Por: Rafael Redondo
@redondo_ rafa

La reunión de López Obrador y Joe Biden, que, suscitó desde antes de llevarse a cabo, una ola de críticas de la comentocracia, quienes cada vez, hacen más gala de su incapacidad intelectual, fabricando análisis, que emergen desde sus jugos gástricos, no desde sus neuronas. El motivo, haber dicho no, a su asistencia a la Cumbre de las Américas.

La realidad, les restregó su equivocación, como si se tratara de restregarles un pastel de merengue sobre la cara.

La verborrea de personajes que, durante años, se vendieron como la élite intelectual mexicana, presumiendo flamantes títulos, algunos bilingües; otros presumen, hablar más de dos lenguas. Que se presentan en La Hora de Opinar, o con Eduardo Ruiz Healy. Los que salen a cuadro levantando el meñique, para parecer más “chic” o engolando la voz, porque en su cabeza, esa es la actitud de un intelectual. Solo como breviario cultural, conocí, y vi comportarse a Gabriel García Márquez, quien sí hizo un trabajo Intelectual innegable, y jamás tuvo actitudes “mamalonas” como muchos fantoches que aparecen en los medios.

Francamente, a mí sus comentarios, no sólo ya no me interesan, sino que, me enferman. No soporto que pretendan verme la cara.

Tal parece que sus títulos o sus idiomas, los alejan del pragmatismo, y los mantienen atrapados en, el “hay que parecer”, en un ridículo juego de apariencias.

Los datos sobre la reunión binacional, los obtuve directo de la fuente. Los análisis, de la prensa francesa. No recurrí a ningún medio mexicano. Al menos, la prensa francesa, al no estar involucrada directamente en el tema, resulta imparcial.

Los medios en México, están muy viciados. Los críticos mexicanos, los de siempre, todos, están al mismo nivel intelectual de Chumel: el de un primate.

Incluso, el presidente Biden, hizo mofa de estos titulares, calificándolos de, “escandalosos”, en un reflejo de la baja credibilidad que los medios de comunicación convencionales, tienen en nuestros días. Si yo, fuera propietario de un medio de comunicación, reflexionaría aún más sobre el futuro de mi empresa, cuando líderes como el Papa Francisco, los llama incluso coprofílicos. Focos rojos para los medios de comunicación.

Los acuerdos logrados en la reunión de ambos presidentes, están enumerados en la prensa, no tiene caso repetirlos; sin embargo, hay algunos momentos, que yo resaltaría sobre el discurso y la política binacional de López Obrador:

1) Domó a la fiera: Trump, un gas inestable, parecía una nube negra que se cernía sobre México; sin embargo, AMLO logró calmar sus ímpetus e incluso, llevar una relación de simpatía, pese a que política o ideológicamente, no existe ningún punto de encuentro entre Donald Trump y Andrés Manuel López Obrador. Quien diga lo contrario, o no ha entendido a López Obrador, u opina con las tripas.

2) Congruencia: López Obrador, se sabe excelente político, y sabe también, del papel de México en Latinoamérica. Tan lo sabe, que ha volteado hacia el sur. No asistir a la Cumbre de las Américas, era una obligación para AMLO y parece que Biden, lo entendió muy bien.
Si Zuckermann, Dresser, Lozano, De Icaza, Calderón, Kenia, la Coparmex, no lo entendieron, es que ellos, ni saben de política como tanto alardean, ni ocuparán jamás un puesto del que dependa el destino de México. Eso, está más que claro.

3) Hombre de su tiempo: Michael Hudson, es un economista estadounidense, profesor de economía en la Universidad de Misuri en Kansas City e investigador en el Levy Economics Institute en el Bard College. Se ha convertido en tiempo reciente, desde el inicio del conflicto en Ucrania, en un referente del futuro de la civilización, crítico de la Democracia Liberal, de quien dice, se ha convertido en un eufemismo. Crítico del Neoliberalismo. Su posición, coincide con la visión central del pensamiento de López Obrador: las élites se resisten a la creación de gobiernos civiles suficientemente fuertes.

A continuación, el link del reciente discurso de Michael Hudson en China:

Michael Hudson : La fin de la civilisation occidentale

4) Dignidad y visión: hay dos momentos del discurso de López Obrador, que, claro, los críticos no detectaron, porque no hacen análisis, salen a cuadro o escriben sus editoriales, poniéndose los zapatos de Paty Chapoy: hacer gossip, no periodismo, no están haciendo análisis.

* Cuando habló de que China, se pensaba, era fábrica del mundo. Y concluyó, “cada país debe ser capaz de proveerse de sus necesidades básicas”.

En el mundo globalizado, se planteaba la interdependencia, los trueques entre las naciones. En el papel, suena genial. En la realidad, dado que las relaciones internacionales se rigen por la Ley de la Selva, y las amistades duran, mientras el amigo te sea útil, AMLO está planteando la autosuficiencia, la introspección, velar primero, por los intereses nacionales.

Si alguien, todavía cree en las bondades de la globalización, ese alguien, ¿podría explicarme entonces porque Europa, hoy, se acerca poco a poco a un invierno devastador?

AMLO, sin necesidad de hablar inglés, le fue a hablar de autosuficiencia de las naciones, al país bandera de la globalización, y en su propia casa.

* Con todas sus letras, le dijo a Biden: “integración, no significa hegemonía, ni sometimiento”.

Por primera vez, un presidente de México no se baja los calzones frente a la potencia. Una relación de respeto, no es sometimiento ni pleitesía; por primera vez, veo dignidad, en un primer mandatario mexicano.

A mí, poco me importan las voces Chumel, la falsa inteligencia mexicana, los pusilánimes horrorizados por lo diferente, los que hablan inglés (muchos de ellos lo hablan fatal, por cierto). A quienes su condición de bilingües, no los ha rescatado de los tropezones que les provoca López Obrador, sacándolos de su zona de confort, un día sí y otro también. ¿De qué inteligencia me hablan, cuando cualquier diferencia los descontrola? ¿qué conciben como inteligencia?, ¿qué persona realmente inteligente, se fija más en retazos visuales (fotos o vídeos fuera de contexto), en la indumentaria, que la relevancia de un encuentro con el país del norte?

No es necesario hablar inglés, ni un título del MIT, cuando la naturaleza no te dotó de una capacidad política extraordinaria, como sí lo hizo con López Obrador.

Al exigir al presidente que hable inglés y pasando por alto que Biden no hable español, lo que leo en la comentocracia mexicana, es un malinchismo anacrónico, es no haber superado la conquista después de 500 años. Y saber decir en inglés, “pollito chicken, gallina hen”, no es hablar inglés. ¿Puedes leer a Shakespeare en la lengua original?

Por Columnas

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