Los ataques de la oposición contra el gobierno de la 4ª transformación, y específicamente contra el Presidente de la República, nos recuerdan las obras de Calderón y Peña Nieto, en las que se hacían fachadas y bardas para inaugurarse sin que existiera nada detrás, ni el hospital, ni la refinería, ni nada, solo fachadas.

Todos los días, sin excepción, los mismos monigotes publican mensajes en redes sociales acusando al Presidente de estar coludido con el crimen organizado, de ser corrupto, de tener nexos familiares con los delincuentes y más. Siempre son los mismos y siempre publican algo similar.

Desde el principio de este sexenio se han cansado de exigir su renuncia, pero cuando han tenido la oportunidad de hacerlo legalmente, han decidido no actuar. Así sucedió con la consulta para que el mandatario tuviera que renunciar, en la que la oposición promovió que la gente no fuera a votar, en un acto que parece demencial cuando votando lo podrían haber quitado.

En ese evento se requerían muchos millones de votos para que AMLO tuviera legalmente que renunciar, pero él mismo ofreció que si se recibían más votos a favor de su dimisión que en contra, sin importar la cantidad, él se iba. Pues ni así se animaron a ir a votar.

Sin embargo, después de esa consulta siguieron, hasta la fecha, con insultos, exigencias de que renuncie y acusaciones ridículas de una supuesta colusión del gobierno con el crimen organizado, que en realidad son ellos y si existiera tal colusión no estarían tan enojados.

Pero otra vez tomándoles la palabra, el Presidente López Obrador se puso en bandeja de plata para que la oposición lo sacrifique a placer. A todos éstos peleles calumniadores les ofreció renunciar, con la única condición de que presentaran una sola prueba de lo que repiten cada día. Con una sola prueba de que él tiene algún acuerdo con la delincuencia el presidente se va.

Parecería increíble que otra vez dejaran pasar su oportunidad para obligarlo a dejar la presidencia. Si todos estos autodenominados periodistas, intelectuales o líderes de opinión afirman algo, se supone que lo hacen con las pruebas suficientes para respaldar sus afirmaciones, pero hasta el momento no han podido presentar una sola que los libre de la que consideran una tan desagradable presencia al frente del Poder Ejecutivo. Ni una.

No sabemos si están esperando el momento que consideren más conveniente para hacerlo, o si están esperando instrucciones de quien les paga para escribir mensajes ridículos, o si simplemente las pruebas no existen, con lo que se confirma que no son ni periodistas, ni intelectuales, ni líderes de opinión, sino un hato de bípedos implumes haciendo escándalo para proveer al que los alquila de algo de catarsis tercerizada.

Por lo visto su actividad se concreta a inaugurar fachadas de información basura que no tienen nada atrás para justificar su existencia. Como siempre con estos farsantes, no se puede creer nada de lo que dicen porque se trata de venta de humo.

Y mientras ellos y sus patrones se ocupan en desperdiciar su tiempo y dinero fabricando historias que se diluyen en unos cuantos segundos, el trabajo del gobierno mantiene la aprobación del Presidente subiendo en los últimos 2 años, según las tendencias publicadas por la empresa estadounidense Morning Consult, manteniéndose en 2º lugar mundial entre los 22 líderes evaluados por esta consultora, solo por debajo del primer ministro Modi de la India, rondando en niveles de 70%.

Tienen suerte de que sea López Obrador a quien calumnian, porque casi cualquier otro ya los tendría contra la pared en un proceso judicial respondiendo por sus mentiras dolosas y deleznables.

Como dijo el poeta inglés Alexander Pope: “El que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera”.

Por Erika