Rescatando al empresario

Son un millón de créditos de 25,000 pesos los que ya tiene listos el gobierno federal para micro, pequeñas y medianas industrias.
Los grandes empresarios están tratando de no pagar 50 mil millones de pesos de ganancias que YA obtuvieron. Eso alcanzaría para duplicar aquel apoyo.

Hay 51.5 millones de beneficiarios de programas de apoyo social. El gobierno da empleo a 4 millones de personas que significa seguridad económica, social y de servicios, de unos 16 millones de personas. 12.5 millones de personas son trabajadores por cuenta propia.
Mientras que en 1976 las remuneraciones de los trabajadores asalariados fueron equivalentes al 40.2% del PIB, para 2017 apenas alcanzaron a ser el 26.2% ¿A dónde fue a dar el resto? ¡Adivinaron! A los bolsillos del voraz grupo más encumbrado de empresarios.

Cuando digo “grupo más encumbrado de empresarios”, se sobreentiende que no me refiero a la mediana, pequeña y micro industria.
Resulta que, en el periodo neoliberal, cada tragedia, fuera sismo, huracán, epidemia u otra cualquiera, se echaba a andar un simpático manual operativo: una recolección de donaciones de la gente solidaria y de buen corazón que no llegaban a su destino. Recepción de donaciones del extranjero, que tampoco llegaban a su destino. Se echaba mano de los recursos del fondo de desastres y se repartía a manos llenas entre empresarios amigos del gobierno. Una buena parte desaparecía también. Luego se pedían préstamos colosales en el extranjero y se procedía de la misma forma, bajo la figura de “rescate de las empresas y reactivación económica” y ¡ámonos! Al bolsillo también.

Ahora, los evasores, los ladrones, los corruptos, están sorprendidísimos de que esté ocurriendo aquello por lo que votamos: que se termine ese pillaje. Muy gallitos, los grandes empresarios, amenazan con no pagar impuestos, pero ¿cuándo los han pagado? Han vivido entre condonaciones, rescates, evasiones, dobles facturaciones y “outsourcing” estafando al conjunto de la sociedad. Sus trabajadores no, porque ¿qué creen? Les “retienen” los impuestos que, supuestamente, ellos se encargan de entregar a la federación. Solo que no siempre lo hacen, ni lo hacen completo.

Dicen que dan empleos, pero ya hemos explicado aquí que ese eufemismo se usa en lugar de la más exacta frase: se adueñan del producto del trabajo de sus empleados. No “dan empleos” por ser buenas personas caritativas, como quieren hacer creer, sino para obtener más ganancias. Y mientras menos puedan pagar al trabajador que produce esas ganancias, mientras menos prestaciones puedan dar, mientras más puedan evadir soltar un centavo, mejor para ellos.

Ahora tienen el descaro de decir que el gobierno quiere su solidaridad sin dar nada a cambio ¿Qué más quieren? ¡Se han quedado con todo!
Pero olvidemos los “intercambios de favores”, vamos a las obligaciones simples y concretas. Constitucionales. Paguen sus impuestos y vamos a revisar que estén actuando conforme a las regulaciones, exactamente como se hace en esos países que ellos tanto admiran. Ya parece que en Europa occidental, Asia oriental o los dos países al norte del nuestro, iban a poder operar tan al margen de las regulaciones laborales, fiscales, ambientales, de salubridad, de seguridad, etcétera. Ya habrían pagado multimillonarias multas y les habrían cerrado.

Es curioso que entes como la Coca Cola, estén justo en el centro de estos debates. Se han apropiado de los campos vainilleros, que son más redituables por hectárea que la coca o la amapola, se han apropiado de mantos acuíferos, han enfermado con su veneno a la población y ahora, nuestra tasa de mortandad está dominada por la obesidad y la diabetes, con Covid o no. Han puesto a una marioneta como presidente del país (2000-2006) y, ahora, se atreven a insinuar que el presidente más querido del país en ochenta años debiera renunciar. Para que ellos sigan explotando al país. México no necesita a la cocacola, la cocacola necesita a México, es su país líder en venta por habitante, el único en el que no paga impuestos, en donde está su vainilla. Amenazan con irse, bueno, pues eso sería una bendición para México. Y sus empleados que ni se preocupen, aquí hay mucho qué hacer.

Bueno, nietecitos, quédense en casa si no tienen algo urgente qué hacer. Los quiero.