de poner a cada uno en su lugar, le abrirá los ojos de a poco, para que entienda que defiende una causa perdida.
La oposición no va a regresar al poder en el corto plazo. Ni siquiera se ve posible que esto suceda en el 2030.
La caída del Reich fascista de Claudio X González, es de esas que reducen a cenizas a los perdedores.
Tenemos Cuarta Transformación para rato.

Y la pregunta final es ésta.

¿A cuántos criminales de lesa humanidad les esperan juicios dentro y fuera del país?
El primer preocupado, sin duda alguna, debe ser Felipe Calderón.

Malthus Gamba