El auge e impacto que han tenido las plataformas de delivery en los hábitos de consumo de los mexicanos durante la pandemia, ha incrementado la demanda de servicios de repartidores, quienes hoy se encuentran en la búsqueda de mejores condiciones laborales, entre ellas un vínculo formal con sus empleadores, ganancias más justas y, por supuesto, su seguridad. Colectivos como Ni Un Repartidor Menos ya han logrado avances importantes, y sus voces ya han llegado al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el cual ha firmado un acuerdo con plataformas como DiDi, Rappi y Uber para su incorporación al Régimen Obligatorio del Seguro Social de trabajadores independientes.

En México, cinco de cada diez repartidores de plataformas de delivery han sufrido algún accidente o percance mientras trabajan, la mayor tasa registrada a nivel global según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), y una cifra que, sin duda, refleja la necesidad y urgencia que existe por proteger a estos trabajadores.

El 80% de los trabajadores de estas plataformas señalan que las empresas no cuentan con medidas para prevenir riesgos laborales.

Ante esto, Abelardo A. Tous-Mulkay, P.E.I. y Director General de Carbyne para Latinoamérica y el Caribe,

destaca que, las startups y compañías de delivery también pueden hacer uso de la tecnología para proteger a quienes diariamente salen a la calle a entregar pedidos de comida, supermercado, paquetería, entre otros.

La geolocalización y el análisis de datos en tiempo real se posicionan como dos tecnologías clave para mitigar situaciones de riesgo como accidentes de tránsito, rutas peligrosas o de alta incidencia delictiva, condiciones climatológicas e incluso malos tratos por parte de automovilistas, chóferes de transporte público o los mismos usuarios de estas apps.

Algunas tecnologías ya han sido puestas a prueba en diversas situaciones de riesgo como la conocida “Plataforma Carbyne”, la cual ha brindado, tanto a gobiernos como a los Centros de Atención de Llamadas de Emergencia (CALLES) del país, entre otras instituciones de atención ciudadana, una infraestructura tecnológica que conecta a las víctimas de una emergencia con autoridades y/o cuerpos de rescate en cuestión de segundos, con solo marcar al 9-1-1.

Mediante una conexión estable, precisa y veloz con los smartphones de los repartidores, las mismas empresas o en su defecto las autoridades, dependiendo de la gravedad del caso, pueden saber exactamente la ubicación del siniestro, con una exactitud de menos de 5 metros a la redonda, o donde hay que mandar apoyo de forma inmediata; a través de la comunicación en tiempo real (ya sea por llamada de voz, videollamada o chat silencioso) se recopila de forma automática una gran cantidad de información como evidencia para ser mandada a las autoridades; sin la necesidad de instalar una aplicación adicional, todo ello tan solo a un botón de distancia.

La implementación de ambas tecnologías ya han mostrado efectividad en materia de seguridad a gran escala, tan solo el flujo continuo de datos en tiempo real ha ayudado a reducir los tiempos de respuesta a víctimas hasta en un 50%.