Si los medios de comunicación no cambian, desaparecen

Debemos decir que el presidente López Obrador, por regla general, atiende asuntos de gobierno en las conferencias mañaneras y solo en casos específicos se refiere a la prensa, para señalar alguna posición personal, sobre lo que los periodistas opinan, o escriben.

En estos últimos días, son los mismos periodistas, acreditados a las conferencias mañaneras, los que colocan el tema de la prensa en la agenda del día.

Les preocupa mucho que el presidente se haya manifestado en contra de un sector de esa prensa que se dice independiente, cuando evidentemente actúa y publica en favor del bando conservador, por diversas circunstancias.
Esos periodistas y dueños de medios impresos, digitales y electrónicos defienden su posición, alegando que en realidad representan a una prensa independiente y objetiva.

Hoy, la pregunta a López Obrador fue en ese sentido.
¿Qué tipo de prensa hace falta en tiempos de la Cuarta Transformación?
La respuesta del titular del ejecutivo fue clara: “una prensa que esté comprometida con la verdad y con el cambio”.
Vamos a desarrollar un poco esta visión sobre el periodismo y los periodistas.
Primero que nada, debemos dejar en claro el hecho de que el periodismo, a nivel mundial, está en crisis. México no es una excepción y enfrenta, por tanto, el mismo problema.

Las televisoras, la radio y los grandes rotativos en el país, tienen en este momento serias dificultades económicas. Ya no se venden los espacios publicitarios como en otros tiempos. Los clientes disminuyen y las audiencias abandonan.
Las plataformas informativas, vía internet, están dominando el espacio de la comunicación.
Sobre todo, las redes sociales.

Es por eso que muchos de estos medios, adecuándose a la realidad que viven, han emigrado a las nuevas plataformas.
No hay opción. El periódico impreso, desaparecerá en el corto plazo y la televisión abierta, está dejando de ser el principal referente informativo.
Todo esto se está dando a nivel mundial.

En el caso de nuestro país, hay un elemento adicional que debilita y resta credibilidad al periodismo tradicional. La corrupción.

Buena parte de los medios de comunicación convencionales, así como de los comunicadores, analistas, reporteros y redactores, vivieron por décadas, a costa del erario federal, estatal y municipal.
La venta de publicidad a cualquier gobierno representaba el mayor porcentaje de ingresos, para las empresas.
La obediencia a la línea informativa que ordenaban esos gobiernos significaba la disposición de recursos adicionales para los periodistas.

El “chayote” fue una práctica muy extendida en nuestra prensa.
De ahí que actualmente, no gocen de credibilidad social.
Es un hecho comprobable que mucha de la desconfianza que hay actualmente, hacia la prensa tradicional, se debe a su forma poco ética de actuar.

Sin embargo, hoy que el presidente los señala por lo que han sido y son aún, se molestan y alegan que su independencia periodística está en riesgo.

¿Qué es lo que sucede realmente?

Es muy sencillo, pero poco se habla al respecto.

En México se desarrolla un periodismo de tercer mundo. Los conceptos que manejan sus integrantes son añejos, inoperantes y por lo mismo, impopulares.

El pueblo, que en realidad sí es sabio, se da cuenta que le mienten, o pretenden engañarlo. La mentalidad del ciudadano cambió, pero la del periodista tradicional sigue siendo la misma.
Aún piensa que su oficio representa al “cuarto poder”. Ése que con su crítica hacía y deshacía personalidades, instituciones y gobernantes.

Eso ya no existe. Carecen de poder social real y no imponen agendas, ni construyen o destruyen proyectos.
Vamos ahora a analizar lo que dijo al respecto el presidente el día de hoy.
En tiempos de transformación, de revolución, de cambio, todos quienes participamos en la vida pública del país, tomamos posición sobre los eventos que suceden.

De manera activa, o pasiva, la tomamos.
Hay confrontación bélica, o pacífica, como es el caso de la Cuarta Transformación, donde se juega la estabilidad, el proyecto y el futuro del país.

Esos asuntos nos conciernen a todos y no es válido decir “yo me encuentro por encima, o al margen de lo que sucede, por cuestiones laborales”.

Pretender que lo que sucede en la nación, no es de mi incumbencia, por el hecho de ser periodista, es irresponsable.
Eso es lo único que resalta el presidente. Los periodistas, de una forma u otra, toman partido al publicar.
Aquellos que lo hacen por convicción actúan honestamente, ya sea que sus preferencias estén a favor del cambio en el país, o en defensa de las políticas neoliberales, que les parecen más correctas.
Cada uno encuentra su verdad, abrevando en las aguas que le parecen más claras.
Habrá quien considere limpias las estancadas aguas conservadoras.

Otros preferirán los ríos que corren libremente y buscan todo el tiempo nuevos cauces.
Lo que no se vale, es decir, yo no tengo compromisos con alguna de las fuerzas que se encuentran empeñadas en la transformación, o en el continuismo político en el país.
Esos periodistas enmascarados que publican en favor de alguno de los grupos, haciéndose pasar por independientes.
Eso es deshonesto y poco honrado.
Eso es todo.

Para concluir, hay que resaltar algo importante que dijo López Obrador el día de hoy:
En el resiente triunfo de Morena y en la implementación del gobierno de la Cuarta Transformación, muy poco tuvieron que ver los medios de información tradicionales.

La fuerza en el combate contra la noticia la falsa, la cargada informativa en favor de los conservadores, el desmentido diario a las noticias tendenciosas corrió a cargo de las redes sociales.
Se ha dicho al respecto que la primera línea de ataque y defensa de la Cuarta Transformación está en esas benditas redes sociales. Ahí se toma partido y se defienden posiciones políticas, éticas y sociales, con todo.
Queda claro con lo dicho que, en los tiempos que estamos viviendo, son las redes sociales y el periodismo comprometido los que están escribiendo la historia, de manera abierta y honesta.
Se puede ser conservador convencido y defender las banderas de esa causa, sin problema alguno.
Lo que no se vale, es ser un sujeto pasivo, que se dice independiente, pero que en la práctica defiende una posición política particular.

El disfraz es lo que molesta. El engaño y la pretensión de respetabilidad, cuando es evidente que se miente.
Eso es lo que les maneja el presidente a los representantes del “periodismo puro”, que “dice” aplicar el presepto periodístico de “siempre contra el gobierno”, sin importar si con ello se ataca a la verdad, o si se hace causa común con la mentira y la descomposición social.

Lo único sano en todo esto, es que ese tipo de periodismo, para nada independiente, se está muriendo.

Malthus Gamba

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