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Si usted nació cuando Miguel de la Madrid asumió la presidencia de México, puede estar seguro que su formación personal, en muchos aspectos de la vida diaria, parte de una visión del mundo de corte neoliberal.

Más aún. Si tenía cinco años cuando el citado presidente se hizo cargo del gobierno del país, es seguro que recibió una educación y goza de una cultura general, diseñada expresamente por un neoliberalismo que se estaba haciendo fuerte en buena parte del planeta.
Ahora piense en esto.

Llega la Cuarta Transformación al poder y usted, que ha visto como su país se desbarata a ritmo acelerado y entiende, pese a su formación, que algo malo ocurre con las autoridades que han gobernado México en las últimas décadas, se declara obradorista convencido.

Reconoce que la transformación de nuestra vida nacional, es una necesidad impostergable y que hoy, se tiene la oportunidad de contar con un presidente al que no se le ha podido comprobar un solo acto indigno, a lo largo de su larga carrera política.

Usted ha dado su respaldo a ese nuevo gobierno. Sabe que el reto es grande, porque el deterioro que sufrió el país es, aparte de doloroso, monumental.
Entiende todo eso y reconoce el esfuerzo que se hace para revertir el daño causado a la nación y a sus habitantes.

Todo es comprensible y al parecer de una claridad incuestionable. Se tiene plena conciencia del momento histórico que se vive y sabemos todos que la razón, la justicia y la causa justa, la defienden quienes respaldan de una u otra forma, al Movimiento de Transformación que trabaja en bien de la nación.
No debieran presentarse dudas entonces.

Y sin embargo, uno de los puntos débiles del Movimiento, es precisamente ese segmento identificado con la transformación, que cae en desconfianza, dudas e inquietudes, que muchas veces nacen de la campaña desinformativa que práctica desde el inicio del sexenio, la derrotada clase opositora nacional.

Hemos visto en los últimos cuatro años, como ese grupo de simpatizantes del cambio, han hecho suyas falsas banderas enarboladas por la oposición.

Se han declarado feministas, cuando el panismo ha impulsado la violencia en las calles, utilizando a grupos radicales de mujeres, para generar malestar social.

La falsa bandera que dice defender a los niños que desafortunadamente son víctimas de cáncer, fue retomada por los “tibios” de izquierda, quienes también culparon de este hecho al gobierno federal, sin entender que el desabasto en precursores para la fabricación de esos medicamentos, se dio a escala mundial.

Lo mismo ha pasado con la cancelación del aeropuerto en Texcoco y la construcción del nuevo aeropuerto Felipe Ángeles. Con la Refinería Olmeca y con el Tren Maya. Con la contratación de médicos cubanos, la estrategia de salud contra el Covid y el programa de vacunación para su control. Igual con la creación de la Guardia Nacional.
Los “tibios” son presa fácil, para los lobos de la derecha rapaz y corrupta.

Se siembra la duda y el “tibio” de inmediato va tras el anzuelo
Pero si usted considera que entra en esta clasificación particular, donde la duda es norma, no debe inquietarse demasiado.
Lo dicho al inicio de esta nota explica claramente lo que le sucede.
Usted fue formado durante el periodo neoliberal y responde por lo mismo a los estímulos que le fueron inculcados desde temprana edad.
“Si lo dice la prensa debe ser cierto”. “Lo están publicando todos los medios de información”. “En realidad, todos los políticos son iguales”. “La corrupción es parte de la cultura mexicana y nunca se erradicará”. “Este presidente es otro político que nos engaña, igual a como lo hicieron sus antecesores”. “No hay transformación, se trata de otro cuento que nos vende el gobierno en turno”.
El tablero de botones con los que se logró el férreo control social establecido por 36 años de neoliberalismo, aún no está desactivado del todo y muchos de esos botones, operan eficazmente, a pesar de ya no contar con el aparato de gobierno que los aprovechaba a plenitud.

Hoy solo tocan determinadas franjas sociales, que entran en desconfianza, o duda, cuando la inquietud llama a una puerta que aún no ha sido cerrada del todo.
La gente que hoy tiene 40 años, tiene mucho de neoliberal en su personalidad. Compite, arrebata en ocasiones, dejó olvidados valores éticos y sociales en algún rincón de la conciencia. Tiene una educación y una cultura deficiente, o limitada. Y es afecta a creer lo que señalan los comunicadores, políticos, académicos e intelectuales del pasado. Sobre todo cuando lo hacen en nado sincronizado.

El cambio de mentalidad del que habla el presidente, ha operado en la clase menos contaminada por el neoliberalismo. Generalmente, las capas más avanzadas culturalmente, así como los trabajadores y campesinos de siempre. Ahí está el respaldo fuerte a la transformación.

Ese sector duro, no hace caso de la guerra desinformativa, que pretende venderle la oposición derrotada. Es la muralla sólido que no abandona, ni abandonará a López Obrador. Ahí está representado el verdadero núcleo del obradorismo.

Los “tibios” son únicamente la periferia del Cambio que vive México. Les cuesta más trabajo entender y respaldar un proyecto que no sigue la ruta conocida y enfrenta desafíos a diario. Se acostumbraron a la ruta de la corrupción, no porque fuera positiva para ellos, sino porque era la única vía conocida. Y por ser conocida, la consideraban más segura. Con riesgos conocidos.
Se comprende a los “tibios” y hay que tener paciencia con ellos.

Pero hay otro pequeño sector, que en el momento actual, intenta crear problemas al interior del Movimiento. Son “los falsos”.

Los que de defensores de la Cuarta Transformación, se ha convertido no en críticos, sino en agresores feroces del Movimiento.

En redes sociales, podemos ver usuarios con cuentas “gordas”, hablando de crisis al interior de Morena y de fracturas en el Movimiento.

Atacan a funcionarios del gobierno. Desvirtúan políticas y acciones del presidente, utilizando los mismos falsos argumentos que intenta impulsar la oposición. Descalifican dirigentes y pretenden tener un conocimiento político y una experiencia de gobierno, superiores a las de López Obrador.

Son los “falsos” que buscan puestos a corto plazo. Los del “quítate tú, porque me toca a mí”. Los que “operan en favor de “quien me va a dar”. Los ambiciosos que son como los hongos que aparecen por todas partes, cuando la lluvia es buena.

Estos “falsos”, pretenden “jalar” hacia su bando a los “tibios”. Los miran como botín y trabajan para atraerlos, en el intento de fortalecer posiciones personales y de grupo.

Si los “tibios” son consecuencia directa del neoliberalismo, los “falsos” son parte de la “zopilotada” del pasado. Carroñeros en permanente búsqueda de presas, o despojos.
Si a los “tibios” se les respeta y entiende, a los falsos se les debe evidenciar y combatir.

Los falsos son la oposición incrustada en el movimiento. Son los que hablan mucho de defensa del obradorismo y del significado de la Cuarta Transformación, pero que con sus hechos desmienten su falso discurso. Con hechos demuestran lo que son.

Es tan fuerte el bloque sólido que marcha al lado del presidente, que la debilidad y la falsedad de pequeños grupos, no rompe en nada la alianza que existe entre Pueblo y presidente, para sacar adelante a este país y heredar al siguiente gobierno una nación menos desigual, más justa y sin el grado de corrupción que encontró López Obrador al inicio de su gobierno.
Hay gobierno, hay partido y hay movimiento para dar la batalla a todos.
Los “tibios” se irán integrando poco a poco.

A los “falsos”, hay que evidenciarlos. Que se larguen solitos.

Malthus Gamba