¡Soberanía sí! ¡Dependencia nunca más!

Desde hace un buen tiempo, el doctor Alfredo Jalife Rahme ha señalado que el término “nacionalismo”, aplicado a los gobiernos que salen de la fracasada esfera neoliberal, para intentar caminar con rumbo propio, no le parece atinado.
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En nuestro país, ese término se asocia al viejo PRI, que se adueñó no solo de los colores de nuestra bandera, sino de la identidad de los mexicanos, a quienes decía representar mayoritariamente.

El doctor Jalife considera más apropiado hablar de “soberanistas”, en lo que corresponde a estas naciones, separadas ya de la rapacidad y corrupción que significa ser “neoliberal”.
Si algo puede decirse del gobierno de la Cuarta Transformación desde su llegada al poder, es que se trata de una administración contraria a las formas que siguieron los gobiernos neoliberales del pasado.

Como lo dijo el presidente López Obrador en la conferencia matutina del día de hoy: en su gobierno se frena por completo la privatización del patrimonio nacional. Se da impulso sostenido y prioritario al desarrollo de las empresas estratégicas del país. Sobre todo, a Petróleos Mexicanos y a la Comisión Federal de Electricidad.
En este momento, empieza a renacer en el pueblo de México la conciencia soberana. Se siente como parte importante de la nación, la estructura energética que dilapidaron los gobiernos neoliberales del pasado.

La crisis de energía eléctrica que viven varios estados en el país, nos abre los ojos sobre el alarmante estado de dependencia que nos heredaron las administraciones priistas y panistas.
No tenemos capacidad total, para garantizar bienestar del pueblo. Al menos en materia energética. El deliberado empobrecimiento de PEMEX y la CFE, que perdieron capacidad de producción para permitir la entrada en el sector energético de capital privado, se tradujo en una pérdida de soberanía nacional.
Dependemos de particulares para echar a andar la planta productiva en el país. Y como esos particulares son en su mayoría extranjeros, la dependencia se vuelve aún más grave.
Esto lo estamos atestiguando y padeciendo en los últimos días.

En estos momentos, Estados Unidos vive un serio problema relacionado con la generación de energía eléctrica. Sobre todo, en los estados sureños del país. Las bajas temperaturas atípicas que se han presentado en las últimas semanas, dejaron fuera de circulación a las plantas que producen energías alternas. No hay sol y se paraliza la producción de energía solar. No hay viento y quedan fuera de servicio las plantas eólicas.

Todo el suministro que requiere la sociedad en el sur de ese país, debe cubrirse utilizando gas. Y no hay suficiente gas para atender todas las necesidades. El gobierno de Texas declara el estado de emergencia y se comienza a racionar la energía y a encarecer el valor del gas.

En lo que respecta a México, que recibe el gas que utilizan nuestras plantas generadoras de electricidad, precisamente de Texas, las dificultades comienzan a incrementarse con el paso de los días. Primeramente, en el valor del gas, que sufre aumentos de hasta un 5,000%. Después llega la noticia de que los ductos que transportan ese gas, están congelados y por lo mismo, inutilizados para hacer llegar el energético a las plantas en México, en este momento. Por último, el gobierno de Texas notifica que suspende toda exportación de gas, mientras siga vigente el estado de emergencia declarado.

Eso sucede en los lados de la frontera.
Pero hay algo más. En nuestro país, hay situaciones que conviene aclarar. La Comisión Federal de Electricidad, produce únicamente el 50% de la electricidad que consumimos los mexicanos. El otro 50% por ciento, lo produce el sector privado. En el norte del país principalmente, hay problemas de generación de energía eléctrica, que afectan a la población y es interesante destacar que es precisamente en esa zona, donde la producción y distribución de energía eléctrica, se encuentra mayoritariamente en manos de particulares, muchos de ellos estranjeros.

¿Cómo pudimos llegar a tal grado de dependencia?

¿Por qué dejamos en manos extranjeras un sector vital para el país, como lo es el energético?
¿Por qué cedimos estúpidamente soberanía a otras naciones, al entregar a particulares extranjeros el control de servicios y empresas que son vitales para garantizar la buena marcha del país?
La respuesta es sencilla.
Porque los neoliberales que gobernaron en esta nación durante los últimos 36 años, no tenían ni pizca de escrúpulos, o de identidad nacional.
País soberano, no tenía significado para ellos. Identidad nacional, tampoco.
Todo fue negocio, basado en la corrupción.
Entregaron el patrimonio nacional, a cambio de migajas, que fueron a parar a sus cuentas bancarias. Dinero mal habido, a cambio del presente y futuro de México y de los mexicanos.
Estados Unidos dice “no exporto gas” y nos quedamos aquí en la oscuridad total. Así, literalmente.
Esa es la herencia que deja el neoliberalismo a la presente y futuras generaciones.
Esos son los que quieren regresar a gobernar en el país.

Gobierno soberano, como lo define el doctor Jalife, es aquel que intenta recuperar lo que miserablemente empeñaron o vendieron los gobiernos neoliberales.
Es el gobierno que no permite que los recursos propiedad de la nación, sigan en remate al mejor postor.
Eso es lo que representa el cambio de régimen que impulsa la Cuarta Transformación.

Desde su llegada al gobierno, López Obrador implementó un programa de rescate energético, en el que las plantas generadoras de energía reciben acondicionamiento y mantenimiento permanente.
Hoy, son precisamente esas plantas productoras de carbón y combustóleo, las que entran en escena, para abastecer de insumos al sector eléctrico.
La intención de este gobierno es ser autosuficiente en el mediano plazo, en todo lo que tenga que ver con el bienestar de los mexicanos.
Podemos extraer y transportar el gas. Podemos extraer, refinar y transportar petróleo. Lo hemos hecho en el pasado.
Es importante entender el concepto de gobierno soberano.

Se trata de la administración pública que se compromete con sus obligaciones, en favor del bienestar de toda la sociedad.
No es un gobierno controlado y dirigido al bienestar de unos cuantos.
Es gobierno del pueblo y para el pueblo.

Tutor del patrimonio de la nación que está por encima de cualquier interés particular.
Esa es la Cuarta Transformación y el rumbo que intentan seguir otras naciones en el mundo, ante el fracaso del neoliberalismo corrupto.
Hay que apoyar esta nueva visión político-económica.

Malthus Gamba